El huracán Francisco

El huracán Francisco

12 de septiembre del 2017

Por Daladier Osorio A.

Por su afortunada ubicación, Colombia está libre de huracanes, tormentas,  tsunamis y demás desastrosas manifestaciones aterradoras, desatadas de las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, un huracán humano llamado Francisco, llegó hace cuatro días para “zarandearnos” a todos, comenzando por la Iglesia Católica y provocar un terremoto emocional, cuyos efectos no se sabe cuándo comenzarán a manifestarse no sólo en la propia Iglesia sino  en todo el país y, seguramente, en otras regiones del mundo.

Porque conociendo al Papa, seguramente seguirá aplicando su demoledor sistema de llamar las cosas por su nombre y decirle al “pan pan y al vino vino”. Aquí todos ganamos y todos perdimos. Ganó el país que escuchó perfectamente sus palabras que son claras como el más fino de los manantiales. Él no habló para que no le entendieran, como lo hacen tantos dirigentes que desgastan sus palabras con eufemismos para que no los entiendan o para no herir a nadie.

Francisco vino para poner claramente los puntos sobre las íes. Y lo hizo tan nítidamente que todo el mundo quedó feliz con lo que dijo. Parece ser que todos están de acuerdo con los severísimos cuestionamientos a la actual situación del país comenzando por sus reparos al proceso de paz. Porque lo que él quiere es lo que deseamos todos los colombianos: “una paz libre y verdadera”. Para solo hablar de uno de los muchísimos temas que encaró con una franqueza y sinceridad nunca vistos en un sucesor de Pedro.

Del papa Francisco puede decirse que  vino, vio y repartió mandobles a diestra y siniestra y troche y moche.

Y como siempre la visitas de un personaje como el Papa provocan admiración, emoción, desconcierto, molestias. Como siempre los colombianos y aún muchos extranjeros se movilizaron en masa para llenar las calles y convertir las avenidas en auténticos ríos humanos. Así ha sucedido con los tres líderes espirituales que nos han visitado.

Que no falten los lunares en este inventario. Un par de notorias situaciones causaron gran molestia en los  ciento de miles de colombianos que virtualmente “se entregaron” al Papa durante sus  visitas a Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena.

Lo ocurrido en la capital paisa cuando el gobernador de Antioquia, Luis Pérez y el alcalde de Medellín. Federico Gutiérrez, prácticamente “detuvieron” al papa Francisco para imponerle el carriel , el poncho y el sombrero aguadeño. Que incidente más penoso. No da pena decirlo. Y explicamos: mientras el primero, Pérez, ponía el sombrero al Papa, el alcalde se dedicó a acomodarle el carriel y a explicarle para qué servía. Suponemos que le indico hasta como se cerraba y dónde quedaba “la secreta” que la traen todos los guarnieles hechos en piel de nutria.  Se estaba demorando tanto en esta diligencia el alcalde Fico que al Papa se le vio sonreír discretamente (como solo él lo sabe hacer) y con la misma paciencia el pontífice se encargó de la tarea de cerrar el carriel.

El otro lunar –aunque menos notorio– tampoco deja bien parado a aquellos que se las dan de conocedores del protocolo. En esta ocasión la protagonista fue una monja que “a la brava” quería regalarle al Papa una camiseta del Club Atlético Nacional sin reparar que no estaba en su estadio ni se iba a jugar un partido de fútbol. La camiseta fue “confiscada” por uno de los guardianes del Papa.

Cosa distinta fue la que ocurrió en La Nunciatura Apostólica donde Francisco recibió como regalo una hermosa ruana, la que se puso de inmediato porque estaba haciendo mucho frío.

Un huracán llamado Francisco, el heredero número 266 de las sandalias del pescador, pasó por esta patria querida y marcó impronta en la historia de Colombia!

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