El número ganador

31 de agosto del 2019

Opinión de Juan Pablo Pineda.

El número ganador

El 95% de los muertos que aporta Colombia al “conflicto socionarcoterrorista” proviene de los sectores de menores ingresos. Es decir, los pobres ponen los muertos y los ricos o privilegiados se dedican a pontificar, opinar y disque a dirigir el país, -cabe destacar que no podemos generalizar-, dado que son más los buenos y los que hacen patria, que los que se dedican a joder al país; pero los malos se hacen notar más.

La polarización es un fenómeno social sin relevancia, sí lo comparamos con el presente y futuro social que enfrenta el país. El rearme de las disidencias de las FARC – EP, es un síntoma de la falta de autoridad y entendimiento social; las disidencias tienen presencia y control territorial en 85 municipios – 9% del país – y cuentan con alrededor de 1.800 hombres en armas -1/4 parte de los que se desmovilizaron con el acuerdo de paz- (Fundación PARES).

Espero equivocarme… La sangre está a la vuelta de la esquina, lo que viene para el país, es un regreso a la zozobra y al miedo. Las disidencias de las FARC – EP realizarán operativos terroristas con células urbanas y élites que causarán daño moral y estratégico en la sociedad colombiana. Estas disidencias empezarán a realizar extorsiones y secuestros con mayor contundencia en el país rural. La inversión en el sector agropecuario entrará a una fase de congelación, -puedo asegurar que la cartera de colocación de créditos a productor primario está en descenso-.

Estamos en una fase primaria de una tormenta perfecta; cada día que pasa, es un día que perdemos como sociedad y un día que capitalizan los grupos narcoterroristas, que son los grandes rentistas del desastre que se avecina. Esta tormenta traerá miedo, que es la causa de los demonios internos de la sociedad; las personas despertarán de nuevo su instinto de supervivencia, causando recesión económica, agresividad, indolencia, intolerancia y desprecio por sus dirigentes.

Señores y señoras, no dejemos que estos pronósticos fatalistas se conviertan en una realidad, estamos a tiempo de tomar las medidas, de pensar como sociedad y de rechazar con solidaridad todo acto que atente contra nuestra estabilidad como nación. No dejemos que otros tomen las riendas de nuestro futuro, asumamos el destino como un norte y tomemos el mando de nuestros caballos, que son los únicos que con nuestra moral, se dirigirán hacia un claro seguro. Somos nosotros los que decidimos para donde vamos, exijámosle a nuestros dirigentes que actúen en consecuencia, rechacemos el odio de clases y la agenda mediática de desprecio por el prójimo que los políticos quieren imponernos. Usemos las redes sociales y el día a día en familia para sembrar la semilla de la esperanza. No nos podemos dejar arrebatar un sueño y un derecho llamado paz.

Cada vez que estamos en una situación de desesperanza, escucho a alguien diciendo “los pueblos se merecen sus dirigentes” Falso! No nos podemos resignar a un desastre, siendo que el poder de la sociedad recae en su fuerza transformadora. Necesitamos nuevos líderes, nuevas esperanzas que sin miedo y sin cálculo político, tomen decisiones responsables, es hora.

“Cada guerra trae sus generales”, dicho popular que nos genera esperanza, al entender que con esta tormenta, lo más probable es que surjan nuevos líderes que puedan darle las luces a la sociedad para que tome un camino de construcción colectiva, solidaria y con respeto por el prójimo.

La guerra es el reflejo de unos cuantos corazones y la paz el reflejo de las nuevas generaciones.

@JuanPabloPineda

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