El miedo a perder

12 de mayo del 2012

Mientras transcurría la primera conferencia del día sobre manejo patrimonial, fui haciendo algunos apuntes que me dan pie a la nota que escribo. Había sido invitado por una entidad bancaria y aunque los temas a tratar estaban lejos de mis diarios quehaceres, decidí asistir. En un mundo que están transformando las formas de actuar del […]

Mientras transcurría la primera conferencia del día sobre manejo patrimonial, fui haciendo algunos apuntes que me dan pie a la nota que escribo. Había sido invitado por una entidad bancaria y aunque los temas a tratar estaban lejos de mis diarios quehaceres, decidí asistir.

En un mundo que están transformando las formas de actuar del ser humano, en que la transparencia se impone, la responsabilidad se asume plena y consciente, en que  la equidad es un valor primordial, la conferencia dejaba mucho que desear, a mi parecer.

La charla se basaba en el temor, en el miedo a perder, en ocultar como principio rector. Temor a perder el patrimonio por “riegos”, riesgos entre comillas, debido a sucesión, impuestos, demandas o seguridad ciudadana. Ocultar era la consigna, ocultar del gobierno, de las personas, poner todo a nombre de entidades donde no figuran al exterior de ellas los nombres propios. Definitivamente no comparto este enfoque.

Tomando cada uno de los “riesgos” expuestos, quisiera dar mi propio aporte.

El “riesgo” de ser demandado y tener que pagar una indemnización, aun a costa de nuestro patrimonio, se convierte en la oportunidad de asumir totalmente la responsabilidad de los propios actos, cuando con ellos hemos ocasionado  daño en persona o bien ajeno. Es la oportunidad de educar a nuestros hijos en la certeza de que aun perdiendo todo lo que tengamos, saldremos otra vez adelante y habremos resarcido en plena conciencia.

El “riesgo” de sucesión, de pagar un impuesto cercano al 35% sobre el patrimonio, se convierte en la oportunidad para una justa y equitativa distribución de los bienes económicos de la sociedad, ya que estos bienes pertenecen a la humanidad y los individuos solo los disfrutamos y administramos temporalmente. Es poder decir, mis herederos son mi familia y mi país. Este último es quien me proporcionó lo que acumulé en la vida. Al acumular, luego se debe distribuir.

El “riesgo” de seguridad, de pagar rescate, boleteo u otros,  se convierte en la oportunidad de ir más allá de nuestros límites, de superarnos, de sobrepasar el paradigma de primero yo. Propiciar con nuestro patrimonio mayor generación de educación y oportunidades para los demás, mucho más a la que ya estemos haciendo es la meta. Es pasar de ver solo el círculo cercano de familia y amigos como aquellos en quien tenemos deber de proteger e influir, a reconocer una humanidad plenamente conectada. Los demás nos necesitan.

Los  impuestos son el aporte que el gobierno requiere como constituyentes que somos de un país, aporte que debe ser transparente, completo, real y se convierte en la oportunidad para ejercer una mejor veeduría ciudadana, con el fin de que los dineros  lleguen a donde y quien los necesita, que somos todos. Pues todos disfrutamos de escuelas, vías, salud, y demás necesidades que construimos con nuestro propio dinero, los impuestos. Dejar de pagar impuestos es sabotearnos a nosotros mismos, es la avaricia disfrazada de temor y maquillada con el pretexto de evitar los daños de la corrupción.

Por último, la charla me dio la oportunidad de reflexionar y actuar sobre la propia coherencia con estos principios.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO