Dicen que Santos…

11 de febrero del 2011

La violencia no ha sido al menos hasta ahora al menos en Colombia al menos en los últimos siglos eficiente para resolver problemas ni para construir relaciones humanas o ayudar a la economía o a la organización de las comunidades… mejor dicho, pensándolo bien, nunca ha servido para nada bueno al menos que yo sepa. Todo lo que hace más que malo, es peor. Por los caminos de la vida de cada colombiano hay violencias, empujones gritos trompadas palos insultos matazones ausencias forzadas torturas, en el hogar y el colegio en los sitios de trabajo y de diversión en las esquinas en los bares en los clubes en los campos de fútbol en los nidos de amor y de odio en las urbes en la selva. La vida en Colombia es danza de muertes y de heridas y de ofensas y hasta de terror, a la par de las alegrías y del sosiego y de la brega por la vida, lo bueno y lo malo de este mundo.

Los campos de batalla de Colombia están a lo largo del recorrido entre la cuna y el cementerio. El tramo de viaje de la juventud se atraviesa por la cuerda floja, abismo a lado y lado. Así es el recorrido que les toca a las mujeres bajo los tormentos del machismo como el de los niños por cuenta de los abusadores como el de los campesinos por el abandono.

Eso se lee en libros y relatos del pasado y el presente que cuentan historias de verdad y lo explican los que investigan los tejidos y los sucesosde la sociedad y se ve con los propios ojos en vivo y en directo o lo muestran en la tv o lo transmiten por la radio y se escucha en los dejos de las canciones populares, en la poesía, sale por los entresijos de las comunidades que chorrean despechos y rabias y asombro a veces pánico, resentidos de las heridasy del daño moral, huellas que dejan para siempre los atropellos en los corazones y en las esperanzas, en las fortunas y las desgracias, en la piel y en “el coco” y en las manera de relacionarse las personas y las familias y los grupos humanos. Maltratos y resentimientos saturados de venganzas pendientes y desconfianza.

La violencia es plaga que esteriliza y destruye la tierra donde está Colombia desde cuando apareció en los mapas, aunque debe reconocerse el milagro de levantarse a diario por las mañanas y avanzar sobre sus ruinas físicas y morales sin dejarse abatir. Las cosas que logra hacer bien hechas este país son prodigios que de todas maneras resultan en medio del asalto a mano armada que hace parte del paisaje. La fatalidad, el destino de tragedia parece que fueran irremisibles en esta sociedad como el optimismo y las ganas de sacar la cabeza.

No es literatura aunque acepto que no he traído a esta lectura la verdad exacta de las estadísticas. A la orgía de sangre no la describen bien las estadísticas ni los números son suficientes para afirmar lo que todo el mundo sabe en Colombia porque lo padece en carne propia. Describir lo que es capaz de hacer con la violencia el colombiano es describir horrores… verdaderos horrores… Tal vez se hicieron cosas parecidas en Los Balcanes en los noventas o en los dominios de Hitler en los cuarentas o en la China de los treintas o en la Camboya de los setentas…horrores… horrores… no valen sismatiquerías… verdaderos horrores…

Para dónde voy con este relato… les cuento… nunca he creído las mentiras de políticos y Generales que prometen tener la valentía el arrojo la determinación la malicia la excelencia de acabar con las violencias a punta de plomo gritos y carcelazos… sé que se aprovechan y no salen con nada… saben que el cuento cala en la desesperación de la gente: “por fin llegó el guapo que va a poner orden como sea… duro con el garrote que es lo único que respetan los sinvergüenzas”…siempre la misma historia…discursos grandilocuentes teatrales y los consiguientes tributos en dosis de emergencia para armarse uniformarse aerotransportarse para enganchar personal en masa para pagar sobresueldos y recompensas…hasta para cometer arbitrariedades y al fin nada y hasta peor… más violencia…

La cosa es más compleja y  más cuesta arriba… esta matadera será de nunca acabar mientras sigan cerradas las inteligencias a la profundización del conocimiento y del aprendizaje del problema. La solución de la violencia no digo que sea cuestión de académicos pero tampoco es de matones. Ojalá fuera tan simplista como son los extremos.

Lástima que quienes han intentado caminos de diálogo hayan fracasado. Actuaron con las ganas pero sin poner la enjundia que el asunto amerita. Improvisaron su envión convencidos de que la cuestión era mogolla. Lo cierto hasta hoy es que tanto los de armas tomar como los del diálogo fracasaron. A estas alturas los alebrestados después de ocho años incendiaron desde el Estado los ánimos y los espacios de la nación y luego de haber caído en la monstruosidad de los “falsos positivos” y otras yerbas venenosas y de haber botado por las ventanas de los ventorrillos de armas billones de pesos en el aspaviento de la “Seguridad Democrática”, parece que le llegó el turno otra vez al diálogo. La cosa funciona así… de turno en turno van  y vienen el plomo y la sentada a conversar…

Dicen que Santos está en contacto con las guerrillas para poner a andar otro intento de paz dialogada. Me alegra y lo felicito y si de algo sirve lo apoyo desde mi oposición solitaria en el liberalismo. No es “Santos” de mi devoción pero no me importa. Que le vaya bien y que siga adelante sin titubeos…que ponga cerebro y aguante en vez de pantalla y ambición…que se juegue con tal que salgamos de este horror…

No quiere decir que cambio mi punto de vista sobre lo deplorable que me parece la política de la traición. Los políticos ganan elecciones con mentiras y luego hacen con el poder cosas de las que ni hablaron ni nadie imaginó. El cuento por el que votó la gente desaparece sepultado por otro cuento por el que la gente nunca hubiera votado… la política colombiana funciona por la lógica torcida del engaño… qué se le va a hacer… por lo pronto mientras haya paz, lo que ha de ser que sea…

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