El delito de opinión existe

31 de julio del 2012

Piedad Córdoba se ha dedicado a pescar en río revuelto. Cuando está en Colombia habla de patriotismo y cuando está en el exterior habla mal de Colombia (vaya contradicción). En todo caso, Alfonso López Michelsen, tenía la tesis de que gracias al narcotráfico se había democratizado la riqueza en el país y que por lo […]

Piedad Córdoba se ha dedicado a pescar en río revuelto. Cuando está en Colombia habla de patriotismo y cuando está en el exterior habla mal de Colombia (vaya contradicción). En todo caso, Alfonso López Michelsen, tenía la tesis de que gracias al narcotráfico se había democratizado la riqueza en el país y que por lo tanto, se había frenado la revolución. Otra tesis sugiere que la guerrilla ha sido la principal responsable de que a la izquierda democrática se le haga tan difícil llegar al poder o gobernar.

En todo caso y extraoficialmente, el delito de opinión sí existe en Colombia. Algunas veces la opinión es censurada cuando los medios de comunicación se amparan en la libertad de empresa y otras veces, cuando los actores del conflicto amenazan o asesinan a un periodista. Pero opinar en Colombia no solo representa un riesgo, sino que también se trata de un privilegio, casi que exclusivo de la clase media ilustrada.

Y cuando los privilegios son mayores, las responsabilidades también. Cosa que al parecer no entienden algunos servidores públicos o la misma Piedad Córdoba, que a veces dice verdades incómodas, otras veces dice verdades a medias y otras veces dice lo que le conviene a su movimiento político, sin medir las consecuencias.

El hecho es que Piedad Córdoba se puede reunir dentro de la legalidad con quien quiera, porque el socialismo es una expresión humana válida, aunque un tanto anacrónica en mi opinión y el resentimiento es propio de quienes sienten demasiado. Mientras tanto, unos siguen vislumbrando a Colombia como si fuera una zona de orden público total (Godofredo Cínico Caspa) y otros confunden a un resguardo indígena con una plaza pública para congraciarse con Bolívar en cuarta dimensión.

Piedad Córdoba piensa que representa la opinión de los que no tienen opinión. A los indígenas, afrodescendientes, campesinos, estudiantes, sindicalistas y con ellos quiere hacer la revolución que en cincuenta años las guerrillas no pudieron. Lo que todavía no entiende es que para cambiar el estado de cosas, hay que estar adentro, ser menos emocional y no dar papaya a la hora de enfrentar al sistema. De lo contrario, nunca será una mártir y su vida seguirá siendo un martirio…

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