El comunismo no ha muerto, su cadáver está vivo

30 de diciembre del 2015

El tortuoso camino que nos quieren obligar a transitar ya lo han padecido otros países.

Comenzamos 2016 con una responsabilidad inmensa que si no la sabemos asumir en su verdadera magnitud, pondrá en riesgo el futuro de nuestra nación, de nuestros hijos y nietos.

Voces de Chernóbil, el libro de la Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich, ha marcado mi fin de año. Acabo de recibirlo de Navidad -con la vergüenza de no conocerlo pero con el entusiasmo de que se hubiera cruzado en mi camino justo ahora, cuando veo con preocupación la llegada de un año que marcará nuestro destino y el de América entera- y me ha ocupado buena parte de estos días de descanso y reflexión.

¿Por qué un libro tan fundamental para comprender nuestro presente ha sido tan poco promovido? Este, como El fin del Homus soviético con el que continuaré mi recorrido de la mano de esta extraordinaria escritora, periodista y activista antisoviética que cuenta con el valor de enfrentar al mismo Putin -como por acá María Corina Machado enfrentó, cara a cara, al tirano Chávez-, es un testimonio desgarrador de las terribles consecuencias que sufre un pueblo cuando descuida su deber histórico y se deja manipular por las cabezas de estructuras de poder con la apariencia de solidas cuando en realidad son tan solo el producto de maquinaciones de mentes perversas.

Que existan personas como Svetlana Alexiévich, quienes ayudan a su pueblo a construir consciencia a partir de sus mismas voces, en un lugar tan olvidado del mundo como lo es la sufrida Bielorrusia que se encuentra en manos de prosoviéticos que en nada se diferencian de nuestros Correas, Santos, Evos, Maduros, Ortegas, etc., nos ayudan a tener una perspectiva más amplia de nuestro presente al incluirle un pasado al que no hemos querido echarle una mirada porque lo sentimos lejano cuando no son sino una y la misma cosa.

El tortuoso camino que nos quieren obligar a transitar ya lo han padecido millones en distintos países, la única diferencia es que los tiranos han afinado sus estrategias para aparecer en la escena con nuevos disfraces cuando ellos no han cambiado en nada.

A pesar de las evidencias pareciera que no quisiéramos ver lo que nos tienen preparado. ¿Pecamos por arrogancia, vanidad, egoísmo o exceso se confianza? Ya muchas cartas se han destapado y con esas podemos dimensionar lo que nos proponen y no hay reacción alguna…

Arrogancia, vanidad, egoísmo y excesiva confianza es lo que ha llevado a Santos a destapar sus cartas. Con cada nuevo anuncio va dejando al descubierto lo que estaba oculto detrás de su cuentico de la paz: la entrega del país a las FARC, es decir a quienes representan en la región los intereses del comunismo internacional.

Ellos, quienes se van a tomar a Colombia, son inmensamente poderosos y más cuando actúan desde la maldad que potencializa mucho más el poder que la bondad.

“El comunismo no ha muerto, su cadáver está vivo”, nos previene Svetlana Alexiévich y no queremos escucharla.

Por: Carlos Salas Silva

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