“El Chapo” y el ejercicio del periodismo y el derecho

17 de enero del 2016

No se necesita de un título en comunicación social para ejercer tan noble oficio.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

Gran escándalo mundial ha suscitado la entrevista clandestina que el reconocido actor de Hollywood Sean Penn, por intermedio de la diva mexicana Kate del Castillo, le hizo al célebre narcotraficante “el Chapo” Guzmán. Toda suerte de señalamientos han caído sobre la dupleta actoral, quienes consiguieron la exclusiva soñada por todos los medios de comunicación del planeta: sentar al narcotraficante más buscado del mundo y escuchar, de su propia voz, la historia que lo hizo convertirse en un mito.

La entrevista es interesante, pues deja ver el lado humano de un delincuente, que, por más perverso que sea, no deja de ser un hombre. En sus respuestas, “el Chapo” -como todos los culpables- intenta reivindicar su proceder de alguna forma, amparado esta vez en un discurso social, en el que le cabe algo de razón: cuando el Estado abandona a su suerte a los débiles y desprotegidos, el narcotráfico es una opción que permite sobrevivir y alcanzar el poder, reservado solo para las elites privilegiadas.

Pero más allá del contenido de la publicación periodística, el debate se ha centrado sobre las actuaciones de Penn y del Castillo, a quienes les reprochan al unísono, un gran sector de la comunidad internacional, el haberse reunido con un prófugo de la justicia y haber llegado a intimar con él, por el solo hecho de conseguir la “chiva”. Olvidan todos esos falsos moralistas que hoy censuran y se rasgan las vestiduras que el periodismo es un oficio o profesión liberal: el periodista actúa con liberalidad, aplicando el intelecto y su entendimiento cognitivo, y puede, por ello, si es del caso, percibir una remuneración económica o de otro tipo.

El profesional liberal tiene independencia y autonomía plena en la forma de prestar sus servicios. Algunos dirán que los actores de marras no son periodistas, pero se equivocan: no se necesita de un título en comunicación social para ejercer tan noble oficio. Para la muestra está quien estas líneas escribe. Cosa distinta es que el periodista incurra en un delito, y eso ciertamente es otra cosa, pero, si su actuación se circunscribe a la labor informativa o de opinión, actúa conforme a derecho, e incluso desde el punto de vista ético también hace lo correcto, ya que su obligación moral es informar, sin hacer juicios de valor sobre la condición humana del entrevistado, como en el caso que nos ocupa.

El derecho también es una profesión liberal y por eso se parece tanto al periodismo. Un abogado puede defender a un acusado, e incluso a un condenado, de los crímenes más abominables e inimaginables, sin que ello implique que haga parte de una organización delincuencial, violando de contera la ley. Así como la misión del periodismo es informar, la del derecho es regular la vida en sociedad, y, en lo referente a la defensa penal, garantizar los derechos del encartado, para darle legalidad a la acción punitiva del Estado. No por entrevistar o defender a alguien se está de acuerdo con sus actuaciones.

Ni el periodista ni el abogado están obligados a denunciar a una persona evadida de la justicia, a la que, por ejemplo, entrevista o defiende, pues tanto los unos como los otros actuamos bajo los mismos parámetros deontológicos. Por lo tanto, sería absolutamente antiético proceder de esa manera.

Las sociedades civilizadas entienden claramente el rol de los periodistas y abogados, no los satanizan por hacer su trabajo, y saben que son necesarios en una democracia. Lamentablemente, Colombia no hace parte de ese selecto grupo.

La ñapa I: No quiero estar en los zapatos del presidente Santos: el 2016 será un año muy complejo, por donde quiera que se mire.

La ñapa II: Bien por el ultimátum que le dio el gobierno a Electricaribe. Ya está bueno de tanto abuso.

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