Las deudas que ahogan las ganas de estudiar

12 de septiembre del 2013

“La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en una médica, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación”, apunta […]

“La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en una médica, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación”, apunta Nelson Mandela en su autobiografía titulada Long Walk to Freedom. Pero qué pasa si la educación se transforma, dado los sus altos costos, en una forma de sometimiento ante una deuda que compromete la libertad de elegir un futuro.  Cómo puede llegar el hijo de trabajadores agrícolas a convertirse en presidente de un país como Estados Unidos, si para estudiar tiene que pagar sumas astronómicas de dinero o asumir deudas de 15 o 20 años que en ocasiones superan los US$100,000. Muchos educadores afirman que la educación es una forma de libertad, porque el saber nos hace más libres para elegir nuestro futuro y el futuro de la sociedad. Pero no se puede pensar en construir un futuro si hay de por medio una deuda enorme y unos intereses que amarran la libertad individual. Como consecuencia hay que someterse ante la primera opción laboral, si es que existe, para cumplir con las obligaciones financieras y dejar a un lado sueños, gustos, ideas y aspiraciones profesionales. Esto es lo que parece estar pasando en Estados Unidos, Europa y demás países emergentes. De este modo, vale la pena re-cuestionarse el problema crediticio de los jóvenes en ese país y en el mundo en general.

Es lógico pensar y muy común escuchar en las conversaciones: “que si los niños no va a un buen colegio, no entran a una buena universidad y si no va a una universidad, no consiguen un buen trabajo”. Si a este ciclo vicioso se le suman proyectos de posgrado en el exterior se multiplican considerablemente los costos. En las grandes ciudades de Estados Unidos por ejemplo, es casi necesario tener una maestría para conseguir un trabajo decente que permita cubrir los costos de vida y empezar a pagar lentamente la deuda adquirida.

En ese país las cifras de endeudamiento por parte de los estudiantes son descomunales. Según el Consumer Financial Protection Bureau, (Oficina de protección financiera al consumidor) la deuda de préstamos estudiantiles ha pasado 1.2 Trillones de Dólares, superando la deuda de las tarjetas de crédito.

Un joven que se gradúa únicamente de un pregrado termina con una deuda promedio de US$ 26,600 pagando unos intereses que hasta hace poco eran de 6.8% anual ya que en Agosto entró en vigencia la nueva tasa de interés que se acomoda a los niveles del mercado financiero. Entonces, suponiendo que un estudiante se endeuda mínimo con US$30,000 a un interés compuesto de 3.86% anual (nueva tasa de interés) con un plan de pago a diez años, este terminará pagando aproximadamente US$43,560 al final del plazo.

Pero además de lo preocupante que puede ser una deuda así para un estudiante, algo más angustiante es qué hacer para pagarla teniendo en cuenta el nivel salarial de los jóvenes universitarios en EE.UU. y el nivel de desempleo juvenil de ese país. Según el Centro Nacional de Estadística Educativa del Departamento de Educación de Estados Unidos un joven adulto entre 25 y 34 años se gana en promedio US$45,000 al año y el desempleo juvenil es de 16.3%.  Teniendo en cuenta los datos anteriores, si un joven logra encontrar un trabajo después de graduarse, que es poco probable porque normalmente se hacen prácticas laborales para adquirir experiencia, este ganaría aproximadamente US$3,750 mensuales. Asumiendo que el estudiante vive solo y asume sus obligaciones financieras, este tendría que aportar mínimo US$360 mensuales a la deuda, pagar el arriendo, servicios, seguros, carro, comida y todo lo que implica ser independiente en Estados Unidos. El sueldo a duras penas le alcanzaría para cumplir con el plazo de diez años, obviamente quedándose con el trabajo hasta que liquide su deuda.

Ahora, este sería un panorama muy afortunado ya que abundan en los que los jóvenes tienen que devolverse a sus casas y vivir con los papás porque no consiguen trabajo y las deudas que adquirieron no les permiten hacer prácticas sin sueldo y empezar a construir el camino de lo que quieren llegar a ser.  Se estima que el 85% de los estudiantes de pregrado tienen planeado volver a sus casas una vez terminen sus estudios o sin antes haberlos terminado ya que las deudas no se lo permiten seguir.

Siendo estudiante en Estados Unidos es duro ver cómo los jóvenes endeudados no tienen otro objetivo más que el de pagar sus deudas y frente a esta obligación comprometen sus sueños, sus dudas, y su gana de cambio. Nos volvemos esclavos de un sistema crediticio pensando que el estudio nos da las herramientas para salir adelante. ¿Cómo pensar en el desarrollo de un país que tiene a su juventud endeudada? ¿De dónde saldrán las ideas que ofrezcan soluciones nuestros problemas?

Anécdota: Obama terminó de pagar su deuda hace apenas ocho años cuando todavía era Senador por el Estado de Illinois.

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