El indio derrotó a la china

7 de junio del 2011

Ya para el día de hoy seguramente se habrán confirmado los resultados de las encuestas a boca de urna, en los que se daba ganador al indio Ollanta Humala sobre la “China” Keyko Fujimori. Esta fue una de las elecciones más reñidas de los últimos tiempos en América Latina y tal vez la más polémica por sus implicaciones para una región como la nuestra en la que se ha jugado varias veces el equilibrio entre las tendencias de izquierda, inspiradas en el socialismo del Siglo XXI, como lo bautizó su progenitor Hugo Chávez, y la nueva derecha, liderada por el expresidente Álvaro Uribe y el presidente de Chile, Sebastián Piñera.

En este inestable equilibrio ideológico de América Latina el caso del Perú puede resultar emblemático. La alternativa que se presentó para enfrentar al exgolpista coronel Humala, era la de una joven e inexperta mujer, heredera del poder de su corrupto padre Alberto Fujimori, quien además de muchas faltas éticas y legales, fue el que inauguró la teoría del “todo vale” para derrotar al terrorismo de su país, encarnado en el grupo Sendero Luminoso.

Al comienzo del gobierno Fujimori, todo iba muy bien, su popularidad subió como espuma de cerveza. Logró desarticular a Sendero Luminoso; metió tras las rejas, vestido de cebra y humillado, al todopoderoso Abimael Guzmán, cabecilla de esta guerrilla maoista, una de las más sanguinarias y crueles de América Latina, un grupo que había desestabilizado la economía y la seguridad de Perú, pero que no llegó nunca a los niveles de barbarie de las Farc en Colombia.

Derrotar a Sendero le significó un prestigio suficiente a Fujimori como para querer perpetuarse en el poder y construir un régimen basado en la corrupción del Congreso y la intimidación a los opositores. Fujimori se transformó en un gobernante arrogante, rodeado de aduladores y corruptos y terminó pagando sus culpas mediante un arduo proceso judicial que por momentos se creyó no prosperaría. Hoy Fujimori está en la cárcel condenado a 25 años de prisión, pero aún desde allí pretendió retomar el poder a través de su hija Keyko para seguramente buscarse una amnistía y la restauración de su ideología política.

Quien derrota al fujimorismo es un hombre igualmente cuestionado, pero por otras razones. A Ollanta se le reclama su cercanía con Hugo Chávez y su talante autoritario que podría derivar en un libreto de cambios constitucionales parecidos a los de Bolivia, Ecuador, Paraguay, Argentina, Brasil, Nicaragua y por supuesto al de su inspirador y amigo el gobierno de Venezuela.

A Ollanta se le teme porque podría imponer un gobierno populista, demagogo, que echaría a perder los avances en el terreno económico alcanzados por Alan García, quien paradójicamente llegó a su segundo mandato después de haber sido acusado de actos de corrupción en el primero, de haber tenido que huir del Perú para no pagar cárcel y del que nada o muy poco se esperaba pero que terminó ofreciendo resultados notables para todos.

Ahora el panorama de nuestro continente se inclina un poco más a la izquierda. En los pesos y contrapesos de esta balanza, Humala reemplaza un gobernante de centro derecha como Alan García y, ahora que Santos está pasado a la izquierda, la balanza se inclina ampliamente por una América Latina muy alejada de la que soñaban Uribe y Fujimori. Sin embargo, esto no significa una América Latina ubicada en la izquierda populista, como la del Socialismo del Siglo XXI, sino tal vez una izquierda más pragmática como la de Lula y Dilma en Brasil, como la de José Mujica de Uruguay y la que dejó Michelle Bachellet en Chile. Una izquierda que avanza en el terreno económico de la mano de la empresa privada y la libertad de expresión. Un territorio donde Juan Manuel Santos se unirá con su tercera vía a las garantías democráticas para la oposición y  la fuerza de la justicia para los corruptos y los terroristas. Una izquierda que tendrá el reto de arrebatarle el liderazgo a esa otra fuerza, ubicada más a la izquierda, pegada al populismo y a los discursos antiimperialistas donde siguen Chávez, Ortega, Correa y Evo.

Estas serán las fichas que definan el nuevo balance en nuestro territorio: o el socialismo de Chávez o la tercera vía de Santos. Y Ollanta será, tal vez, la pieza fundamental para decidir de qué lado se inclina la balanza en la región. Porque lo que es la derecha, esa mirada soberbia y prepotente que pretendió establecerse para siempre en Colombia con Uribe y recuperar el poder en Perú con Keyko, esa derecha está por ahora neutralizada. ¡Bendita seas democracia!

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