El gran héroe de mentiras

7 de febrero del 2015

“Reseña crítica del libro “El impostor” de Javier Cercas.”

“El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente, que hasta finge que es dolor.

El dolor que de verdad siente”

Fernando Pessoa

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El reciente libro de Javier Cercas (España, 1962) nos da parte del trajinado caso de Enric Marco; un español nacido en 1921, y aún en vida, que decidió novelar su existencia, recrearla e inventársela bien diferente a la que había vivido. Un embustero de la gran galería universal.

En la realidad se trata de un hombre corriente que tuvo la desdicha de nacer en una época de desbarajuste político de la historia de España: la guerra civil, la post guerra, el franquismo, la transición y finalmente la democracia; en ello transcurrió su vida. Vida que sobrellevó con sumisión a las desventuras e inclemencias que marcó Franco durante 40 años de dictadura. Marco tergiversó su vida al igual que muchos otros españoles adulteraron su pasado: cuando la democracia llegó se presentaron como opositores al régimen con el cual habían colaborado por mera supervivencia o por concordancia con esa tiranía.

Enric Marco transformó su realidad para presentarla al contrario, mostrarse como opositor al régimen y combatiente clandestino. Poca relevancia hubiese tenido su caso de no haber sido porque escaló muchas posiciones, exageró su (falsa) lucha y se hizo escuchar durante más de medio siglo por audiencias amplias, estudiantiles, gubernamentales e internacionales.

Comenzó incorporando a su biografía actos de oposición al franquismo; se presentó como gran adalid de la libertad y la democracia. Sin duda la mayor añadidura y que a la postre constituyó su perdición fue el haberse inventado una permanencia en el campo de concentración alemán de Flossenbürg; en múltiples escenarios describe con detalle y desparpajo la manera como escapando al régimen franquista se integra a la lucha clandestina de resistencia francesa contra el ocupante nazi, y cómo en Marsella fue atrapado y deportado a Alemania; no se priva de contar las sevicias a que fue sometido por los nazis, la valentía con que los enfrentó, hasta que en 1945 –dice él–  el campo fue liberado por los aliados de la II Guerra Mundial. Apoyó su historia con sofisticados efugios que ratificó en documentos falseados, en sinnúmero de escritos e innumerables pláticas. “Marco construyó discursos con recuerdos de otros”.

La realidad le fue mucho más parca que sus crecidas prédicas y el culto que construyó a su personalidad: nunca estuvo en Flossenbürg, cuando en su juventud pasó por Alemania, fue a Kiel y en calidad de prisionero por delitos cometidos durante el tiempo que permaneció como trabajador voluntario de la industria de guerra del tercer Reich. Un empleo al que accedió gracias a un acuerdo de colaboración entre Hitler y Franco. Es decir, todo lo contrario de un combatiente antinazi.

Gracias a sus habilidades histriónicas, grandes capacidades relacionales y carismáticas, ocupó cargos importantes, entre los que figuran varias presidencias: del reconocido sindicato de la CNT, de la asociación de padres de estudiantes y de la Amical de deportados de Mauthaussen.

Lo extraño es que esta monumental patraña haya podido trascender tanto tiempo y su autor encumbrarse a tan altas instancias; en la cúspide de su gloria fue escuchado por el parlamento español en pleno, quien le acompañó y lloró con él sus apócrifas cuitas pretéritas. “Enric es igual que don Quijote: no se conformó con vivir una vida mediocre y quiso vivir una vida a lo grande; y, como no la tenía a su alcance, se la inventó”.

Mucho ha sido escrito sobre Enric Marco, en particular en el 2005, cuando ad portas de pronunciar en Flossenbürg un discurso conmemorativo por la liberación de los 60 años de ese campo, evento de importancia al cual asistió Rodríguez Zapatero, entonces presidente español, apareció el quisquilloso historiador Benito Bermejo que desenmascaró la farsa; con documentación en mano dejó sin piso la patraña del gran héroe; demostró que nunca había estado en el mentado campo de concentración sino en un centro de reclutamiento alemán por delitos corrientes.

