El efecto Nairo

25 de julio del 2016

No sé si es justo reclamarle a un deportista tan exitoso que no fuera campeón.

opinion

Terminaron tres semanas de sufrimiento, para los ciclistas y para los espectadores del Tour de Francia. Es una prueba dura porque eso de estar encima de una bicicleta a sol y agua, con frio intenso o calor agobiante, subiendo cuestas imposibles, descendiendo a toda marcha con riesgo de caídas asesinas, es un deporte extremo, hecho para hombres resistentes. Y entre esos hombres había varios colombianos con Nairo Quintana a la cabeza.

Lo seguimos con pasión a la espera de un ataque que derrumbara a Cris Froome y lo catapultara al liderazgo. Pero eso nunca llegó, más bien hubo un táctica de supervivencia, siempre detrás del líder, aguantando pero sin exponer. Y esto llegó a molestar a algunos seguidores que ya en la segunda semana le reclamaban a Nairo que no se lanzara a luchar en los Pirineos.

No sé si es justo reclamarle a un deportista tan exitoso que no fuera campeón. Pero lo que si sé es que fue el propio Quintana el que generó grandes expectativas que luego al no cumplirse se le volvieron argumentos en su contra. Antes de iniciarse la carrera él mismo declaró que estaba en sus mejores condiciones, mejores inclusive que las del año anterior cuando se coronó campeón en otra vuelta de igual importancia, el Giro de Italia. También sostuvo que tenía el “sueño amarillo” y que iba por esa camiseta así tuvieran de nuevo que enfrentarse al fenómeno de Froome.

Claro, con esas declaraciones, la gente en Colombia ya se sentía ganadora y no se iban a resignar con nada menos que el primer puesto. De ahí que el efecto Nairo tiene dos lados: el del triunfalismo que le metemos a algunos asuntos en especial los deportivos, cuando después de alguna victoria, como fue el caso de la clasificación al mundial de futbol, cuando ya creímos posible llegar a cuartos de final y de pronto hasta la propia final y tuvimos que conformarnos con la derrota ante Brasil que nos frustró la ilusión; y ahora con el ciclismo, que ya casi asegurábamos el campeonato del Tour más dificil de las tres grandes rondas.

Y al lado del triunfalismo, aparece la otra cara de este efecto que se produce entre la opinión pública: la del desencanto al menor revés. Si bien Nairo no ganó en tour, quedó de tercero y se mantuvo entre los diez primeros puestos durante toda la competencia, en una regularidad envidiable y con una inteligencia indígena, hecha de paciencia y estrategia. Quedar de tercero es un gran logro. Recordemos que se compite con casi 200 de los mejores ciclistas de ruta del mundo.

Sin embargo eso ya no pareció tan importante porque el desencanto se llevó todo el entusiasmo. Esperemos que el efecto Nairo no se contagie en otros escenarios, el de Rio de Janeiro por ejemplo con deportistas como Jacqueline Rentería, Mariana Pajón y Jossimar Calvo que llegan precedidos de éxitos y marcas destacadas.

Pero sobre todo que no se vaya a Contagiar el gobierno con el tema del plebiscito para la paz, porque ya andan cantando victoria muchos con cifras de 10 millones de votos. Las condiciones para lograr el éxito de esta consulta al pueblo no son fáciles y la oposición es dura, de manera que en lugar de asegurar que se ganará fácil, lo que hay que hacer es trabajar muy duro en la pedagogía y en la convocatoria para lograr la victoria del si. Ese es el gran triunfo que nos merecemos pero no hay que descuidarse ni esperar a la última semana, como le pasó a Nairo.

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