El horrible maletín naranja en Bogotá

22 de marzo del 2019

Opinión de Javier Borda

El horrible maletín naranja en Bogotá

Ya todos odiamos el plástico. Uno hace mercado y se siente casi como un criminal al comprar los productos envueltos en ese material que literalmente mata. Y qué decir cuando alguien pide un pitillo en un restaurante, lo vemos casi como un asesino, como un completo desconsiderado. Por eso, mientras el mundo se asquea del plástico, nosotros también tenemos que rechazar los maletines naranja que vemos hoy regados por toda Bogotá.

Además de ser muy feos –porque lo son-, estos maletines de plástico hacen honor a las chambonadas cotidianas que sufrimos actualmente en la capital.  ¿Se han fijado cómo es el proceso? Hagamos este ejercicio: no hay ciclorruta en su barrio o en una avenida importante, entonces a algún funcionario se le ocurre improvisar una ciclorruta de un día para otro, quitando una parte del carril vehicular. Y así no más, en un aspaviento, se estacionan estas moles de plástico para dejarlas ahí, olvidadas, a la intemperie.

Dirán ellos, como siempre, que se hacen estudios previos para proceder, pero parece que no hay tal…

Decía yo que estos maletines son naranjas, pero con semejante contaminación y polución que hay en Bogotá al poco tiempo se ven grises, cochinos. Hasta ratones deben vivir en ellos. Y es tal el desmadre con esto que también los están ubicando para hacer cerramientos, desvíos o suponer un camino peatonal en paraderos de buses.

En respuesta a una queja en Twitter, Movilidad Bogotá contestó que “los maletines naranja se utilizan para implementar pruebas pilotos en las vías de Bogotá, que generalmente ayudan a agilizar el tráfico”. Y puede que sí, pero muchos se han quedado impunes en su lugar, tapando lo que son malas obras, pésimamente diseñadas.

Una arista adicional: cada maletín de esos le vale al Distrito cerca de 350.000 pesos. Multiplique usted eso por una cifra que se le venga a la cabeza y verá el negocio que también hay con esto.

No miento ni exagero en el reclamo: a algunos de estos maletines de plástico ya les está saliendo maleza. En pleno trancón en la autopista norte, de sur a norte, por ejemplo, uno puede ver las ramas a la distancia.

Es agotador el nivel de chambonadas que se hacen en Bogotá. Y no solo de Peñalosa ahora, sino de Petro y otros tantos que precedieron. ¿Se ha dado cuenta de que ahora entregan las vías sin pintar los carriles?

El caso es que mientras el mundo se asquea de plástico, en Bogotá parece que nos encanta encontrarnos con él. Quizás no sea mucho en cantidad, pero eso tampoco lo justifica. Estos maletines no pueden seguir al antojo de soluciones pasajeras.

En Twitter: @javieraborda

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