El deporte, la primera estrategia educativa que debe tener un país

7 de noviembre del 2019

Por: Ernesto Lucena.

El deporte, la primera estrategia educativa que debe tener un país

La educación y el deporte tienen una relación insoluble. El deporte fomenta hábitos de compañerismo, lealtad, trabajo en equipo. Es una escuela de solidaridad; una herramienta para que se formen, desarrollen y mejoren las capacidades de un individuo. Como lo destacaron Roberto Aguado, Andrés Ponce y Juan Manuel Gea en su texto La transmisión de valores a través del deporte: “Incide especialmente en valores como el respeto de las reglas, el juego limpio, la integración, la participación conjunta de chicos y chicas, la coeducación, el carácter no competitivo y la interrelación positiva de convivencia; para que niños y niñas aprendan a encontrar en los participantes de otros colegios compañeros de juego”.

Desde tiempos remotos, el deporte viene formando parte de la educación y la cultura de la humanidad. Lo lúdico aparece como un signo de transcendencia, como sueño de amor y heroísmo, tal como defendió el mismo Huizinga en El otoño de la Edad Media. Pero según queda evidenciado en el libro de la Historia de educación física y el deporte a través de los textos, escrito por Miguel Betancor León y Conrado Vilanou, ante el deporte y la actividad física “siempre oscilaron sentimientos de desprecio o simple rechazo, por motivos puritanos, ascéticos, místicos o moralistas”, tanto que en el siglo XIX se suspendió “la labor creativa del juego en beneficio de los intereses económicos del capital”.

Sin embargo, en las últimas décadas el papel del deporte y la actividad física en la educación ha contado con un auge importante, que ocupa un lugar privilegiado que permite conformar y consolidar el proyecto de vida de un joven, además de transmitir las habilidades, modelos de pensamiento, conocimientos y valores. Para que se tenga una idea, un estudio realizado por la Universidad de Granada, en España, confirmó que los valores que se encontraron más consolidados en el currículum de los niños que practicaban la actividad física fueron:   cooperación, autonomía, tolerancia y participación.

En otras palabras, el deporte favorece el desarrollo motor y psicomotor, la relajación del estrés cotidiano, el complemento de ocio; hasta ser considerado útil, finalmente, como medio de estimulación del ánimo de vida y “de activación psicosocial en la vejez, sin olvidar otros muchos beneficios para la salud física y mental”, como bien lo resalta Melchor Gutiérrez Sanmartín en el texto El valor del deporte en la educación integral del ser humano. Que es esa misma concepción que tenemos en el Ministerio del Deporte, desde donde propendemos por la formación integral de las personas, con nuestro acompañamiento constante. Para ello tenemos programas como Colombia, tierra de atletas; Supérate Intercolegiados; Campamentos Juveniles y Nuevo Comienzo, entre otros.

Practicar algún deporte o ejercer actividad física, en general, desde temprana edad es vital para que virtudes como la perseverancia, esfuerzo, espíritu de sacrificio o capacidad de renuncia sean resilientes al fracaso, estén mejor blindadas ante los señalamientos, críticas o juicios y permitan levantarse, mirar al frente y seguir escalando, en búsqueda de sus metas, sin importar cuán grande sea el obstáculo que se está atravesando.

El deporte es, sin lugar a dudas, la primera estrategia educativa que debe tener un país, porque es en estos escenarios donde el cerebro se enfrenta a nuevas fronteras para abrirse ante diferentes retos, desafíos que son fundamentales para que las personas sepan cuál es su hoja de ruta en la vida. Implica desarrollar una sinergia positiva que le ayudará a ser cada día mejor, se convierte en un instrumento de maduración personal, no en vano la afirmación del Instituto Nacional Americano de la Salud Mental, que indicó que la actividad física reduce la ansiedad, disminuye la depresión moderada, mejora el bienestar emocional y aumenta la energía.

Pekka Oja y Risto Telama, quienes recogieron conclusiones del Congreso Mundial de Deporte para Todos, celebrado en Finlandia en 1990, destacaron que el deporte es fundamental para el desarrollo integral de la persona. “Para cada una de sus áreas del desarrollo, tanto para las físicas como psicológicas y sociales, además de poder influir sobre el desarrollo moral y la promoción de diversos valores sociales y personales”.

Así mismo, derrumba muchas barreras mentales que se han creado con el paso de los años en la sociedad. En el juego no priman razas, creencias, religiones, colores o estratos. Las diferencias se materializan con marcas, tiempos, récords. Pero lo que realmente estimula es que se mejoran las capacidades de interacción con los demás, logrando unos buenos niveles de integración.

Como bien lo describió la escritora danesa Karen Blixen: “Lo mejor de mi naturaleza se revela en el juego, y el juego es sagrado”. Y eso es lo que es la naturaleza de la práctica deportiva: un juego. Pero este no solo fomenta la convivencia y el respeto por los demás, sino que de igual manera, sirve como terapia para reducir los niveles de estrés, ansiedad, trastornos del sueño y algunas dolencias a nivel físico y mental, además de generar bienestar psicológico y reducir el riesgo de algunos problemas de salud.

Por eso es que el deporte, la recreación y la actividad física funcionan como un eje académico, de cohesión social, de salud, que se convierte en una ruta transversal para la sociedad. Porque además de potenciar, fomentar e impulsar estrategias y competencias nuevas para diferentes aspectos, también funciona para que la persona guíe su vida con tranquilidad y armonía, y pueda transmitirlo a los demás. Cada juego o competencia significa un nuevo RETO, en el que la resiliencia, la empatía, el trabajo en equipo y el optimismo se convierten en motores para superarse a sí mismo y, de paso, enseñar con el ejemplo.

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