El día que Timochenko partió pal monte

26 de abril del 2017

Jorge Rojas Rodríguez, quien lo despidió esa noche, lo entrevista 40 años después.

El día que Timochenko partió pal monte

-Hace 40 años Rodrigo Londoño y yo estudiábamos en el mismo colegio, dos jóvenes que queríamos cambiar el mundo. Rodrigo tomó la decisión de ingresar a la guerrilla y yo opté por la palabra y no la violencia. Nos separamos  y nos volvimos a ver 40 años después en La Habana, él como jefe de las Farc y yo como activista de paz.

Es el resumen más apretado que podía hacer el periodista Jorge Rojas Rodriguez (fue secretario del alcalde Petro) sobre su diálogo de una semana entera con Timochenko, “el último guerrillero”, según titula su libro (ediciones B) que presentará por estos días en Bogotá.

Londoño y Rojas se pusieron de acuerdo para empezar a hablar desde aquél momento en que se despidieron, hasta el día que se firmó la paz.

Le contó algunos detalles cuando se reunió con el expresidente Carlos Lleras Restrepo, para hablar de paz, en los tiempos de Turbay Ayala. Y la vez que estuvo a punto de frenar cualquier proceso de paz cuando la muerte de Alfonso Cano. Y sobre secuestros, extorsiones, masacres, homosexualismo, machismo. Habla sobre su hija.

-Me contó la historia de un comandante guerrillero  muy valiente pero “matoniado” porque era  homosexual.

¿Quién es el verraquito que se va conmigo?

De pronto irrumpió en la “Casa del Pueblo” el médico Santiago Londoño, un prestigioso y acaudalado cardiólogo, admirado y perseguido en la región por su declarada amistad con la revolución cubana. Traía en sus manos, como si fuera un trofeo, un morral de lona color verde oscuro y un par de botas negras pantaneras. Se paró al frente de la reunión de militantes del partido y de la Juventud Comunista de Quimbaya, que se hacía todos los sábados a las siete de la noche con la religiosidad de una misa, y preguntó en voz alta:

¿Quién es el verraquito que se va conmigo?

Del fondo del salón se levantó Rodrigo y marchó al frente con orgullo y en silencio. Tomó el morral, que estaba desocupado, y lo acomodó en su espalda. Después recibió las botas con la mano izquierda y enseguida levantó la otra mano con un gesto que simbolizaba al mismo tiempo victoria y despedida. Luego se subió en la parte de atrás de una vieja camioneta que alcanzábamos a divisar estacionada frente al local del partido.

La noche de ese sábado 3 de abril de 1976 era alegre y bulliciosa en Quimbaya, un municipio del departamento del Quindío, empotrado en las ladera de la cordillera central, que por esos días disfrutaba de una bonanza cafetera, gracias al incremento de los precios del grano en los mercados internacionales. Afuera se escuchaba música de Los Graduados y se percibía la algarabía de unos jóvenes que iban rumbo a las discotecas y los bares. Adentro, otros jóvenes imberbes y unos hombres curtidos en las faenas del campo y de la lucha agraria guardábamos silencio y contemplábamos absortos la escena.

Alt Farc Timochenko

La hija de Timochenko

El exjefe guerrillero habla sobre su familia y en un capítulo profundiza acerca de su única hija “y la tragedia tenaz que rodea la historia, con un final que aún no es feliz”.

-Alguna vez tuve una relación, y había el interés de tener un hijo. Mejor dicho, me convencieron, y yo dije: Bueno, yo lo tengo sobre la base de que esté en un sitio donde se le garantice su futuro. Y que nunca le vayan a negar quiénes son sus padres. Y así es, y me apoyé en mi hermano de Palmira. Que yo sabía que adoraba a los hijos, tenía una posición económica más o menos, y estaba seguro de que nunca le iba a negar ver a los padres. Ese es el ideal ¿no?. Así es que tengo la niña.

Siempre hay un drama, dice Londoño. La vida no se puede planificar, la vida no es como una carrera de ciclismo. Vamos a echarla por aquí y por acá. Entonces infortunadamente hubo dificultades en la relación con la mamá. Y la mamá tuvo un problema y salió de la guerrilla, licenciada por un problema que tuvo en una pierna. Y entonces…pues uno no sabe el problema de los seres humanos.

Ella se fue donde mi hermano y se llevó la niña sin concertar con ellos nada. Los engañó y se llevó la niña. Eso generó un drama en ese matrimonio tremendo. Mi hermano se estaba alcoholizando. Se le destruyó la vida como matrimonio, como familia, como todo.

Y la mamá se llevó la niña. Mal hecho y todo pero es la mamá, aunque eso no se podía haber hecho de otra manera.

Por ese entonces comenzó a presentarle ante sus amigos como hija nuestra, no ocultó de quién era hija. Y en aquella época había una estrategia para tratar de doblegarnos y era secuestrar familiares de los dirigentes guerrilleros. Ahí es cuando le secuestran una hermana a Catatumbo, secuestran la mamá de Iván Márquez, secuestran también a los familiares de Alfonso Cano. A ella intentaron secuestrarla también.

Según la información que yo tengo, intentaron secuestrarla y todo se supo porque les falla el operativo, se reventó  una granada. Entonces la mamá acudió a la Cruz Roja. Yo no sé si mencionar ese nombre . Me lo encontré en Cartagena el día de la firma de la paz y yo siempre había pensado, si me lo encuentro algún día tengo que agradecerle personalmente la gestión que hizo. El fue el consejero de paz cuando Samper, se llama Daniel García Peña.

Daniel ayudó en al gestión para que la mamá y la niña salieran del país. Salieron exiliadas. Y pasaron situaciones tremendas y siguen pasando. Pero bueno, han salido adelante, gracias también a que mi hija ha sido una mujer, una muchacha muy fuerte, ya tiene treinta y un años. Tiene tres hijos y los ha sacado adelante con mucho sacrificio y mucho esfuerzo y la frustración es que uno nunca pudo hacer nada más que de pronto, de vez en cuando, darle un apoyo moral.

-En la extensa entrevista, Timochenko es categórico: “No volveremos a la guerra”. Dice

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