¿Por qué urdió Marco tan intricada red de mentiras?, se pregunta el escritor al tiempo que nos provee algunas respuestas, fruto de sus investigaciones y de entrevistas personales que con él mantuvo. Se trata de un ser ávido –nos indica– de hacerse querer, admirar, un narcisista consumado con una enorme necesidad de exposición ante los medios de comunicación; un afán obsesivo de “posar para la foto” –un mediópata en términos técnicos–, son esas esencialmente las razones y ninguna de orden económico. Sus numerosas charlas, conferencias, entrevistas y viajes no tuvieron finalidad lucrativa, sino fueron guiados por esa obcecación compulsiva de engrandecimiento y reconocimiento público. Un trastorno de personalidad, tal vez originado por una niñez difícil –nació en un manicomio en donde su madre estaba confinada– y una vida ordinaria que lo destinaba a lo anodino y encasillaba en la insignificancia.

¿Cómo pudo Marco sostener una mentira tan monstruosa durante tanto tiempo?  Asimismo el escritor nos aporta algunas respuestas: Marco no sólo es un pícaro sobresaliente sino un fabulador excepcional;  también una mentira entre más enorme, más creíble resulta para el común de los mortales; la ignorancia española de su pasado reciente y del nazismo en particular; y la “sacralización de los testigos”, caso corriente en la justicia: un hábil, malintencionado o pagado personaje hace pasar por verdades aquello que es falso o dar énfasis en lo no esencial haciendo olvidar el contexto. A este respecto el escritor presenta una interesante disquisición que distingue la memoria de la historia: la primera es individual, parcial y subjetiva, mientras que la segunda es colectiva, total y objetiva. Las dos se complementan, pero la memoria es sólo un instrumento de la historia. Sabía nuestro héroe de pacotilla que “una mentira sólo triunfa si está amasada con verdades… las grandes mentiras se fabrican con pequeñas verdades”.

El libro de Cercas es un recuento detallado y extenso de esta historia; hace difusión de este triste hecho teniendo en mente la premisa de Tzvetan Todorov: “Comprender el mal no significa justificarlo, sino darse los medios para impedir su regreso”. Para ello se reunió con el protagonista, buscando entender las móviles que lo condujeron a armar este gran castillo de engaños. Cercas relata su experiencia con Enric Marco, despeja su personalidad y entra en los intríngulis y minucias de este innoble impostor (valga el pleonasmo). Considera que su libro es una novela sin ficción, la ficción la aporta las peripecias del protagonista.

Es entonces el libro un buen ilustrador de este lamentable embuste, y amerita su lectura. Un pesar que por momentos se haga largo debido a las muchas repeticiones de hechos y argumentos, así como el tiempo empleado en justificar la escritura del libro, sobre lo cual nos deja claro fue impulsado por muchas  personas entre las que predomina Vargas Llosa –quien ha escrito varias columnas sobre Marco–; vanidades que poco aportan a la historia y más bien desconciertan al lector. También sobraría un capítulo que elabora un hipotético diálogo con Marco, y en donde con poca sutileza se lustra el ego a través de frases que lo (auto)adjetivan de gran escritor. Esta tarea es mejor dejarla al lector, en la pluma del mismo escritor toma tufillo de ostentación.

A diario escuchamos de quienes nos rodean historias y sucesos grandilocuentes que nos causan risa o producen admiración, ¿cuántas de estas historias, en su mayoría insignificantes y sólo expresadas a título de small talk son verdaderas, cuántas magnificadas o modificadas para producir un mayor impacto expresivo en nuestras contacto social? Y ¿Cuántas veces incurrimos nosotros en lo mismo? ¿Qué tanto tenemos de Enric Marco?

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