El detrás de cámaras de una pelea

13 de julio del 2014

“Ni Yamid Amat y sus amigos son unos salvajes, ni las supuestas víctimas son inocentes muchachos.”

Mucho se ha escrito y comentado sobre la trifulca en la que participaron un grupo de “notables” colombianos en Brasil. En el marco de la celebración del mundial de fútbol, se conoció de la ocurrencia de tan penoso incidente. El video que daba cuenta de lo sucedido se volvió viral, y el país en pleno, por cuenta de la capacidad de difusión de las redes sociales, se enteró de lo acontecido.

Desde todos los flancos y medios de comunicación, se alzaron voces condenando a los protagonistas. El juicio inquisidor no se hizo esperar: nadie mencionó a los “ilustres desconocidos” que hacían parte del reparto. Todas las miradas y la artillería se concentraron en los hijos del Presidente (que ni siquiera aparecen en el video), el periodista Yamid Amat Jr, los actores Manolo Cardona y Carolina Guerra, y el vicepresidente de Pacific Rubiales, Federico Restrepo.

Como si se tratara de un tribunal absolutista y tirano, los implicados no tuvieron la posibilidad de defenderse. El dedo acusador se posó sobre ellos cual espada de Damocles y nadie estuvo interesado en contrastar la información, principio ineludible del periodismo responsable. Se dio por descontado desde un principio que la pelea había sido iniciada por los famosos, con el único propósito de ejercer actos claros e inequívocos de poder.

Nada más alejado de la realidad: ni Yamid Amat Jr. y sus amigos (en adelante el grupo A) son unos salvajes arrogantes, ni las supuestas víctimas son unos inocentes muchachos (en adelante el grupo B). La historia real es esta:

En un conocido y concurrido restaurante de Río de Janeiro (Porcao), se encontraba departiendo alegremente el grupo A. Había motivos para celebrar: Colombia obtenía históricos resultados en la gesta futbolera. En otra mesa aledaña, se encontraba el Grupo B. De un momento a otro, los primerosempezaron a recibir ataques injustificados de los segundos. Los improperios no se hicieron esperar y fueron los hijos del Presidente los receptores principales de insultos de grueso calibre contra el primer mandatario, impronunciables en este espacio.

El grupo B se jactaba de su militancia en el uribismo, mientras recriminaba al grupo A por su pertenencia al santismo. El ambiente se puso tan pesado que tanto Amat como Restrepo les pidieron a los hijos del Presidente que abandonaran el lugar mientras llegaba la cuenta. Los hermanos Santos soportaron la andanada de manera estoica y partieron sin musitar palabra.

Fue entonces cuando Manolo Cardona se acercó a los agresores y en tono conciliador les pidió que se calmaran, recibiendo como respuesta una bofetada, situación que desencadenó la ira de uno de los hermanos de Cardona, quien procedió a asestarle un par de trompadas al verdugo del actor.

Luego de un cruce de golpes, la pelea se detuvo por petición de Amat y de Restrepo, quienes intervienen para evitar que el asunto pase a mayores. A los desadaptados que iniciaron el “bochinche” ni siquiera les importó que varios de los miembros del grupo A hubiesen estado acompañados por sus pequeños hijos.

Una vez hubo amainado la tormenta y cuando todo parecía haber terminado, uno de los sujetos del grupo B, le propina a Federico Restrepo un golpe por la espada. Obviamente, todos reaccionan airadamente, y ocurre lo que ya el país conoce: la escena de los platos volando por los aires. Es justo en ese instante, cuando la cinta empieza a rodar, extrañamente no hay evidencia documental de los hechos ocurridos con anterioridad.

Varias enseñanzas quedan:

-El hecho de no estar de acuerdo con alguien no es causal que pueda justificar ese tipo de ataques.

-Los medios de comunicación en Colombia perdieron el norte y están más pendientes del escándalo que de la verdad real.

-No por el hecho de ser una figura pública una persona está obligada a soportar vejámenes y atropellos.

No soy abogado de los aquí mencionados, simplemente creo que no se puede condenar a nadie sin formula de juicio.

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