El llanto de los ídolos

23 de abril del 2017

Así es el fútbol.

opinion

El fútbol no se entiende bien sin la palabra, dice Valdano. Pero hay momentos en los que una foto, una sola foto , lo revela todo. Ocurrió con Neymar, destrozado, en su derrota y la de Barcelona en la “Champions”. No se escudó en el árbitro ni buscó excusas pueriles en los medios. Simplemente lloró, escondiendo avergonzado la cabeza en su camiseta sudada. Como James en el mundial, tras la derrota ante Brasil; o Messi después de la copa América en Chile. Como lloran los ídolos en las caídas, cuando no son suficientes el talento y la voluntad de triunfo.

Había luchado, Neymar, todo el partido. Ensayó gambetas, finos pases, busco el gol redentor, con un inmenso espíritu optimista para la remontada. Jugó serio como pocas veces lo hace. El partido no estaba para cabriolas, arrebatos ni provocaciones, y menos para caídas exageradas. El fútbol rocoso, de ánimo invencible de los Italianos, con presión insistente sin desfallecimientos, reducía los caminos y apretada los espacios. No había lugar para el talento colectivo.

Llegaron, entonces, los abrazos solidarios de amigos y rivales. Apareció Alves, también Cuadrado, porque ellos saben, que es una derrota y cuales sus efectos devastadores por lo significativo del partido y el nivel en que se juega.

A su lado, Messi miraba y no veía. Estaba paralizado. Sus ojos inexpresivos, como en el mundial . No hubo espacio para sus goles fantásticos y las estridentes celebraciones de sus hinchas. En él, bamboleantes e incisivos, los recuerdos de sus fracasos que tanto le han atormentado y que son manchas en sus celebradas conquistas.

No se porque razón, evoqué a Falcao, en aquel fatídico día, hace tres años, cuando se rompió su rodilla, con gestos conmovedores.
El, “el tigre”, Neymar, Méssi y James, como otros tantos héroes del futbol, han tenido también en sus rostros las huellas de la derrota. Pero desde esos instantes fatídicos, como lo hacen los grandes, fabricaron sus sueños de revancha.

Así es el fútbol. Por dura que sea una caída, habrá otro domingo. Como se ve, no siempre las historias las escriben los ganadores.

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