El idioma del amor

El idioma del amor

6 de febrero del 2018

El regreso de Miguel Ángel Russo a Colombia sacudió corazones, no solo azules. Su rostro golpeado y sus ojos abatidos hablaban de una historia que su boca no había querido contar, hasta ese día.
 
Miguel Ángel, el campeón de Colombia, aquel que un día miró el continente desde la cima y besó la Boca del edén, volvía a la tierra que conquistó, para decir gracias. A Millonarios, primero, por cuidarlo con algo que parece tan simple y es supremamente difícil de hallar: el silencio. 
 
Silencio para respetar su deseo de no mirar hacia atrás, para honrar su anhelo de pelear hasta el final. Russo tenía cáncer pero quería jugar. Su vida peligraba pero nada traía tanta paz a su alma como saltar a la cancha y sentir que sus pies retumbaban al son del cantar del Campín mientras sus ojos perseguían su mejor amiga: la pelota.
 
Silencio para guardarle la espalda, para no hablar de algo que él que no quería que se hablara. Un amoroso silencio que le permitió dar su batalla dónde, cuándo y con quienes debía darla. Un silencio que le ayudó a ganarla. 
 
Un mes después de un título que fue mucho más que eso, otra vez de azul, con su cuerpo machacado y su cara atestiguando la dureza de la batalla, Russo, entre lágrimas, confesó: ‘Esto se cura con amor’. Hablaba, principalmente, del amor de Dios. Aquel a quien Miguel Ángel encomendó su vida cuando ya no se sintió dueño de ella. El mismo que le acarició el alma dándole una estrella que le iluminó el camino de la supervivencia. 
 
Y es que Russo nunca se entregó. Aún en las tardes de mayor soledad y angustia puso en un papel sus planes para Millonarios, sus sueños de gloria. Sus motivos para seguir aquí, aferrado a la vida. Al final, eso era lo que siempre había hecho: ganar en los escenarios más adversos. Como aquella noche del 17 de diciembre. 
 
Su valentía conmovió a todos y las manifestaciones de respaldo no tardaron. Sin importar colores; equipos, jugadores e hinchas de Colombia, Argentina y varias partes del mundo alzaron la voz para que el entrenador rosarino sintiera el abrazo de todos aquellos que tienen mucho que agradecerle. Como dijo su oncólogo Carlos Castro, no solo nos enseña fútbol, nos enseña cómo vivir. Nos enseña Russo, el idioma del amor.

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