El embudo venezolano y el silencio santista

9 de junio del 2013

El embudo venezolano y el silencio santista / Columna de Fernando Fernández.

“…la duda no es si Maduro tiene sus días contados sino más bien cuantos le quedan.
Solo es una cuestión de tiempo que la falta de legitimidad política y la crisis económica se combinen para provocar un estallido de descontento popular que desmorone su gobierno.
…sería sólo el prólogo a la imposición de una dictadura cívico-militar apoyada en una represión generalizada”
Román Ortiz

 

Los gobiernos totalitarios, así como los aspirantes al nefasto adjetivo, tienen lamentables características, una de ellas es exportar su sistema político a otras latitudes, comenzando por el vecindario, con el ánimo de hacer partícipes a otros Estados del bienestar que presumen tener en sus satrapías y, también por supuesto, para expandir su radio de poder allende sus oprimidos territorios.

Algunos lo hacen insuflando dineros, otros buscando aliados para sus insufribles ideologías y no faltan quienes por la vía expedita del militarismo. Ejemplos por desfortuna sobran: Cuba, Irán, Rusia versión anterior, Venezuela, China, Siria, Corea del Norte…

Otra característica, la que permite apuntalar sus calamitosos regímenes, es atajar brotes de opinión ligeramente diferentes del establishment; por eso sus enemigos naturales son la prensa; sus periodistas son encarcelados, forzados a silenciarse o a partir del país, o sencillamente asesinados. Esta brutalidad e impedimento a la libre expresión se ejerce en nuestros días dándoles halos democráticos: impuestos desmesurados, multas, nacionalizaciones de los medios de comunicación, compra de los medios por allegados al poder, cese o no renovación de licencias de funcionamiento, acusaciones de traición al Estado, obstaculización de acceso al papel o a internet, diligencias burocráticas a ultranza, etc. Diferentes máscaras con el mismo objetivo: engatusar al ciudadano con excusas “democráticas” que den apariencia de buena fe. Luego a estos mismos señores que han aniquilado los medios independientes, restringido la libertad de expresión se les premia: Hugo Chávez acaba de ganar póstumamente el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar de Venezuela.

Venezuela, sabido es, exporta petróleo: cobrado a algunos, regalado a otros; y tiene como segundo renglón de exportación el Socialismo del siglo XXI; ambas mercancías torpemente manejadas, pero utilizadas con el mismo fin: establecer un comunismo, copia conforme cubana, perpetuo en su suelo y arraigado en el resto de Latinoamérica. Sueñan sus dirigentes-creadores en constituirse en el geocentro de este fracasoso modelo socio-económico.

Y la gran metodología de implantación, aparte de la propagandística, consiste en evitar que alguien pueda criticar sus acciones; cualquier intento se tilda, ipso facto, de confabulación con el imperio, lacayismo norteamericano e injerencia indebida en sus soberanos asuntos. Por supuesto, este principio no es recíproco, se utiliza con desparpajo y simplismo la técnica del embudo. Sí, esa con el ancho para ellos y lo angosto para los otros. De tal manera que la satrapía venezolana puede opinar, repudiar, intervenir en los demás Estados y no el caso contrario, so pena de injurias, bravuconadas, sanciones, rompimiento de relaciones comerciales, retiro de embajadores. Con Colombia este embudo es permanente y pernicioso. Recientemente en el encuentro de Santos con el opositor Capriles –despojado tramposamente del triunfo electoral como presidente del país bolivariano–, escuchamos a Diosdado Cabello, presidente de la asamblea venezolana, y luego seguido por Maduro chillar aterrados por el acto de descarrilamiento y puñalada, así lo denominaron, y llamaron a Colombia y a su embajador al orden, no sin antes amenazar con retirar el apoyo que los émulos de Bolívar dizque dan a la dudosa paz de nuestro país; es decir, intimidan con dejar de instar a sus aliados farquianos a continuar con el proceso. Todo esto sin recordar que el gobierno venezolano sí tiene derecho de opinar sobre la participación de Colombia en la Otan, o el derecho de recibir a la oposición (Capriles), sin importar que en el pasado reciente hayan recibido a la opositora Teodora (alias “Piedad Cordoba”), ni que hayan patrocinado al cruento guerrillero Reyes, ni que hayan erigido altares a Tirofijo en Caracas, ni que hayan tendido tapete rojo y asilo cómodo en Venezuela a muchos guerrilleros como Iván Márquez, o que se nieguen con pretextos fútiles a extraditar a guerrilleros (ie. el guerrillero guitarrista).

