¡Qué hermosura por Dios bendito!

10 de diciembre del 2018

Las calles de Quimbaya adornadas por faroles.

¡Qué hermosura por Dios bendito!

Es pura magia lo que se vive en Quimbaya cada año cuando sus calles se llenan de faroles durante las noches del siete y ocho de diciembre. Para este año el viernes siete la lluvia no permitió que los faroles se pudieran instalar pero el sábado siguiente se vieron en todo su esplendor. Esta celebración religiosa se ha convertido en un evento cultural de gran importancia y en un atractivo turístico de talla mayor. El motivo es iluminar a la Virgen.

En este bello rincón de Colombia, la tradicional noche de las velitas se transforma en una fiesta que lleva a sus pobladores a volverse, año tras año, mejores amigos, mejores ciudadanos, mejores colombianos y los mejores artesanos del mundo en la fabricación de faroles. De agosto hasta comienzos de diciembre planean, diseñan, dibujan, recortan, pegan faroles durante horas y horas robadas al sueño luego del agotador día de trabajo, de estudio, de ordenar la casa -siempre acogedora y limpia-, de cuidar los niños y ancianos, de ocuparse de sus vecinos y amigos, de atender a los visitantes con tanto cariño y de tantas cosas que hace a diario “la gente simple, la que se da por entero y no tiene intermediarios, la que comparte conmigo el respeto a los milagros”, como lo canta Facundo Cabral.

Estando en Quimbaya, escucho al cuentero Lagar: “Muchachos y muchachas, esta historia inicia en 1854 cuando estaba el papa Pio IX encargado del Vaticano y se encontró con una situación bien tremenda porque unos personajes comenzaron a decir:

– Señoras y señores…¡pilas! Que la Virgen no es inmaculada y tenemos que ponernos en la jugada porque nos están metiendo gato por liebre.

El catolicismo, entonces, se asustó todo:

-¿Cómo así que la Virgen no es inmaculada?, y empezaron a acosar al papa…”

El papa comenzó a indagar en su biblioteca para encontrar pruebas de la inmaculada concepción de la Virgen y una noche “la gente se empezó a meter a esa plaza que hay en el Vaticano y llega el man ese y piensa: Hummm… ¿qué vamos a hacer con toda esa gente? y la gente: ¡Papa, quihubo, ¿qué pasó? ¿la
Virgen es inmaculada o no?

En esas y en las otras, el ocho de diciembre de 1854, estando la gente así toda preocupada, llegaron y encendieron velas y alguien dijo:

-Oigan, vengan, vengan. Vamos a iluminar al Papa. Prendamos luces para que encuentre los folios que digan que sí, que la Virgen es inmaculada.

Y comienza todo el mundo a prender una vela aquí, otra allá y era todo ese parque, toda esa plaza llena de gente con velas encendidas y a eso de las ocho, las nueve, las diez llega el papa y dice:

-Ábranme las puertas.

Y llega el hombre y dice:

-De acuerdo a esto y lo otro ¡La Virgen es Inmaculada!

Y todo el mundo:

-¡Ah! ¡Qué berraquera papa!

Y las velas encendidas…

Desde 1854 los católicos siguen la tradición de la noche de las velitas. Nos cuenta Lagar que inicialmente era el ocho y luego se cambió al siete y que en Quindío se colocaban velas y farolitos en las aceras, en las fachadas, en arcos de guadua hasta 1981 cuando “llegó una familia de Quimbaya lamentándose:

-Ya se llega el siete y el ocho de diciembre y las velas se apagan tan rápido… Qué tristeza.

Una noche la señora Maldonado les mostró unos faroles con forma de abanicos en papel blanco y azul que son los colores de la Virgen de la Inmaculada Concepción, y entusiasmó a los vecinos a fabricar faroles. El 7 de diciembre de 1981 todo el barrio Sierra Ochoa se iluminó con faroles.

¡Ay! Venga que el alumbrado por aquí, que el alumbrado por allá, y la gente diciendo:

-¿Vos ya fuiste a ver ese alumbrado tan hermoso que hay en el Sierra Ochoa?, Eso está una hermosura, eso hicieron dizque unos faroles…no. Andá, andá para que veas hombre.

Eso fue toda una romería y llegaron los del Club de Jardinería y exclamaron:

-Qué hermosura por Dios Bendito eso.

Así nació el Festival de Velas y Faroles de Quimbaya. En 1982 fueron treinta cuadras, para el 83, cincuenta, para el 84… y para este año fueron cerca de trescientas cuadras las que participaron. La Alcaldía otorga unos premios y estuve de jurado junto a la fotógrafa Olga Lucia Jordán, la actriz Nórida Rodríguez, la ejecutiva Ángela María Zuluaga, el historiador Marcos González, el actor Toto
Vega, el antropólogo mexicano Luis Javier Castellanos y el Subsecretario de Cultura de la Alcaldía Arbey Cortez.

Fuimos invitados por el joven alcalde Jaime Andrés Pérez Cotrino, la Subsecretaria de Turismo Valentina Buriticá, la Subsecretaria de Hacienda, María Edilia Ruíz y la Directora del Festival Nini
Johana Ospina. Allá fuimos atendidos con esa cordialidad tan propia de los quindianos.

En la tarima de premiación le pedí al Subsecretario de Cultura su opinión acerca de la economía naranja. Me comentó algunas de sus inquietudes concluyendo:

-No todo es negocio en la cultura.

En discusiones con los amigos del jurado se coincidía en eso pero para para mis adentros pensaba:
¿Y si lo fuera? ¿Entonces por qué no asistió nadie del Ministerio de Cultura ni de ninguno de los otros ministerios a los que les concierne ese tema que son casi todos? Recordemos que el gobierno tiene a la Economía Naranja como uno de los pilares dentro de su estructura para una positiva transformación del país con generación de progreso, empleo, equidad y bla, bla, bla…

¿Y por qué ni un mensaje del presidente Duque?

Propongo que se conforme ya un equipo de trabajo que estudie el potencial económico y turístico de este evento y de su producción artesanal para convertirlos en modelo dentro de la economía Naranja aplicable a las regiones.

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