El viaje termina, las experiencias son múltiples, el mensaje, uno solo. Son doce días viajando por la cultura azteca y maya, plenos de lugares sagrados, hermosos, majestuosos. La selva se combina en perfecta armonía al nacer los árboles en mitad de una pirámide. Los cocodrilos en el río atestiguan el paso de los años. Por la noche, la algarabía de ranas y animales que no imaginamos colma con su sonido el entorno y conduce a un sueño reposado. La sensación de sobrecogimiento no cesa. Alguien del grupo, al final, cuando nos sentamos al calor de una copa de vino a compartir experiencias y sensaciones, nos hace caer en cuenta que más allá de las construcciones, del mismo entorno, son las personas descendientes de dichas culturas quienes con su sencillez, humildad y sabiduría, nos dejan abismados. El mensaje lo transmiten quienes llamamos "chamanes", no siendo este el apelativo utilizado por ellos, simplemente son hombres de verdad, queriendo decir por verdad el ser conscientes y respetuosos de su tradición. El mensaje es uno solo, la madre tierra debe ser respetada, amada y valorada en todas y cada una de nuestras acciones. Mensaje que está inmerso en los rituales en que espíritu, ser humano y naturaleza son indivisibles y plenamente relacionados el uno con el otro. El Mensaje no asombra, lo escuchamos casi a diario. Asombra sí, el sentirlo en cada célula del cuerpo y no solo en los pensamientos, en la mente, como un concepto cercano o lejano. Asombra vivir la experiencia en sí misma. Asombra el respeto que se siente. Todo esto fue lo alcanzado. En ocasiones tenemos que salir de nuestro entorno, para llegar a la consciencia. Ciertamente lo podemos lograr en nuestro país y ciudad, pero a veces la vida nos lo regala por fuera de ellos. Allende las palabras, la sensación, recalco, la sensación en los rituales y en los entornos es verdaderamente, con certeza, la de unidad, de conexión entre todo, ambiente, animales, personas. No es una frase bonita o un decir, es una experiencia vívida, vivida y validada por cada participante en este grupo que viajamos juntos. Sensación de unidad que comenzó al inicio del viaje, como lo he expresado en el artículo anterior. Sensación de unidad que continua en cada etapa del viaje, incluido el llanto final al partir los compañeros, cada quien hacia su propio país. Realmente para el lector esto queda solo en palabras, hasta el momento en que lo experimente en su propia vida. No puede ser transmitido por el lenguaje. Debe, necesariamente, ser sentido por cada uno de nosotros, para que se convierta en una realidad personal. Luego, transmitir el conocimiento adquirido y propiciar experiencias similares es la ruta a seguir. Compartimos el alimento espiritual que venimos de recibir. Así manifestamos nuestra gratitud por lo que la vida nos ofreció.
El mensaje, uno solo
Sáb, 31/03/2012 - 01:02
El viaje termina, las experiencias son múltiples, el mensaje, uno solo.
Son doce días viajando por la cultura azteca y maya, plenos de lugares sagrados, hermosos,
Son doce días viajando por la cultura azteca y maya, plenos de lugares sagrados, hermosos,