Y Colombia callada, Santos en modo mute, manso y cómplice, para no “delicar” a sus nuevos mejores amigos, de quienes no ha logrado ni que paguen la totalidad del monto que adeudan a Colombia por sus bonachonas exportaciones, que ahora candorosamente parece van a reanudarse.

Las razones por las cuales Santos recibió a Capriles son muchas y no solo aquellas que vemos de primera mano como el libre ejercicio democrático; hay más, con explicación en su anhelo reeleccionista, algunas son patentes como su habitual jugada de póker, pero sobre todo el atestar un golpe de opinión que lo propulse y haga olvidar: que arteramente se alió con el chavismo; que calló la evidente complicidad y apoyo del extinto comandante Chávez a las Farc; que enmudeció frente a todo lo que por años vehementemente denunció cuando fungía de periodista (y preparaba su unción presidencial); que cerró los ojos al fraude y aceptó la presidencia de Maduro con alguna sugerencia de reconteo que no condicionó como requisito previo a su posesión; que no se pronunció sobre la alianza del chavismo con Siria, Irán y otros tantos estados antidemocráticos; que dice que su reclamos son fuera de micrófonos y en la diplomacia, para enmarañar y difuminar la discusión; que no tuvo reacción firme a la intrépida e infundada acusación de sicariato del expresidente Uribe contra Maduro, y prometió tratar el tema en los camerinos (los del olvido). Mejor no hacer nada que pueda contrariar a sus antinaturales amigos, es su lema.

Pretende la “gobernanza” venezolana que no haya injerencia en sus políticas autocráticas ni en sus claras restricciones a la libertad, y pretenden estos señores bolivarianos que sus designios sean acatados por Colombia, so pena de señalar una intromisión indebida, un descarrilamiento de las relaciones, y chantajear la paz de Santos; por fortuna, este ya se dio cuenta de que actualmente Venezuela necesita más a Colombia que al contrario y que puede traicionar a sus amigos bolivarianos, ya que el papel higiénico y los productos de primera necesidad de los que absurdamente escasea el país cubanizado son de fácil acceso aquí por la distancia, la logística y el precio.

Y es que también olfatea Santos que ese gobierno venezolano pegado con las babas de san Hugo tiende a eclipsarse en la medida en que pierden credibilidad los ilusorios complots de desestabilización maquinados desde el extranjero y los intentos de asesinato del presidente de los que frecuente y falazmente advierten; y, entonces, se abre paso a la realidad pura y dura: el descontento general por la mala gestión, el despilfarro, el regalo del petróleo a países obedientes, el malgasto en mortíferos juguetes bélicos, la inseguridad rampante, la inflación galopante, el catastrófico control cambiario, la influencia y dominancia cubana, el desabastecimiento, la infame “cartilla de razonamiento” que por estos días se está implantando, y las divisiones de poder y rapiña dentro del mismo partido. Así las cosas, se dirá Santos: mejor comenzar a tratar con el eventual sucesor; sin contar con alguna “sugerencia” que pudo recibir del vicepresidente estadounidense que ha poco estuvo de visita por nuestras tierras. ¿Hasta cuándo durará esta trama en donde se advierte más juego táctico que verdaderas convicciones? Probablemente hasta que en el discurso desenmarañemos nítidamente a Maquiavelo por voz de JJ Rendón su asesor de manipulación (perdón, de imagen).

Pero, de otra parte y a no dudarlo, sobre esta “incorreción” de recibir a Capriles, ya Santos pronto se doblegará y en una nueva jugada nos explicará que para “equilibrar” oposición y oficialismo recibirá a Maduro; para eso nos prepara, con lo cual legitimará, como ya lo hizo en Unasur, el fraude electoral venezolano; que no es trampa repiten los áulicos chavistas (ie. nuestro William Ospina), sin aclarar, que de no serlo, por qué no permitir un reconteo exhaustivo de urnas con supervisión y auditoría internacional neutra (sin el amangualamiento boliviano, nicaragüense, argentino, ecuatoriano, cubano).

De colofón, una frase de Yoani Sánchez, la disidente cubana, tantas veces atropellada y repudiada por luchar a favor de la libertad de expresión en su tiranizado país: “Ustedes los venezolanos están viendo como les construyen la jaula que nosotros padecemos desde hace cincuenta y ocho años, luchen ahora por la libertad mientras puedan porque de lo contrario empezarán a esperar que alguien les lleve agua y alpiste”.

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