El ministro no está en la luna

17 de mayo del 2015

“David es un hombre honesto, inteligente y decente”.

Se equivocan de cabo a rabo quienes critican el nombramiento de David Luna como Ministro de Comunicaciones (prefiero denominar así esa cartera: el nombre de MINTIC, me parece francamente espantoso y sin personalidad, o, como diría Alberto Casas Santamaría “frondio”). Luna no es solamente un ser humano excepcional, principal requisito para ejercer correctamente cualquier oficio; también es un ejecutivo y emprendedor de toda la vida, con una vocación de servicio impresionante y limpia de cualquier mácula. David es un hombre honesto, inteligente y decente, que considera que la política es para servir a los demás, y así lo ha demostrado.

¡Qué falta de criterio, grandeza y originalidad, la de aquellos que desconocen la valía de David Luna, por el simple hecho de no ser un experto en comunicaciones! Lo cierto es, aunque les duela a muchos, que, para el tema técnico, están los viceministros. El ministro, por su parte, debe ser un político que conozca el país real y que sea capaz de ejecutar una estrategia, aplicando la táctica necesaria; en otras palabras, las políticas de tecnología, información y comunicaciones no pueden ser interpretadas por nadie distinto de una persona que las entienda como una herramienta de aprendizaje.

David Luna es un abogado con varias especializaciones, que ha sido edil, concejal, Representante a la Cámara, candidato a la alcaldía de Bogotá y asesor presidencial. Tiene, pues, sobradas credenciales y experiencia para ocupar cualquier cargo, digan lo que digan. Nada se lo han regalado, como a otros “acabarropa” de su generación, que viven del apellido.

Pero, si el bagaje y los méritos personales del nuevo ministro no son suficientes, déjenme decirles lo siguiente:

Luna es un “nativo digital”: antes de que cualquier colombiano usara las redes, él ya lo hacía. Aún recuerdo su logo en una valla sobre la carrera séptima de Bogotá cuando aspiró al concejo. No tengo la menor duda de que el ministro Luna llevará al ministerio de comunicaciones adonde debe estar: una cartera conectada con los “nativos digitales”. Luna hace parte de la generación Z y eso es lo que necesita una cartera que inundó el país de tabletas, pero no las conectó.

Ser honesto y aceptar en los medios de comunicación que el nuevo ministro no se las sabe todas, pero que hará hasta lo imposible por aprendérselas casi todas, no puede ser motivo de linchamiento contra un hombre capaz y bien intencionado.

La verdad es que, bajo la dirección de Diego Molano, en el Ministerio de Comunicaciones, se trinaba mucho y se hacía poco. Ahora hay que trinar mucho y hacer más. Molano fue apenas un ministro aceptable, amigo del ruido y la auto-propaganda. Su gestión, de casi 5 años, fue cosmética y deja mucho que desear.

-El sector de la televisión está en crisis: la ANTV le quedó mal hecha.

-La televisión pública se encuentra acéfala: no pudo posesionar un director en propiedad.

-Colombia aún no cuenta con cobertura universal de televisión pública.

-Hay una gran sombra de duda, según la cual en el Ministerio de Comunicaciones se tramitaban licitaciones a la medida de unos cuantos contratistas.

-Se repartieron por todo el país cerca de 500.000 tabletas, que solo sirven en donde hay señal.

El ministro Luna debe llegar pisando fuerte, marcando terreno con su propia gente en los diferentes sectores. Mucho ojo con las licitaciones multimillonarias que están andando, como las del DTH social, las tabletas y la venta de 472.

No la tiene fácil el nuevo ministro, pero él está acostumbrado a los retos y de seguro hará una excelente labor.

La ñapa I: La renuncia del incompetente director de la Federación Nacional de Cafeteros es un alivio para un sector que va de mal en peor.

La ñapa II: El reintegro del magistrado Alberto Rojas, a la Corte Constitucional, por parte del Consejo de Estado, es un acto de justicia digno de apoyo.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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