“La payola”, mal endémico

8 de julio del 2016

Dejen el miedo y denuncien.

Son conocidos como payoleros duros Jota Fernando Quintero y Jhon Jairo Megudam.  Algunos los consideran como los padres de esta insana práctica en la radio colombiana.  Lo sé de primera mano porque Jota Fernando me demandó por hacerlo público y me lo confirmó en la Fiscalía cuando rendíamos indagatoria, con la justificación de “con esos sueldos que nos pagan toca ayudarse”.

Megudam es leyenda urbana con este cuento, no solo por exigirla, recibirla y explotarla, también por las amenazas recibidas al incumplirla.  Me lo confirmó una fría noche durante un concierto en el parque Jaime Duque, “si ofrecen por qué no recibir, se benefician las dos partes”. De ahí para abajo que entre el diablo y escoja,  porque de mayor a menor muchos de los funcionarios de las emisoras  musicales convierten a algunos artistas en su bancos.  Bobos ellos que admiten ser esquilmados de esta manera porque en muchas ocasiones no les “suena” ni siquiera una vez sus discos.

Blanca Luz Holguín, una de las mujeres profesionales mejor informadas en el mundo de la música, puso el dedo en la llaga la semana anterior al irse de frente contra los payoleros de la radio, acusándolos de “corruptos”.  Es cierto. ¿No perciben acaso un sueldo por su trabajo? Quien dijo miedo, se armó la de Troya.  Le puso el cascabel al gato.  Al final de cuentas tiene ejemplos palpables en sus vecinos de oficina.

El caso más sonado últimamente tiene como protagonista a Boris Zeta, quien decidió pedirle al “Chapo” de Sinaloa una casa para pegarlo en Colombia.  Viajó a México con toda su familia y fue atendido a manteles por “El Chapo” y su esposa. Dejó abierto su correo en el portátil.  Le costo el puesto, pero hoy está dirigiendo una emisora de prestigiosa cadena radial en la Costa, y aquí no ha pasado nada.

“Wamba”, grupo fuerte en los años 2000 habló de la “payola” exigida por Fernando Palma, lo denunció, pero tampoco se movieron por los lados de la empresa caracolera. Ahí sigue firme hasta alcanzar la pensión.

Precisamente esa inactividad de los superiores de las emisoras conocedoras del fenómeno desanima a denunciar a los valientes que se atreven.  ¿Para qué hacerlo si no pasa nada? Todo se dice en  voz baja, nadie sostiene sus acusaciones ante el público, el miedo los domina porque creen, ingenuos ellos, que no los van a volver a programar en esa emisora.  Error.  Si tuvieran el valor lo harían, cambiarían al corrupto y llegaría alguien nuevo sin tantos vicios.

Casas, electrodomésticos, vacaciones, facturas, pago de tarjetas de crédito, carros, apartamentos, dinero en efectivo, de todo les piden a los artistas soñadores que creen que accediendo a las pretensiones económicas de los directores de emisoras, o encargados, van a pegar.  Son descarados algunos, otros exigen sueldito mensual.  A algunos los tienen planillados en las nóminas de su gente y a veces les funciona.

Otro camuflaje para la”payola” son  las asesorías de prensa que incluyen entrevistas en  los programas de televisión donde responden por alguna sección de entretenimiento.  Hace poco un famoso cantautor vallenato lamentaba los 30 millones de pesos dados a la empresa de una reconocida periodista de farándula, por su promoción en la sección que dirigía en un noticiero de televisión y le incumplió. Otro, por los 150 millones cancelados a la misma empresa sin ningún resultado.

“La payola” no existe únicamente en la radio.  Igual la hacen en la prensa escrita y la TV. Cobran por extensión de nota. Los sinvergüenzas no tienen límites.  Ahora los más vacunados son los reguetoneros que se desesperan porque ya no tienen presupuesto para satisfacer el apetito insaciable de algunos directores de emisora, especialmente en diciembre cuando añaden la matrícula de los hijos, la lista de libros y demás adornos.

Entre las muchas víctimas de este soborno están Kevin Flórez, Mr. Black, Wamba , Astra y otros más. Se menciona mucho a responsables de dos emisoras juveniles, Oxigeno y la Mega a nivel nacional, entre otras. Ninguno de ellos va a hablar de frente porque los vetan, pero en los círculos cercanos a ellos se quejan del expolio al que a veces los someten.

Y la cosa no es solamente por el artista ingenuo o deseoso de triunfar que pagó cuando tiene sin rechistar.  Por qué nadie menciona a algunos consagrados, especialmente productores, que cuando uno de sus pupilos decide convertirse en solista, lo bloquean dándole dinero a los directores de emisora para que no reproduzcan su música. Igual sucede cuando está surgiendo una nueva figura que puede ser competencia para los suyos.

Mientras los directivos de empresas no tomen medidas drásticas para cortar esta vena rota, “la payola” seguirá siendo un mal endémico que perjudica a cantantes, promotores, jefes de prensa y todos los más débiles en  esta cadena de corrupción.

¡Dejen el miedo y denuncien!

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