El cinismo como virtud

El cinismo como virtud

21 de Abril del 2017

Al cinismo se le reconocen diferentes acepciones, como aquella de ser sinónimo de descaro, desfachatez, o desvergüenza. También se ha usado para referirse a quienes llevan una vida simple, sin mayores pretensiones. Algunos de sus cultores y practicantes llegaron a reunir estas acepciones en su comportamiento como humanos, buscando parecerse a los perros, pues como se sabe, la etimología griega de esta palabra está relacionada directamente con estos animales, cuyo comportamiento refleja las conductas descritas. Entre quienes se destacaron en la antigüedad por ser cínicos y llevar una vida simple a la vez, no obstante su riqueza, está Crates de Tebas (368 – 288 a. C.), quien se ganó el apodo de “el filántropo” por desprenderse de aquella, y en nuestros días, ha descollado sin duda la figura de Álvaro Uribe, a quien por ello le han dedicado numerosos artículos, con la diferencia de que no se ha desprendido de sus grandes haberes ni lo hará. En mi opinión, es la viudez del poder que ha mostrado desde que no consiguió seguir gobernando el país por interpuesta persona, la que ha revelado su descaro, desfachatez, desvergüenza para cuestionar sin recato lo que no se hace a su gusto, así en su gobierno hubiera hecho lo mismo o cosas peores. Desde luego, al igual que Crates, hay que convenir que lleva una vida sencilla, así su fortuna le pueda permitir hacerlo de otro modo.

Ese cinismo, que para cualquier líder sería un gran defecto, Uribe lo ha convertido en una virtud, y lo peor es que sus seguidores así lo ven y se lo celebran. Perlas para ilustrar su cinismo impúdico – así de redundante es- abundan en los últimos años, como aquella de fustigar a Santos por aprobar en su reforma tributaria el incremento del IVA al 17%, cuando él fue quien defendió personalmente aumentarlo al 19% con una devolución del 2% para dejarlo finalmente en el 16%; o la de salir a demandar la venta de ISAGEN cuando en su Plan de Desarrollo 2006-2010 fue que se autorizó la venta junto con la de ECOPETROL; o la de imputarle al actual gobierno la corrupción que entraña la ejecución de REFICAR, cuando realmente en su gobierno no sólo se firmó el contrato con GLENCORE – sin interventoría- sino que le recompró a esta el proyecto para que lo siguiera ejecutando su contratista CB&I. O la concha de señalar a Maduro por sus inocultables prácticas hitlerianas, cuando Uribe ha sido uno de los alumnos más destacados en el uso de “la Gran Mentira” de Hitler como método para hacer política y pescar incautos. Y así, la lista se torna interminable.

Con esa misma desfachatez, Uribe no ha cejado en su empeño de hacerle creer a nuestras FFAA – por fortuna infructuosamente- que Santos no hizo nada para normalizar la situación jurídica de los miembros de las FFAA y de Policía, o que nuestros soldados devengarán menos que los reinsertados de las FARC. Ahora, cuando se erige como su mayor defensor, disimula que en su administración se hizo la entrega de la jurisdicción penal militar a la Fiscalía sin pasar por el Congreso. Bastó un simple memorando – ni siquiera un decreto- para hacerlo con la peregrina justificación de que se vio obligado a raíz de la masacre de Jamundí. Y sobre los ingresos de nuestros soldados, gira un cheque contra la cuenta de la desmemoria de los colombianos que olvidan que en su gobierno se les suprimió el subsidio familiar.

Como hoy es paladín en la lucha contra la corrupción, bien haría en contarle al país en un gesto de cínica transparencia, como fue que los Nule llegaron a las grandes ligas de la contratación durante su gobierno, que es un capítulo de la corrupción nacional al que curiosamente no se ha tenido acceso. Son concesiones de carreteras nacionales, electrificadoras, construcción de sistemas masivos de transporte en ciudades intermedias, acueductos, cárceles y grandes interventorías que les fue adjudicadas, y de las que nadie dice esta boca es mía dentro del gobierno de Uribe. Por lo menos podría explicar cómo fue que se les prestó $25.000 millones de excedentes de la DNE, que después fueron pagados a las carreras cuando estalló el escándalo en el Distrito de Bogotá.

