El falso engaño al alcalde Petro

3 de enero del 2013

El 26 de diciembre falleció un personaje muy especial en la vida de mi familia, como de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Después de una hora de una cirugía de urgencia por una sorpresiva complicación en el páncreas, finalmente dio su último suspiro este excepcional amigo. Y digo excepcional, porque eso exactamente fue. Lo […]

El 26 de diciembre falleció un personaje muy especial en la vida de mi familia, como de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Después de una hora de una cirugía de urgencia por una sorpresiva complicación en el páncreas, finalmente dio su último suspiro este excepcional amigo. Y digo excepcional, porque eso exactamente fue. Lo conocimos hace cerca de doce años y durante todo este tiempo recibimos de él las mejores y más sinceras manifestaciones de amistad. Fue un bravo, aguerrido y sincero amigo.

Comienza un nuevo año, por eso no puedo menos que desearles lo mejor a quienes han tenido el gesto de generosidad -que agradezco mucho- de leer mis columnas. Deseo que sus vidas estén colmadas de muchos amigos como Simón. Ese era su nombre.

Le deseo, por ejemplo, al alcalde Gustavo Petro que se rodeé de verdaderos amigos para enfrentar con carácter y capacidad los no pocos e importantes asuntos pendientes que le competen. También que él sea un verdadero amigo de los colaboradores escogidos.

Los medios de comunicación vienen dejando registro de una evidente división en el gabinete del alcalde con ocasión del anunciado desastre de las basuras. Durante las semanas de descanso del Alcalde Mayor, el Secretario de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, colaborador estrella del mandatario distrital, y curtido político tolimense, hijo de la dirigente política Hilda Martínez de Jaramillo y hermano del Senador Mauricio Jaramillo, ha venido haciendo pública su apreciación según la cual el gerente general de la EAAB, Diego Bravo, habría engañado al alcalde Petro y a todo el gabinete distrital con ocasión de la puesta en marcha el tristemente famoso esquema de aseo para Bogotá creado por el Alcalde. El funcionario remata poniendo de presente públicamente el deber de renunciar de su compañero de gabinete.

Ese episodio nos hace reflexionar sobre el valor de la verdad y de la lealtad en el escenario de la política y manejo de lo público. En últimas, de la razón de ser y propósitos de la amistad en este contexto. La adulación, la mentira, el engaño y el abuso no son evidencias de la amistad. Los amigos actúan siempre con diligencia, dedicación,  y lealtad.

De forma temprana el suscrito se unió a algunas otras voces que advertían  con claridad de forma directa al Alcalde Mayor de la trampa en la que estaba cayendo en el caso de las basuras. Luego, casi todo medio de comunicación lo hizo también. Más tarde, hasta los órganos de control (Procuraduría, Personería, Contralorías, Veeduría, Superintendencias, entre otros) se pronunciaron unánimemente, advirtiendo lo mismo. Ni el alcalde ni sus colaboradores prestaron atención al fondo de nuestras oportunas advertencias. En lugar de analizarlas para haber podido reflexionar sobre ellas y corregir a tiempo los desajustes, optaron por acusar con ligereza a sus críticos de ser defensores a sueldo de los operadores de aseo, de enemigos políticos del alcalde, o de ambos. Los hechos demostraron que nos asistía plenamente la razón.

Haciendo caso omiso a todas las advertencias hechas, el Alcalde y todos sus colaboradores (EAAB, UAESP, Aguas de Bogotá y asesores contratistas) frente a la crítica aligeraron el paso para comprometer irresponsablemente cuantiosos recursos públicos. Más de cien mil millones de pesos se dedicaron a contratar consultorías, compra y alquiler de vehículos, vinculación de personal, emisión de campañas publicitarias, etc. Esos recursos bien aplicados, habrían solucionado de lejos lo ordenado por la Corte Constitucional a favor de la población recicladora de oficio en estado de vulnerabilidad.

Todo terminó en la promoción de los bodegueros, quienes no se olvide son objeto de todas las denuncias de explotación por parte de los recicladores, y en la vinculación de nuevo de quienes estaban prestando el servicio de aseo. Los hechos comprobaron que prestar el servicio de aseo no es una sencilla actividad de transporte en volquetas como muchos sostuvieron en la Administración Distrital.

El Secretario Jaramillo tiene toda la razón en señalar que se produjo un inexcusable engaño. Se equivoca, eso sí, en advertir que los engañados fueran el alcalde Petro y su gabinete. Los engañados acá fueron los bogotanos, por parte de toda la Administración Distrital. No vayan a decir que todo sucedió a espaldas del mandatario y su equipo. Los periódicos y emisiones radiales dan cuenta de que esa excusa no cabe en este caso.

Pueda ser que los oportunos anuncios y advertencias de orden disciplinario, fiscal y penal de los órganos de control frente a este engaño público no se queden en eso, y respondan lealmente a los colombianos, ejerciendo sin titubeos politiqueros sus funciones constitucionales y legales frente al desastre ya consumado. También pueda ser que el alcalde ponga al frente de temas tan complejos como el aseo a colaboradores amigos, pero verdaderos conocedores de esos asuntos. La ciudad no resiste más improvisación. La amistad no es suficiente para gobernar.

Hablando de otro tema, anticipo desde ya los nefastos efectos que tendrá la negligencia en la EAAB. Esta empresa no pudo sacar adelante la tarea encomendada por el alcalde en materia de aseo, ni tampoco la propia en materia de la contratación de los nuevos gestores de agua. Gracias a eso, la empresa debió volver a su pasado sin gloria en el que los exagerados costos laborales la venían desangrando y acabando. Gracias a que pasó un año sin que se hiciera la licitación debida, la empresa retrocedió diez años. En breve, las tarifas del servicio de acueducto y alcantarillado reflejarán ese nuevo descalabro distrital. Nuevamente los usuarios resultamos pagando los platos rotos de las demoras deliberadas de esta Administración.

@RFHerrera

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