El paquete cachaco en La Haya

20 de marzo del 2016

“Colombia perdió hasta el alma en La Haya; un poco más y nos quedamos sin Cartagena.”

Colombia perdió hasta el alma en La Haya; un poco más y nos quedamos sin Cartagena. Lo que ha ocurrido es la crónica de una muerte anunciada. Nicaragua va por todo y, mientras eso ocurre, Colombia se baja los calzones para ser accedida. ¡No hay derecho! ¡Cuánta imprevisión e improvisación, en un asunto que resulta de la mayor importancia, teniendo en cuenta que lo que está en juego es nuestra soberanía nacional!

No se le puede echar todo el muerto al presidente Santos. Es un tema que venía mal de tiempo atrás, y más que todo por los distintos “equipos jurídicos” que se supone asesoraban al Estado colombiano, en el diferendo limítrofe con Nicaragua. Mientras el vecino país tiene desde hace treinta años a los mismos togados, unas verdaderas fieras del derecho internacional, aquí los gobiernos de turno reclutaron a un combo de paquetes que no sacan a un bebé de la cuna.

Julio Londoño Paredes, Carlos Gustavo Arrieta y Manuel José Cepeda son solo algunos de los muchos figurines que desfilaron por las pasarelas internacionales de la juridicidad. Gracias a sus posturas de próceres y silencios bien manejados, que le daban a tontos e incautos, la impresión de estar en presencia de sabios, los profesionales de marras se hicieron a una jugosa asesoría que ha resultado desastrosa para Colombia, por donde se le mire. Mención a parte merece la canciller Holguín: ¡esa pobre señora sabe de estos temas lo que yo de física cuántica!

Se les advirtió (después de la primera estocada de Nicaragua en La Haya), por muchos sectores de la sociedad y de la oposición, con suficiente tiempo de antelación (enero de 2012) a ese grupo de “ilustres ciudadanos”, e incluso al mismo presidente Santos, que era necesario denunciar el denominado Pacto de Bogotá, para que la Corte Internacional perdiera competencia en el litigio. Como no hicieron caso a tiempo, el sátrapa de Ortega y su combo presentaron en ese lapso las dos demandas que acaban de ser admitidas. Negligencia y soberbia en estado puro: si la solución no es de la propia cosecha, no sirve.

Ahora estamos en el peor de los mundos: por una parte, entra en acción la clásica “colombianada”: si la decisión conviene, se acata; si es adversa, se desconoce; y, por la otra, como pintan las cosas, al final de la disputa jurídica, los nicaragüenses se llevarán hasta el nido de la perra. No concurrir ante La Haya para defender los intereses del Estado colombiano, puede resultar aún mas dañino: esa instancia de justicia internacional, solo tendrá la versión de Nicaragua, lo que reduce las posibilidades de salir victoriosos del litigio. Otra cosa: desconocer a la C.I.J, es desconocer a la ONU, lo cual podría afectar seriamente el apoyo de dicho organismo al proceso de paz.

La ñapa: Ya es hora de que la justicia actúe con contundencia en casos de corrupción rampante, como los que se dieron en las administraciones de Franco Castellanos en Soledad, y Alejandro Lyons, en Córdoba.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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