Pero la tapa de su cinismo es cuando alega total impunidad en lo acordado con las FARC pues los cabecillas no irán a la cárcel. Valdría la pena desenterrar el proyecto original de Justicia y Paz para constatar que su propuesta era la de llevar a los jefes de las AUC a unas colonias agrícolas con penas máximas de 4 años. Fue el Congreso el que decidió apartarse de esa propuesta y establecer finalmente las penas entre 5 y 8 años. Dice que se le entregó el país a las FARC porque se instalaron 23 “repúblicas independientes” que son las zonas veredales de ubicación que no suman más de 200 kilómetros cuadrados, pero se hace el loco para responder porqué dentro de las conversaciones que se adelantaron con las FARC para concretar un proceso de paz en su gobierno a través de Henry Acosta Patiño – el mismo que encausó el inicio del proceso con Santos-, ofreció el despeje y desmilitarización de los municipios de Pradera y Florida en el Valle, conocido corredor para la exportación de la coca de la guerrilla. En fin, para no hablar de la elegibilidad de los cabecillas que tanto le espanta, nos tocaría recordarle que gracias a él, los máximos jefes del M19 y del EPL pudieron gozar de un indulto pleno que les permitió ser elegidos a la constituyente, a cargos de elección popular o al congreso, a donde por cierto asisten algunos como leales alfiles del Centro Democrático.

Por eso no nos puede extrañar que ahora, tal como lo ha hecho sistemáticamente en los últimos años en cuanto viaje hace al exterior, haya querido utilizar una invitación de notables representantes del exilio cubano en Miami para entregarle a Trump en un pasillo de hotel, una carta donde consigna su repertorio de falacias contra el gobierno de Santos y el proceso de paz, con las que busca convencer al gobierno y al congreso americano para que tome cartas en el asunto, amarrando a Colombia perversamente con Venezuela, en la más desvergonzada actitud antipatriótica, esa misma que le reclamaba a quienes hacían lo mismo durante su gobierno en el exterior.

En efecto, ¿quien no se acuerda cuando Uribe llamó antipatriota a Piedad Córdoba por salir al exterior a hablar mal de su gobierno? Lo mismo hizo con Rafael Pardo, uno de sus principales soportes políticos en los primeros años de su gobierno, quien, al atreverse a discrepar en foros académicos sobre normas incluidas en el proyecto de Justicia y Paz, terminó siendo señalado como un traidor en base a meros chismes.

Uribe decidió apartarse de Santos apenas se dio cuenta que la continuidad de sus políticas no incluía también la aprobación de los funcionarios con quien debía gobernar, así como el estado de guerra permanente con los vecinos. Entonces descubrió que la diatriba, la desinformación y la mentira en su contra resultaban más rentables políticamente que seguirlo acompañando. A partir de entonces, para Uribe el descrédito y sindicación de castrochavista con que ha atacado a Santos dentro y fuera del país es su derecho y bandera.

Menos mal que somos muchos los que recordamos que fue Uribe quien enseñó que Chávez era una realidad política con la que había que convivir respetando las diferencias, como había que tratarlo y utilizarlo en el propósito de vencer por la fuerza o por el diálogo la amenaza terrorista que se anidaba en la frontera y que se servía de la retaguardia chavista. Era conocida su mutua admiración y empatía, hasta que decidió mandar el DAS a Venezuela para que metieran en el baúl de un taxi a Rodrigo Granda y lo trajeran para Colombia, para después liberarlo, sin más ni más.

Por eso cuando a Uribe se le llena la boca por tildar a Santos de castrochavista, toca recordarle que fue él quien buscó una y otra vez a Fidel Castro para que le ayudara a sentar a las FARC y al ELN en una mesa de negociaciones, cuando el anciano dictador ya había reconocido que la vía armada estaba agotada. Como también acudió varias veces a Hugo Chávez para que sirviera de mediador con las FARC, y hasta le nombró a Piedad Córdoba como gestora de paz a su pedido, luego de denunciarla como traidora a la patria por pedir en México que lo tumbaran.

Su militancia en el cinismo ha sido una causa que ha abrazado con fervor. De allí que no falte quien le enrostre aquel adagio popular que dice que nadie debe escupir para arriba porque seguro le cae la saliva en la cara. Pero para Uribe eso no significa nada, precisamente por eso, porque es cínico.

Por: Mauricio Pimiento.

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