El nuevo 9 de abril

9 de abril del 2015

Esto tiene poco y nada de comportamiento cívico.

Entre infinidad de fechas emblemáticas de la historia que nos traen recuerdos buenos y otros amargos; de bonachones y bandidos; de gloria y derrota; de certidumbre y dudas y de dolor y alegría, hay una más que para el pueblo colombiano y específicamente para Bogotá, tiene especial significado: el 9 de abril.

Sobre esta fecha hay varias teorías pero como es propio de la justicia nacional hoy, 67 años después aun no hay certeza absoluta de cómo sucedió. Todavía hay cabos sueltos y un sin fin de hipótesis que rodean la muerte de Gaitán y el caos que desató en la capital de la República durante la presidencia de Luis Mariano Ospina Pérez.

Muchos dicen que a raíz del homicidio de Jorge Eliécer Gaitán, quien para algunos era el agitador insigne de los sublevados, se organizaron grupos de izquierda que terminarían germinando las guerrillas comunistas colombianas y éstas a su vez darían origen al grupo narco terrorista de las Farc, que hoy gracias al espurio proceso de paz, cada vez están más fortalecidas y subyugan las instituciones soberanas al tiempo que se burlan y abofetean la dignidad y los derechos de las víctimas.  Algunos historiadores dicen que aquí comenzó lo que se conoce como “La Época de la Violencia”. En lo personal considero que fue en tiempos anteriores al 9 de abril de 1948. Lo que sí tiene sentido es que este día fue el trampolín para que aquellos insurrectos escondidos tras las ruanas y los sombreros se organizaran con un aparente fin político que hoy está completamente desdibujado. Y esta desdibujado porque no podemos seguir creyendo en que en los grupos subversivos exista alguna clase de ideología; es claro que el único interés de éstos es el narcotráfico y obtener el poder para controlar su negocio demencial sometiendo al Estado a través de prácticas terroristas que devastan a la población civil y desconocen los Derechos Humanos y violan sistemáticamente el DIH.

Hasta hace 4 años el 9 de abril era una fecha en el calendario como cualquier otra, que no tenía un significado que fuera más allá de la mera recordación de la muerte del caudillo. Esto cambió con la ley 1448 del 30 de junio de 2011, más conocida como Ley de Víctimas y Restitución de Tierras: la perla humanitaria de Santos. Pero antes de explicar el cambio quiero hacer especial énfasis en el objeto de la citada norma que reza: ARTÍCULO 1°. OBJETO. La presente ley tiene por objeto establecer un conjunto de medidas judiciales, administrativas, sociales y económicas, individuales y colectivas, en beneficio de las víctimas de las violaciones contempladas en el artículo 3º de la presente Ley, dentro de un marco de justicia transicional, que posibiliten hacer efectivo el goce de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación con garantía de no repetición, de modo que se reconozca su condición de víctimas y se dignifique a través de la materialización de sus derechos constitucionales. Es para esto que esta ley vino a la vida jurídica y social. No para otra cosa. Pero como casi todo en la actualidad está contaminado del interés político de la administración de turno, bien sea para permanecer en el poder o para pasar a la historia entregando el país a los terroristas, esta norma tampoco se salvó. Ayer usaron su artículo 142 para salir a marchar a favor de los necesarios dividendos políticos del partido Progresistas y en busca de apalancar el proceso de paz. Esto no es otra cosa que disfrazar sus movidas electoreras en el llamado “Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas”. El artículo dispone: El 9 de abril de cada año, se celebrará el Día de la memoria y Solidaridad con las Víctimas y se realizarán por parte del Estado colombiano, eventos de memoria y reconocimiento de los hechos que han victimizado a los colombianos y colombianas.  

Hasta hace dos años se reunía la plenaria del Congreso a oír a las víctimas que llevaban sus ponencias al Capitolio convertido en un espacio de participación ciudadana, de quienes hemos soportado los embates de esta guerra que no acaba ni acabará con el tal proceso en Cuba. Hasta ahí muy bonito, pero recuerdo justamente que en una de esas jornadas en las que participé con mis ponencias, los padres de la patria de la izquierda como leones rugientes encima del secretario de la sesión presionaban para que no nos dejaran intervenir. Ah, y eso que a mi padre y a sus 106 compañeros fatales lo asesinaron los hermanos Castaño Gil con el dinero de Escobar y otros financiadores. Curioso no?

Ahora bien, otro aspecto que genera no solo suspicacias sino que da grima y dolor de patria es ver en esa marcha ondear las banderas de grupos narcoguerrilleros como el M-19, Quintín Lame, Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, entre otros; y claro no podía faltar la bandera LGBTI que apoya siempre a “las minorías”. Aquí una imagen:

columna uno de ellos

Yo me pregunto si el concepto de día cívico que conocemos se ajusta a un tipo de movilizaciones como esta en busca de votos, en contra de los derechos de las víctimas, apologéticas del crimen de los grupos sangrientos guerrilleros y en contra de la moralidad cristiana. Esto tiene poco y nada de comportamiento cívico. El apoyo institucional en cabeza de Petro con el aval de Santos al protagonismo de grupos subversivos es un atentado contra la dignidad de las víctimas dizque en su día. Abrazo cálido. Seguimos trabajando.

@colconmemoria

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