Dicken Castro

23 de septiembre del 2012

Sin duda, la música logra llegar más cerca de los corazones y la medicina nos conecta con la vida. Tal vez por eso esta semana en que la Universidad Nacional decidió otorgarle doctorados honoris causa a cuatro destacados hijos de ese alma máter, las notas de prensa que salieron sobre el asunto se enfocaron en […]

Sin duda, la música logra llegar más cerca de los corazones y la medicina nos conecta con la vida. Tal vez por eso esta semana en que la Universidad Nacional decidió otorgarle doctorados honoris causa a cuatro destacados hijos de ese alma máter, las notas de prensa que salieron sobre el asunto se enfocaron en el carranguero Jorge Velosa y el genetista Emilio Yunis. Me parece bien. Son colombianos destacados y reconocidos mundialmente, pero creo que hizo falta hacerle justicia al que, para mí, es el más brillante de los elegidos por el Consejo  Superior Universitario: el arquitecto Dicken Castro.

No les voy a mentir, este gran diseñador, fotógrafo, dibujante, pintor e investigador ha estado presente en gran parte de nuestras vidas sin que lo sepamos. Es más, ningún colombiano puede negar su conocimiento de la obra de Dicken Castro o al menos de alguno de los diseños desarrollados por él. A Dicken todos lo llevamos en el bolsillo: las viejas monedas de 200 y 500 pesos son el resultado de un diseño suyo que ganó el concurso hecho por el Banco de la República en 1994 para definir la cara de las entonces nuevas piezas numismáticas.

Pero no sólo es su contribución al mundo monetario la que hace grande a Dicken Castro. Su trabajo como diseñador gráfico, del cual fue uno de los precursores en el país, es mucho más importante que el que hizo con las monedas.

Recién regresó de Estados Unidos, en donde hizo su posgrado en arquitectura y trabajó en algunas firmas de arquitectos, nuestro genio estableció la primera oficina en Colombia dedicada ciento por ciento al diseño gráfico. En este trabajo mezclaba su saber como dibujante a la interpretación de los objetivos de las empresas que le hacían los encargos. De esta manera, de su puño nacieron imágenes imborrables para la memoria de los colombianos.

Colsubsidio, la Fundación FES, Vecol, Ospinas y Compañía, son apenas algunas de las empresas que consolidaron su imagen a través de los logosímbolos creados por Dicken Castro. Todos eran logos muy sencillos, casi básicos, pero llenos de significado. De hecho, es legendaria la imagen que creó para representar a la caja de compensación familiar Colsubsidio con su triángulo de seis flechas: las tres gruesas que apuntan al centro, punto donde nacen las otras tres que apuntan hacia afuera. Sin duda, la mejor representación del concepto “todos aportan para que todos aprovechen,” es decir la idea de una caja de compensación.

Quién sabe a qué brillante cabeza del siglo XXI se le ocurrió eliminar el viejo logo que durante 40 años identificó a Colsubsidio. De un plumazo borraron una imagen con la que muchos colombianos se identificaban, solo para presentar al muy original concepto de un tangram, es decir, un logo que ni es logo porque antes que eso es un juego japonés con el que se forman imágenes de todo tipo. ¡Impresionante!

No debemos olvidar destacar la faceta de arquitecto de Dicken Castro. Su firma no sólo está detrás de emblemáticos edificios de la capital, como la Plaza de Mercado de Paloquemao o el teatro del Club los Lagartos. También fue uno de los primeros en experimentar con la guadua como material para la construcción, una idea que hoy se le atribuye principalmente a Simón Vélez, pero de la cual su verdadero precursor fue Dicken.

Dicken Castro ya cumplió 90 años y merece más homenajes. A Veloza y a Yunis les queda aún mucho tiempo y mucho por hacer, en cambio a Dicken debemos decirle hoy, mientras aún siga con vida y bien de salud, ¡Gracias, maestro!

@colombiascopio
juanpablocalvas@gmail.com

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