Desregulación: ¿tumba del capitalismo y de los países?

27 de mayo del 2013

Desregulación: ¿tumba del capitalismo y de los países? / Columna de Alberto Muñoz Vargas.

Tercamente, nuestros gobernantes siguen apostando a los TLC y a pactos como la Alianza Pacífico. Nada los desmonta de esa terquedad. Ni siquiera la evidencia de la disfuncionalidad del orden económico en que se sostienen: la lógica deshumanizadora según la cual, el pez grande se come al chico. Ni siquiera la vocación suicida que el propio capitalismo actual ha auto desarrollado (y que muchos de sus propios líderes mundiales piden revisar). De ahí la no renuncia de este espacio de opinión a insistir en la temática. El lector perdonará.

Lo peor es que las élites del conocimiento, con su silencio o su complacencia, nada que asumen su papel de correr velos y desnudar verdades. Nada que se indignan ante la avalancha de propaganda y de unanimidad desplegadas, aprovechando la falta de conocimiento del ciudadano común. Nada que los mueve tan siquiera la inminencia del riesgo en que la desbocada práctica económica ha puesto la propia supervivencia del planeta.

Quizá el absurdo más grande de la demencia en que ha caído el capitalismo radica en el embeleco de aniquilar al Estado. Quitándole su función rectora para alcanzar el desarrollo de las sociedades, convenció a todos de que él se encargaba del asunto. A poco andar, se evidenció la equivocación. Él, creciendo desmedidamente, a través de las formas más impensables de negocio: todo convertido en consumismo. En pos de ese crecimiento irracional, nada importó enrumbarse hacia su propio aniquilamiento. Mucho menos la destrucción del capital humano, el social y el natural.

El verdadero quiebre de la historia contemporánea estaría en que una de las conquistas más difíciles de la civilización como es la implantación de la figura ordenadora del Estado, por capricho del modelo económico imperante, vaya a desaparecer. La trampa de marchitarle su función reguladora, con la mentira de que de tal función se encargaría el propio mercado, resultó cavando la tumba de las sociedades y de los países.

Sin reparar en consecuencias, aquiescentes con el modelo, los políticos de hoy dieron cuenta de la estatura de su condición de líderes, y de los cortos alcances de su visión. En ese trance, no se percataron (todavía no lo hacen) del riesgo mayor, convertido hoy ya en realidad: la economía tomó el lugar de la política. Dicho de otra manera: el poder económico se ubicó por encima del poder político y lo suplantó. Para entretenerlo, le dejó algún margen de acción en el manejo sectorial, bueno o malo, de los recursos públicos. Los políticos nuestros con eso se contentan.

En el contexto colombiano actual, mientras en el gran océano de discusiones nacionales no se identifique a la economía como la madre de nuestra problemática, seguiremos frustrando vidas y derrochando fuerzas y recursos. Obliga hacer un pare ante la avalancha diaria de problemas de toda índole. El ejercicio nos dirá que muchos de ellos son producto de la orientación y del manejo de tal actividad. Hay que ir por la institucionalidad fuerte que nunca hemos tenido y la puesta al día de la función reguladora del Estado, que en aras del venturoso modelo se echó por el caño. Para que la inclusión social y la supervivencia (ya hoy determinada por el respeto a la naturaleza) dejen de ser la ‘mamadera de gallo’ de siempre, hay que dar un vuelco en muchas prácticas. Empezando por la exigencia que a los candidatos a los cargos de dirección estatal de elección popular les hagamos sobre estas materias. Tal exigencia debe constituirse en propósito nacional.

Ya se sabe que entre los aspirantes conocidos a la presidencia de la República en el próximo cuatrienio la economía seguirá, como dice una balada popular de comienzos de la década del 70 ‘su rumbo ya trazado’. Cómo será el estado de conciencia reinante que ni siquiera para promotores ni opositores de ocasión, la paz del país pasa por esta revisión. La sensatez indica que inclusive por fuera de la negociación con las FARC, el cambio del modelo económico debe ser abordado.

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