Distorsión de la realidad

26 de marzo del 2019

Opinión de Carlos Salas

Distorsión de la realidad

Pareciera que un virus ha venido atacando a una parte de la población en esta región del mundo y muy especialmente en Colombia y Venezuela, cuyo síntoma más notorio es una grave distorsión de la realidad. Lo vemos expandirse entre políticos, magistrados, ex guerrilleros, educadores, estudiantes y hasta en comunidades enteras.

Buscando información sobre este asunto me encontré con el artículo  “Psicosis, distorsión con la realidad” escrito por Jorge E. León Pineda para El Tiempo en mayo de 1999, en donde dice:

“Probablemente usted se ha encontrado alguna vez en la vida con alguien que no logra diferenciar lo que ocurre en la realidad, o que delira y dice cosas incoherentes. Sin duda llegó a pensar que esa persona había perdido el juicio, que estaba borracha, drogada o simplemente, que se había enloquecido. Es como si hubiera tenido un sueño, lo diera por cierto y empezara a vivir en él.”

Coincide la fecha del artículo con la llegada al poder en Venezuela de un mentiroso compulsivo de apellido Chávez quien, sin inmutarse, decía cuanta locura se le venía a la cabeza como atacado por el extraño virus. Los venezolanos no sabían lo que les esperaba y dejaron que el virus comenzara a propagarse entre los seguidores de ese nefasto personaje.

Este virus, como cualquier otro, no sabía de fronteras y mostró su virulencia en el país vecino, diez años después, en un oscuro personaje de apellido Santos que tenía muy bien guardada su relación con Chávez, en el que los síntomas se vieron claramente exteriorizados cuando llegó a la presidencia a punta de engaños y de un impulso a mentir propio de los síntomas del maldito virus, haciendo de su campo de realidad uno muy diferente al del común de los mortales.

No supimos comprender a tiempo que esos dos personajes no eran simplemente unos mentirosos sino que padecían de graves trastornos psicóticos. “Son personas que tienen un problema médico y que presentan una disfunción biológica, la cual se dispara por la incidencia de factores sociales”, dice Pineda en su artículo. En lugar de llevarlos a la presidencia, agravando los síntomas y las posibilidades de que se propagara el virus entre sus cercanos, debieron ser internados en una clínica para enfermos mentales.

Pero lo más grave del asunto es que el virus que los convertiría en unos seres despreciables que se creían con el pleno derecho de hacer lo que les venía en gana, fue atacando a sus seguidores y se sigue propagando entre ellos de manera dramática. Lo vemos en un Maduro que se ha podido sostener en el poder debido a que su campo de distorsión de la realidad lo comparte con sus seguidores y con uno que otro mandatario que muestran los mismos síntomas. En Colombia el virus se fue propagando, durante los ocho años de Santos en el poder, con tanta fuerza que ya podemos ver como, desde su distorsionado campo de la realidad, hay grupos que están convencidos de poder hacer lo que les venga en gana apoyados por ciertos políticos y hasta por algunos magistrados.

Por ejemplo, si a un grupo de personas les da la gana de cerrar una de las vías más importantes del país lo hacen seguros de que nadie se los impedirá y que saldrán premiados de una manera o de otra. Habrá quienes los verán como héroes y los visitarán para aplaudirlos en directo. Ninguna consideración a los derechos de los otros, a quienes no reconocen como sus compatriotas, los haría reflexionar y hacerlos conscientes del inmenso daño que causan. Eso les tiene sin cuidado.

La distorsión de la realidad que viven muchos acá y en Venezuela es debida a una especie de anarquía imaginaria en donde ni el Estado, ni Duque o Guaidó existen. No les importa la realidad sino las invenciones que cultivan en sus mentes febriles con las que hacen  del mundo el lugar en el que sus quimeras son tan reales como irreales lo son para nosotros.

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