Disidencia combativa y ¿revolucionaria?

11 de julio del 2016

Los más gobiernistas, como Roy Barreras, nos tranquilizan con el cuento de que las disidencias.

La semana pasada nos enteramos que el Frente Primero de las Farc se declaró en disidencia, desconociendo los acuerdos a que se ha llegado en la mesa de negociaciones de La Habana. En su comunicado los rebeldes explican que no están de acuerdo porque las negociaciones no han tocado, según ellos, temas estructurales para la transformación de la sociedad contra la que han luchado más de medio siglo. En otras palabras, no van a entregar las armas, ni van a respetar el cese bilateral del fuego, pero sí van a seguir su “lucha revolucionaria”.

Otra cosa dicen desde la Habana. Los negociadores de la guerrilla mediante un comunicado aceptan que ese frente está en disidencia pero informan al país que no por razones de principios sino porque ha sido cooptado por la mafia y su único interés es defender los negocios del narcotráfico que administran desde el Guaviare.

Sinceramente, esta vez no esperaba que los obstáculos surgieran del lado de las Farc. Muy por el contrario, estaba a la expectativa de algún acto de sabotaje de la derecha y de mucha resistencia “civil” como la emprendida por el ex presidente Uribe, vía firmas. Y es que en estos ya cuatro años de negociaciones se había mostrado una estructura guerrillera muy sólida, inclusive logrando llevar a dirigentes muy radicales como el Paisa, comandante de la Columna Teófilo Forero y Joaquín Gómez, uno de los más duros del Secretariado, a sentarse en la mesa para colaborar con las negociaciones.

Pero apareció el tal frente y dijo que no le jala más a este proceso con el argumento, entre muchos otros, que las veredas de concentración serán como cárceles a cielo abierto. Como si fuera poco, el Procurador asegura, que el frente séptimo también entrará en disidencia y lo dice casi frotándose las manos por la felicidad que le produce que se dañe esta larga y cuidadosa negociación.

Los más gobiernistas, como Roy Barreras, nos tranquilizan con el cuento de que las disidencias son de apenas unos pocos combatientes, como trescientos en cada uno de los frentes mencionados, primero y séptimo. Era de esperarse, dice Roy, pero todo sigue muy bien en Cuba.

Sin embargo, el domingo, ya se produjo un combate entre el ejército y las Farc y esto podría ser el comienzo de una escalada guerrerista propiciada por las disidencias, lo que generaría un clima de desconfianza que era una de las cosas más positivas que se habían logrado con el cese al fuego. Es decir la disidencia, sea de principios revolucionarios o sea por negocios, es de un grupo reconocido como de las Farc, que opera en un territorio histórico de las Farc y que se alimenta con los negocios que han sido de las Farc. Eso no es algo a menospreciar, sino un duro escollo para la “paz querida”.

A los disidentes hay que tomarlos en serio, son un problema que se pueda despreciar. Deben, por el contrario, suscitar una muy profunda reflexión en la dirigencia guerrillera porque ellos, los del frente Primero y posiblemente los del Séptimo son producto de esa amalgama de combate, revolución y negocios en los que se ha ido metiendo la guerrilla y esta es la cuenta de cobro que pasa la incoherencia.

Tampoco parece prudente que Santos salga a hacer alarde de fuerza y con voz amenazante advertir que les espera la cárcel o la muerte. Esas son bravuconadas que le hacen más daño al proceso que a los rebeldes. Lo que se viene debe servir para que en la mesa se tomen muy en serio lo de la pedagogía de la paz, aceleren la concentración para dar menos margen a que otros caigan en cuenta que lo que entregan no son las armas, sino un negocio muy lucrativo y que por esos miles de dólares cualquiera deja de ser revolucionario y sigue combatiendo.

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