“Eganmanía”: a potenciar las lecciones

31 de julio del 2019

Opinión de Ancizar Villa

“Eganmanía”: a potenciar las lecciones

Los triunfos son maravillosos y si además levantan el entusiasmo popular, mejor, porque Colombia necesita euforia, alegría, motivos de orgullo. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿cuáles son las lecciones que hemos aprendido de este muchacho talentoso, culto, sencillo, familiar y cordial? Por mi parte les propongo las siguientes, las cuales deberíamos potenciar en las distintas esferas y escenarios de la vida nacional: 

Egan es humilde. Y la humildad es una virtud del corazón, contraria a la soberbia. ¿Quién dice que los títulos universitarios, los altos cargos públicos, el linaje o el éxito artístico o deportivo tienen que implicar egolatría, maltrato a los demás o alejamiento de las raíces? Humildad, primera lección.

Egan es familiar. En Colombia estamos sufriendo de una enorme crisis al interior de las familias, lo cual repercute en el caos social que implica violencia, maltrato, irrespeto por las ideas ajenas y agresiones contra quienes supuestamente son los seres más cercanos. La imagen de los hermanos Bernal dándose mutuamente una bendición, abrazándose sin fijarse en el qué dirán del entorno, centrados en el amor filial, no podría pasar inadvertida. Ella nos enseña y nos demuestra que una familia unida salva; se salva y se respalda a sí misma; y salva, le aporta a la sociedad. Unión familiar, segunda lección.

Egan es disciplinado. Los deportistas en general y los ciclistas en particular, tienen que obedecer el rigor no solamente de las competencias, sino de los entrenamientos, y comer, dormir, realizar una exigente rutina de ejercicios y estar lejos de sus seres queridos y amigos gran parte del tiempo. El solo talento no alcanza, hay que rodearlo de exigencias, sin descanso, sin desmayo. Disciplina, tercera lección.

Egan trabaja en equipo. Esto es, tiene sentido colaborativo. El éxito nunca es posible en solitario, aunque uno solo sea el ganador. El éxito implica participar activa, continua y solidariamente en la búsqueda colectiva del objetivo, desde la posición que se ocupe y asimilando con hidalguía y tozudez las responsabilidades que se deban asumir. Solidaridad, cuarta lección.

Egan es integral. Ha entendido y asimilado una exigencia sustancial: no basta con ser una gran ciclista, tiene que ser una persona integral. De aquellos tiempos en los que jugadores de fútbol, ciclistas o deportistas en general ni siquiera miraban con seguridad una cámara o se amilanaban ante un micrófono, hemos llegado a este donde unos y otros, Egan entre ellos, entiende que el mundo es el escenario y que entonces también la mente y el espíritu deben ser alimentados con formación, meditación, aprendizaje de idiomas, tecnología y aplicación de inteligencia emocional. Integralidad, quinta lección.

Egan genera seguidismo. La imagen del niño Julián en Zipaquirá, sus palabras y su identificación con su ídolo, son un llamado de atención a los líderes sociales y políticos sobre su rol frente a las nuevas generaciones. ¿Qué les significan, qué les representan, qué es lo imitable de su trabajo, qué les aprenden? Responsabilidad social personal, sexta lección.

Egan ama a Colombia. Este joven, lleno de talento, casi inocente, siempre, en cada declaración, en toda expresión, manifiesta su amor por la patria. Sabe que todo lo que hace, repercute en la imagen del país, en el ánimo colectivo y en la identidad nacional. Sentido de pertenencia, séptima lección.

Egan se levanta de las caídas. Ganar es un verbo que se conjuga en el ciclismo y en la vida con otros que le son insumos: caer, llorar, sufrir, fracasar, levantar, capitalizar, reaprender, reiniciar. Ni él, ni ninguno de los otros astros del ciclismo actual como Rigoberto, Nairo, o  Henao le echan la culpa de sus males a nadie; no acusan, no buscan culpables. Como héroes ensangrentados, esgrimen coraje y pasión para levantarse e ir tras de sus metas. Valentía, octava lección.

Insisto, de nada sirven los éxitos de deportistas, científicos, escritores y artistas, si ellos no se traducen en aprendizajes colectivos. Egan ha llegado a la cúspide y en ese camino por el que ha transitado con su poder, su talento, su equipo, las decisiones del universo y su formación como ser humano, se encuentran muchos mojones que invitan a mirar, a analizar, a imitar y a entender que podemos ser mejores si entendemos que la violencia, la agresión, la corrupción, el ánimo pendenciero y el egocentrismo, son ajenos al orgullo nacional y al bienestar colectivo.  

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