En alguna parte leí que la humildad es la más sublime de todas las virtudes porque hace avanzar al hombre en sus propósitos y aunque suene contradictorio, lo enaltece. Bien decía Shakespeare: “Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza.”
En Colombia hemos tenido centenares de deportistas de talla mundial que en su mayoría empezaron siendo pobres. Se dan historias conmovedoras y ejemplares de seres humanos cuya voluntad de hierro ha superado cualquier obstáculo que se presente para salir adelante; varios de ellos han tenido que dejar atrás la pobreza, enfermedades, violencia, desplazamiento y demás injusticias por perseguir el sueño de ganarse un reconocimiento mundial. Recuerdo a los grandes de la época como Cochise Rodríguez, Miguel “Happy” Lora, Kid Pambelé y Lucho Herrera. Cada una de sus historias provenían de caminos hechos a pulso, dónde sólo existía el talento, el esfuerzo, la voluntad y el sueño por cumplir. Lo que sí tenían era todo en contra; no había dinero, de hecho, había mucha pobreza. Nuestros deportistas son el mejor ejemplo para Colombia: Nairo Quintana, un humilde campesino cuyo camino ha sido largo y complejo hoy en día es noticia a nivel mundial por su magnífica actuación en el Giro de Italia, actuación que nos sacó lágrimas a todo un país que vio en él una esperanza y un ejemplo de sencillez, respeto y humildad. Nairo es un gran luchador desde su infancia que pese a sus dificultades de salud, no le fue impedimento para subirse a su bicicleta todos los días por horas queriendo ser un promesa ciclística a nivel mundial, objetivo que ya puede darlo como logrado. Muy cerca de él en el Giro 2014 se ubicó Rigoberto Urán quien a escasos 14 años sufrió la muerte de su padre producto del paramilitarismo en Colombia. El día del funeral de su padre, Rigoberto hizo 3 promesas que no ha dejado de cumplir: Velar por su mamá y hermana, terminar el bachillerato y pedalear hasta el fin del mundo. ¡Qué promesas! Ambos tienen en común un pasado difícil pero también los une la humildad pese a que ya son reconocidos a nivel mundial; siguen siendo los mismos hijos, hermanos y luchadores que antes desconocíamos en los pueblos colombianos. Se enorgullecen de su cuna, de su familia, de su bandera, de su barrio, de la tierra que los vio nacer. Y eso de verdad importa, porque son la inspiración de millones de jóvenes que se inician en el deporte, les da esperanza y sobretodo con su ejemplo, enseñan los valores. Las mujeres también han sido el ejemplo de constancia, lucha y esfuerzo. No puedo dejar de mencionar a Mariana Pajón a quien conocí el año pasado. ¡Quién se pudiera imaginar que detrás de una mujer que recorre pistas de BMX con esa tenacidad, se esconde una mujer sensible, de perfil bajo y dulce! Ni qué hablar de los saltos de Catherine Ibargüen, saltos que representan su larga carrera en contra de la pobreza, o de María Isabel Urritua, Jackeline Rentería, Yuri Alvear, o Mabel Mosquera. Todas sin duda, mujeres que han brillado en el mundo, pero mantienen su perseverancia y carácter humilde, porque saben que han llegado ahí con grandes sacrificios. ¡No alcanzo a imaginarme la potencia mundial que tendríamos en cultura y deportes si lográramos apoyar a nuestros niños y jóvenes de pocos recursos a cumplir sus sueños! Ellos son unos pocos ejemplos de que en Colombia los héroes sí existen, y son nuestros deportistas y todos los colombianos de a pie que luchan al igual que ellos por salir adelante en país en donde romper con la pobreza, formar empresa, ser innovador, cumplir sueños es sinónimo de enfrentarse a todo tipo de adversidades. Qué alegría ver ídolos y ejemplos para las nuevas generaciones que representan tantas virtudes individuales pero también tantos valores unidos. Estos héroes y los muchos que ustedes deben tener cerca son los que nos llenan de esperanza para seguir trabajando por una Colombia diferente.
