El palo no está para cucharas

14 de mayo del 2013

Magistrados y congresistas, si van a dar la pelea por mantener esos regímenes de privilegios, se les puede venir la estantería encima. Columna de Margarita Londoño.

Equidad no es que seamos todos iguales, sino que las desigualdades se aminoren y las diferencias no sean factor de discriminación.

Una sociedad con desigualdades muy grandes, como la nuestra, presenta brechas gigantescas, imposibles de cerrar, entre un nivel socio económico y otro. Tenemos una sociedad de grandes inequidades, donde los ricos son demasiado ricos y los pobres demasiado pobres, con una lánguida clase media más cerca de los pobres que de los ricos.

Estas verdades de Perogrullo nos permiten pensar que el modelo de desarrollo debería tender a disminuir estos abismos, permitir o facilitar la movilidad social, con más y mejor educación y oportunidades que amplíen la clase media, pero sobre todo limen las puntas, o aristas de la desigualdad. Así la riqueza no se acumularía tanto en tan pocas manos y la pobreza se iría morigerando, desapareciendo la miseria o pobreza absoluta.

Por estas razones la decisión de la Corte Constitucional de poner techo a las pensiones se sintió como un bálsamo para aliviar un poco tantas inequidades. Millones de personas en Colombia no tienen pensión o esperanza de recibirla algún día porque no tienen empleo formal o porque la edad ya no les permite reunir las condiciones se semanas cotizadas o simplemente se van a morir esperando la respuesta del ISS y ahora de Colpensiones.

En cambio, un reducido grupo de privilegiados venía gozando inmerecidas pensiones. Las jubilaciones de congresistas y magistrados eran la expresión más burda de la inequidad y no solo por lo astronómico de las mesadas, sino que para ellos, que ganaban más, todo era más fácil. Se les sumaban como salario viáticos y bonificaciones; les contaban sólo el salario más alto del último año y para rematar se las tramitaban en forma exprés.

A los demás ciudadanos se les cuenta el promedio de los salarios de los últimos 10 años y el trámite para jubilarse es como una carrera de obstáculos en la que a menudo hay que acudir a demandas, tutelas o desacatos para que se reconozca y se pague la retroactividad. El trámite es dispendioso, las filas enormes y el resultado: un 61.5% del promedio de los últimos 10 años cotizados.

Así que está bien, muy bien, que se hiciera ese recorte a un régimen de privilegios, en un país que lo que necesita es equidad. Sin embargo, ya se escuchan voces que insinúan que se podrían recuperar las pensiones infladas mediante tutelas, o que llaman a formar un frente común encabezado por el señor Procurador para defender los “derechos adquiridos”.

Esperemos que tengan un poquito de vergüenza y no se atrevan a dar esta pelea alentados por el jefe supremo de la derecha, perdón: de los “derechos”. Aunque no hay que confiarse ni en la fortaleza del gobierno, ni en la sensatez de la dirigencia política, ni en la estabilidad de sentencias, fallos y jurisprudencias… Ya hemos visto la calidad de gente que está llegando a la Corte Constitucional.

Una patraseada de esta naturaleza puede ser peligrosa, estarían despertando la fiera, esa fiera del descontento y la rabia en una sociedad que quiere ver desaparecer los privilegios. Piénsenlo bien, magistrados y congresistas, el palo no está para cucharas. Si van a dar la pelea por mantener esos regímenes de privilegios, inspirados por el Procurador, se les puede venir la estantería encima.

www.margaritalondono.com

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