El oro de la selva vs la coca

El oro de la selva vs la coca

16 de abril del 2018

Un mito que cuenta la historia de cómo los habitantes de una tribu que vivía varios siglos atrás, en donde hoy se erige la ciudad de Belém en el estado de Pará, en Brasil, lograron superar el hambre gracias a un fruto descubierto como consecuencia del sacrificio de los niños recién nacidos, ordenado por el jefe de la comunidad ante la escasez de alimentos y que incluyó a su propia nieta. Luego de su muerte, Iaka la desolada madre, se encerró inconsolable, hasta una noche en la que escuchó el llanto de su hija, y al salir y verla sentada frente a una palma corrió hacia ella y al intentar abrazarla la imagen desapareció. Llena de dolor permaneció la noche entera abrazada al árbol, donde al día siguiente la encontraron a muerta con los ojos abiertos en dirección a las bayas, fruto de la palma, que su padre hizo bajar y procesar hasta lograr un líquido que les ayudó a combatir la hambruna. En honor a su hija el cacique bautizó la fruta como Açaí el nombre de ella al revés.

Esta planta tropical, con propiedades de su componente principal la antocianina por sus propiedades farmacológicas y terapéuticas, que se reproduce de manera silvestre en la selva del Amazonas es considerada en Brasil como el “Oro negro de la selva”, al punto que en el mundial de fútbol parte de la promoción del país en la publicidad del campeonato incluía esta fruta como símbolo de la riqueza de la mayor selva del mundo. Hoy se exporta a muchos países y es fuente de riqueza para zonas afectadas en el pasado por la pobreza. La palmera crece a más de 10 metros de altura y para bajar los racimos de las bayas se requiere fuerza en brazos y piernas, la palma produce dos cosechas al año, pero su valor no solo está en el fruto sino también en el tallo del que se cortan los palmitos que se envasan y también se venden en mercados locales e internacionales.

El estado brasilero apoya esta industria que marca una tendencia importante en el crecimiento en los indicadores de la economía, mientras tanto en Colombia donde también en su selva amazónica crecen las palmas de Açaí, no es considerado un renglón importante en la producción agrícola. Los tres departamentos con el mayor número de hectáreas cultivadas con coca y amapola son Nariño, Putumayo y Norte de Santander. Según el sistema de monitoreo de las Naciones Unidas de estos cultivos, su crecimiento en Colombia fue de 52 por ciento entre los años 2015 y 2016 y de nuevo el país es amenazado con la descertificación por parte del gobierno de Estados Unidos que considera que no ha incumplido en sus compromisos internacionales en la lucha contra el narcotráfico. La respuesta ha sido que si se ha combatido con fuerza y que es el país que más muertos ha puesto en esta lucha. La erradicación, voluntaria, las medidas policivas, el ataque frontal a las mafias y la sustitución de cultivos, son las acciones permanentes en esta guerra que en ninguno de los tres países con mayores extensiones de cultivos ilícitos Bolivia, Perú y Colombia, han dado resultados. La aspersión con glifosato, suspendida al parecer de forma definitiva porque además del daño que produce a humanos y animales, tampoco sirvió para erradicar la coca y la amapola.

El fracaso de la política social para buscar mejorar las condiciones de los cultivadores y raspachines de coca en estos tres países y sacarlos para siempre del negocio, o no han sido constantes o han estado concebidas con puntos de vista que no encajan en la realidad local, donde el abandono del estado es evidente, no hay seguridad, la justicia es irregular y no se habilitan mercado para la venta de los productos agrícolas, a lo que se suma la falta de vías de comunicación eficientes para movilizarlos y obviamente al creciente consumo de cocaína en todo el mundo y la consecuente demanda.

Paradójicamente en Putumayo, a través de una iniciativa de un joven, Edgar Montenegro, afectado por los cultivos de coca pues fueron la única forma de subsistencia de su familia mientras creció, está demostrando que el cultivo de palma de Açaí es una alternativa real de sustitución de cultivos de coca. Como líder de Corpocampo recibirá en las próximas semanas el Business for Peace Award 2018, en Noruega, porque está demostrándole a cultivadores y raspachines que resulta mejor y además legal trabajar en un negocio producto del fruto de su propia tierra, que es posible venderlo en el país y exportarlo a Alemania, Francia, Estados Unidos, Chile, México y Líbano entre otros. Esta corporación enseña a trabajar el fruto y adquiere toda la producción que sacan comunidades muy pobres. Un incentivo que está movilizando a muchos campesinos a treparse al negocio, como lo hacen para bajar los frutos a muchos metros de altura en la palma, es que mientras que por un día de trabajo raspando hoja de coca reciben 80 mil pesos, la recolección diaria de Açaí les deja ingresos de 200 mil pesos. Esta alternativa tiene mucho futuro y las agencias de cooperación internacional la apoyan por considerarlo un trabajo valioso para sacar a estas zonas de la pobreza y el atraso. Sin embargo, la atención que requieren para ampliar el cubrimiento y llegar a una verdadera sustitución de los cultivos de coca es la del estado colombiano. Si logran ampliar la zona de cultivos en terrenos cercanos a la planta en Puerto Asís en 1200 hectáreas vecinas a la selva amazónica   -condición indispensable para la expansión de la palma- atraerán a más comunidades que hoy no tienen más alternativa que vivir de un negocio ilícito. El Açaí está llamado a dar la guerra a la coca y porqué no, a sustituirla.

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