El maloliente señor Pretelt

16 de marzo del 2015

“Los senadores que votaron por él, lo harán también con ardor y desprecio por el desgraciado.”

Como suele suceder cuando los personajes públicos entran en desgracia, nadie quiere saber hoy del magistrado Jorge Pretelt, como si exhalara mal olor, como si le resultara hediondo a todos por igual.

El Senado, en sesión plenaria, tendrá que decidir si le acepta una licencia de dos meses. Y tengo información que se la negará, tras un debate largo que incluirá insultos al personaje y ataques a la justicia. También al expresidente Uribe, quien lo ternó en su momento.

No es usual que se niegue una licencia en el Congreso. También hay quienes sostienen que jurídicamente no es posible. Pero los más versados consideran que no es obligatorio aprobar el permiso y lo mejor será devolverle ese “paquete-bomba” a la misma Corte Constitucional.

De regreso el asunto a la alta corporación -donde también lo ven como un purgante- tratarán de expulsarlo pronto, para evitar que su presencia siga afectando a todos los impolutos miembros del cuerpo judicial.

Cuando llegue el turno a los negocios sustanciados por la presidencia (como se llama el momento para discutir decisiones como una licencia de un magistrado) empezarán el debate y las horas más azarosas para Pretel, como diría el abogado Ramiro Bejarano.

Los senadores que votaron por él y lo ungieron con entusiasmo, lo harán también con ardor y desprecio por el desgraciado, es decir por el magistrado en desgracia, sin esguinces -que en política son el pan de cada día- ni reconsideraciones afectivas o morales.

-Allá él que se dejó pillar, dirán empuñando el hacha para cortarle la cabeza, como está escrito para quienes logran trepar las más altas posiciones del Estado, privilegio que no siempre se concede a los más brillantes y honestos, sino a los más hábiles, ladinos y mañosos.

En tiempos del gobierno Uribe, Pretelt salió elegido en una terna. En una segunda, el magistrado Mauricio González, los dos postulados por el gobierno, sin pensar que el tiempo los convertiría en ponzoñosos enemigos.

El señor Pretelt, asediado antes por la alta clase política nacional, por la oligarquía del país, por la élite costeña, hoy es visto como una especie pestilente que requiere ser retirada. Nadie “normal” se pelearía una foto por estos días con el hasta ayer ilustre personaje.

Seguro que muchos senadores que esta semana votarán contra Pretelt, a quien no defiendo (dejo constancia, para no acercarme al infeliz) posiblemente no sean los más castos y probos, pero lo harán “con la frente en alto” en defensa de las buenas costumbres.

Conozco una veintena que son ambidiestros “capaces de robar con igual habilidad un bolsillo derecho que uno izquierdo”. Pero hoy tienen en sus manos la espada, yo no sé si la de Damocles, o la de Santos, quien podrá postular a uno de sus amigos cuando ruede la cabeza del desdichado Pretelt.

@artunduaga_

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