El corazón por un balón

12 de septiembre del 2012

El escritor español José María Pemán dijo: “Dime, poeta: / si el mundo es como un balón/redondo por la ilusión/ de llegar pronto a su meta: / ¡vale la pena jugar!/ Silencio de altamar, / luna llena…. / mar serena, / viejo amigo/ en secreto te lo digo, / ¡que lo que vale la pena/ […]

El escritor español José María Pemán dijo: “Dime, poeta: / si el mundo es como un balón/redondo por la ilusión/ de llegar pronto a su meta: / ¡vale la pena jugar!/ Silencio de altamar, / luna llena…. / mar serena, / viejo amigo/ en secreto te lo digo, / ¡que lo que vale la pena/ es ganar!”

Una pelota rellena de heno se convertía en el juego denominado la soule en Bretaña, como parte de los rituales de la comunidad rural, y oponía a jóvenes de pueblos cercanos o a los solteros con los casados de una misma localidad. A veces participaban los nobles. Este juego no tenía reglas ni número limitado de participantes. Tampoco espacio definido ni tiempo reglado. Era tan rudo que al final dejaba lisiados e inclusive muertos en el terreno. Pero fue en la Gran Bretaña donde, a partir de este juego, nació el fútbol. Los caballos flanqueaban el campo  para evitar las melés, momento de desorden y confusión cuando varios jugadores convergen en un mismo sitio del terreno de juego para disputarse la pelota. A comienzos del siglo XIX los estudiantes de capas medias y pudientes que asistían a las escuelas públicas, acogen el juego de la pelota como entretenimiento, donde priman la fuerza y la espontaneidad colectivas y el jugador individual no es relevante. Después de 1830, en pleno desarrollo de la sociedad industrial, a partir del rugby, los colegios sufren un cambio y aparece Thomas Arnold quien dirige un instituto de ese deporte entre 1828-1840 en el cual se inicia la reglamentación que dará surgimiento al dribbling game, futuro fútbol contemporáneo. Driblar, hacer finta, perrear, serán las palabras que indican esta habilidad de esquivar el jugador contrario.

El descanso del sábado en la tarde dará impulso al deporte. ¨Luego nacerán los clubes, algunos con connotación religiosa como el Aston Villa. Los empleados del ferrocarril, en los barrios obreros, fundan el club Manchester United. El crecimiento de estas organizaciones desemboca en las federaciones futboleras que adoptan reglamentos y disciplina al deporte. Varios clubes introducen el profesionalismo bajo la forma institucional de sociedades por acciones, como el Arsenal que 1891 cuenta con ochocientos sesenta accionistas que pagaron entre 10 y 20 libras por acción. Poco a poco el futbol se transforma en el espectáculo deportivo por excelencia y obliga a la construcción de estadios cada vez con mayor capacidad.

La expansión económica de los británicos o ingleses estará acompañada del fútbol. Los marineros juegan, por ejemplo, en las playas del Brasil, en Botafogo, 1874. Diez años después lo harán en Portugal y en Marsella. Por medio de los inversionistas y los técnicos ingleses, el fútbol se adentra en los países diferentes a su lugar de origen. En San Petersburgo, Rusia, jugaron primero los ingleses y luego los alemanes, 1888, sin jugadores nativos. Los trabajadores británicos vinculados a la minería en Huelva, España, son los embajadores y  difusores del Fútbol. También se practicaba  en las playa de Bilbao y San Sebastián, igual que en Madrid a orillas del río Manzanares, en donde el primer club, Madrid Foot-ball Sky, 1897, se convertiría en el Real Madrid en 1902. Un suizo, Hans Gamper, funda en Barcelona un club que después se convierte en el FC Barcelona.

Desde 1920 el fútbol se mundializa. Los colonos británicos lo introducen en África y Asia. Los italianos y los armenios lo llevan a Etiopía. La Federación Internacional  de Fútbol —FIFA— nace en 1904 y será su Presidente. Jules Rimet,  entre 1921-1954, quien le dará una cobertura y notoriedad mundial tan importante como la ONU, según afirma el historiador Alfred Wahl.

La número cinco, ese balón que rueda en las polvorosas mangas de Apartadó o en los estadios deslumbrantes de Europa, perseguido por  cuarenta y cuatro piernas enamoradas que disputan su rumbo hacia la portería contraria, piernas que apuestan sus fragorosos corazones respectivos al gol de la victoria. Esa número cinco que nos convoca a los humanos para abrazarnos emocionados, sin prejuicios de raza ni de nación, ante la velocidad de un Garrincha, el profesionalismo de un Pelé, la astucia de un Johan Cruyff, la tenacidad de un Diego Milito,  la endiablada gambeta de un Messi, el despeinado rompedor de redes Falcao, la caballerosa dignidad de  Iniesta. Esa número cinco no puede chocar contra el horizontal ni salirse por la línea final. Tiene que entrar a la portería y dormirse en la red, para que el mundo de los hombres y el cielo de las mujeres declaren, solemnemente, que la dicha está sobre la tierra, por los siglos de los siglos, amén.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO