El corazoncito de la izquierda

4 de enero del 2013

En agosto de 2012 hubo elecciones presidenciales en Francia. Los candidatos eran el entonces Presidente Nicolas Sarkozy de centro derecha; François Hollande, socialista y  Jean-Luc Mélenchon, apoyado por el partido comunista. La estrategia de Hollande era diferenciarse de Mélenchon y mostrar que era mas izquierdista que la izquierda pura. Su principal promesa de campaña, y […]

En agosto de 2012 hubo elecciones presidenciales en Francia. Los candidatos eran el entonces Presidente Nicolas Sarkozy de centro derecha; François Hollande, socialista y  Jean-Luc Mélenchon, apoyado por el partido comunista. La estrategia de Hollande era diferenciarse de Mélenchon y mostrar que era mas izquierdista que la izquierda pura. Su principal promesa de campaña, y la que le dió la victoria, fue pregonar que le pondría un impuesto a los “ricos”, como diría Gustavo Petro, de 75 por ciento de sus ingresos.

Hollande ganó y después de cuatro meses impuso los cambios impositivos que había propuesto: un impuesto marginal del 75 por ciento a aquellos que ganaran mas de un millón de euros o 1.3 millones de dólares. La galería aplaudió.

Los problemas de Francia son una enorme deuda externa -82.4 por ciento del PIB-, un desempleo creciente y un crecimiento económico casi nulo. El déficit fiscal es 4.5 del PIB y Hollande pretende bajarlo cobrando mas impuestos, no disminuyendo el gasto. Junto con la medida del 75 por ciento vinieron otras alzas en los impuestos al considerar ganancias de capital e intereses acumulados como ingreso corriente, aumentos en la retención en la fuente y un aumento al impuesto al valor agregado. Hollande pretende recaudar 20.000 millones de euros o 26.000 millones de dólares con estos impuestos adicionales.

Los contribuyentes al impuesto del 75 por ciento son unas 5.000 personas y el recaudo total sería de unos cientos de millones dólares, sin llegar a 1.000 millones. El déficit fiscal total es de 112.000 millones de dólares, de manera que el consabido impuesto es como un baldado dentro del océano. En nada contribuye a mejorar las cuentas fiscales, pero ha generado una gran desconfianza, empañando el futuro desempeño económico.

Lo que si pasó es que los franceses ricos están dejando el país, la banca de inversión se está moviendo a Londres y el clima de negocios es muy negativo. Gerard Depardieu, el conocido actor, es la figura mas mediática que abandonó Francia y hoy vive en Bélgica. No solo eso, sino que acaba de obtener ciudadanía rusa, otorgada directamente por Vladimir Putin. El hombre mas rico de Francia, Bernard Arnauld, cabeza del imperio Moet et Chandon – Louis Vuitton, pidió ciudadanía belga y muchos banqueros han dejado Francia para instalarse en Londres, aún cuando las entidades financieras que dirigen están basadas en Paris.

Pero la semana pasada la Corte Constitucional francesa tumbó el impuesto del 75 por ciento aduciendo que era inequitativo, puesto que una pareja que ganara de manera combinada 1.5 millones de euros, donde ninguno de los cónyuges llegara al límite del millón de euros pagaría menos impuestos que una pareja donde uno de los cónyuges no trabajaba y el otro ganaba 1.1 millones de euros. Al mismo tiempo el fallo confirmó la legalidad de los otros impuestos nuevos. Se considera que la decisión de tumbar el impuesto a los “ricos” fue mas bien política.

Inmediatamente se anunció la caída, el primer ministro Jean-Marc Ayrault declaró que en agosto de 2013 volverán a implementar la medida, corrigiéndola para que cumpla con la Constitución. Depardieu había dicho que el año pasado pagó 85 por ciento de impuestos, combinándolos todos ellos. Es por ello que ahora declara que igual no volverá al país: “Todo esto me da lo mismo. Nada cambia”. Lo cierto es que las declaraciones de Ayrault han generado una gran incertidumbre porque pende la guillotina de un impuesto considerado como confiscatorio.

Esto es lo que pasa con las medidas populistas. “Que paguen los ricos” dice el alcalde de Bogotá Gustavo Petro. Pero estos impuestos extremos no solo no contribuyen a mejorar las cuentas fiscales, que son enormes al lado de cualquier fortuna particular, sino que enrarecen el clima de negocios. Francia corre el peligro de seguir la senda de Grecia, España, Italia, Portugal e Irlanda, que tuvieron que recurrir a programas de salvamento de la Unión Europea por su iliquidez y alto nivel de endeudamiento.

El corazoncito de Hollande le impide aterrizar y darse cuenta que con medidas tibias no va a llegar a ningún lado. De hecho las tarifas impositivas en Francia son las mas altas de Europa, por lo que no hay mucho margen donde aumentar. Tiene que recortar el gasto, algo que no se resigna a hacer. Es como el populismo de Enrique Peña Nieto en Mexico, cuando dice que el no va a perseguir a los grandes capos sino que se concentrará en disminuir la violencia. Se olvida que los generadores de violencia son los grandes capos. O el populismo de Cristina Kirchner al expropiar la petrolera YPF perteneciente al grupo español Repsol, ahuyentando la inversión extranjera que tanto necesita, en un país donde los particulares ya no pueden comprar dólares. O el populismo de Gustavo Petro al anunciar que va a anexar las tres empresas de servicios públicos en Bogotá o que va devolver el modelo de recolección de basuras al Distrito. O Evo Morales, que acaba de nacionalizar la empresa de generación y distribución de energia perteneciente al grupo español Iberdrola, oscureciendo el clima de inversión en uno de los países mas pobres de América. Y ni que decir del populismo de Hugo Chávez que echó a Venezuela al abismo.

Algo de positivo tiene esa explosión de populismo en Francia. Por lo menos America Latina no es la única región donde los gobiernos de izquierda se han encargado de descarrilar a la economía. Francia ya hace parte de este club. Dudoso honor. Y en la ciudad de Bogotá, capital de Colombia, hay otro izquierdista con corazoncito que es incapaz de gobernar y ha llevado la ciudad al colapso.

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