El palo está para Duque

El palo está para Duque

19 de enero del 2017

Cuando las abuelas decían que el palo no estaba para cucharas era porque algo faltaba para que fuera oportuna una propuesta o una iniciativa. Esto técnicamente quiere decir que para que se de un fenómeno deben existir tanto condiciones endógenas como exógenas y que además coincidan para propiciarlo. Aunque a veces las abuelas lo asimiliaban a que algo no estaba en su punto o que le hacía falta un hervor, en el caso del senador uribista Iván Duque Márquez se puede aventurar no solo que el palo está para cucharas sino que puede terminar por convertirse en el palo electoral de la carrera presidencial del 2018. Tiene una brillante trayectoria como congresista reconocida por fuera y por dentro del parlamento, tanto que fue elegido como mejor senador por sus propios colegas. Se  ha distinguido por haber hecho una oposición seria y desapasionada al gobierno de Juan Manuel Santos sin dejar de ser leal con el expresidente Alvaro Uribe Vélez. No hace aspavientos de radicalismos ni quiere ser más papista que el papa.

Por eso curiosamente hoy las condiciones exógenas le son más favorables que las endógenas. Está ranqueado como un político renovador y carismático y de lejos se ha ganado el respeto como un hombre de centro al que hasta sus contrincantes le encuentran virtudes en materia de equilibrio y poderación. En momentos en que el país está hasta la coronilla de la polarización fomentada por furibistas y furiantiuribistas se destaca fácil una persona que muestra un temperamento neutral y poco camorrero. Es una nueva cara en la política colombiana que se ha consolidado como voz autorizada de la derecha sin rozar con el fanatismo. Así mismo, es visto como un técnico económico que ha sorprendido por su agudeza para el debate, para ser apenas un primíparo. Lo comparan en el Congreso con lo que significó Hernando Agudelo Villa, que era el parlamentario más destacado cuando por carambola resultó escogido Virgilio Barco como candidato presidencial en 1986.

Aunque no es muy famoso en el país ya se vislumbra su proyección nacional, por su carisma conciliador y la bonhomía de paisa reposado que lo caracteriza. Su prestigio ha trascendido a los medios y escenarios académicos donde es visto como estudioso y preparado, lo cual le ha generado una presencia mediática que evidencia la diferencia con un Oscar Iván Zuluaga, a quien la gente ve más como un ventrílocuo de Uribe que como un hombre de ideas propias, o incluso con Carlos Holmes Trujillo, que a pesar de su sensatez no logró quitarse la imagen de polítiquero traicional. Un electorado que ya no come cuento a la dicotomía entre izquierdas y derechas ve con buenos ojos la llegada, así sea por la derecha, de un rostro amable y con talante renovador como el del joven senador Iván Duque. Él es en definitiva una persona que se ajusta como anillo al dedo a una coyuntura en la que la mayoría de colombianos quiere finiquitar la canibalezca polarización que ha sacado lo peor de cada uno de sus protagonistas.

Paradójicamente, el hecho de tener talante conciliador y vocación poco confrontacionista es justamente su talón de aquiles dentro del uribismo, donde las condicones endógenas encuentran dificultades, ya que algunos ultraderechistas consideran que se requiere un gerrerista. Aunque son minoritarios en el uribismo son los más sonoros porque manejan las redes y exhiben gran facilidad para calumniar y desprestigiar aún a sus propios copartidarios. Esto lo ha colocado en un sanduche intetesante, mientras los sectores más extremistas del uribismo lo consideran hasta “mamerto”, la revista SEMANA lo premió por ser uno de los líderes del 2016 y el País de España lo califica como el “nuevo líder de la derecha”. El propio Duque afirma que sus ideas se ubican más hacia el centro ideológico que a la derecha. Aunque los colombianos creen que después de lo de Venezuela hay que pararle bolas a Antanas Mockus cuando a la pregunta de si era de izquierda o de derecha respondió: “en este país se funciona como en el tráfico bogotano, que a veces fluye más por la derecha”.

Y como cuando los astros se alinean en favor de alguien Duque es considerado incluso el político de moda. Fue de los destacados en la victoria del No en el plebiscito y ese triunfo la gente se lo ha endosado a él casi personalmente. Es visto como la cara amable del Uribismo con lo cual ha logrado quedarse con el género y sin el pecado. Semana y La W, quizás los medios más influyentes en la opinión pública, lo han mostrado como una revelación y no ahorran los buenos comentarios. Eso que se traduce en no tener el sol a las espaldas son las condiciones exógenas que lo rodean. Y desde luego casi todo esa buena onda externa a su favor es resultado de sus méritos personales, que son parte de sus condicones endógenas. Razón por la que José Obdulio Gaviria, quien más allá de los descalficativos por sus involuntarios lazos familiares ha demostrado ser uno de los más agudos analistas uribistas, ya se matriculó sin pelos en la lengua y le ha pedido con urgencia a Uribe que para ganar no dilate el más guiño a Duque y que apoye la consulta popular para escoger candidato, así el buen momento uribista lo capitalizaría alguien con estrella.

Pero las condiciones exógenas a su favor las brinda también el entorno frente a sus contrincantes. Germán Vargas Lleras, el candidato más cantado, se ha desgastado para tener una buena imagen como ejecutor de obras pero hoy se ve enfermo y decadente porque no logró despegarse de la corrupción de los caciques regionales, comprometidos hasta el tuétano con la contratocracia local. Su coscorrón lo ha dejado como irrepetuoso de los derechos y lo coloca como digno sucesor de Carlos Lleras Restrepo, pero sólo en su autoritarismo. El exprocurador Alejandro Ordoñez está condenado a sufrir la suerte de Alfonso Valdivieso, que cuando era fiscal punteaba en las encuestas pero una vez dejó el cargo se redujo a su mínima expresión política. Aparte de su radicalismo religioso que lo deja cada vez más fuera de lugar. Martha Lucía Ramírez por su seriedad y apego a las posturas éticas ha logrado ganarse el liderazgo en las toldas conservadoras pero aún se le dificulta encontrar el camino para trascender las fronteras partidistas.

Por otro lado, Humberto de la Calle, que se ha consagrado con juicio a sacar adelante los acuerdos de paz de La Habana, terminará con un gran reconocimiento que poco se traducirá en voto de opinión. Y en el mejor de los casos se disputará con Vargas Lleras el voto de la maquinaria. La mermelada lo terminará embadurnando y eso así como pone, quita. Por último, Sergio Fajardo, quien no juega hoy el partido que exigen las circunstancias. Confía mucho en el trabajo gris y en lo que los costeños llaman el radio bemba pero desprovecha los escenarios del debate que de una u otra manera son los que marcan tendencias. En política moderna es de lo mejor pero le pasa como a James Rodríguez, que siendo muy bueno no logra encontrar cancha para mostrarlo. O quizás el director técnico de los astros no ha visto aún el potencial de Fajardo, que no ha logrado pegarle al tablero en una coyuntura que exige más audacia y mayor capacidad de riesgo. Aparte de sufrir las zancadillas de Claudia López que cabalga sobre la idea de mostrarlo como candidato no comprometido con la izquierda.

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