El partidor

20 de marzo del 2018

Columna de opinión de Miguel Gómez Martínez.

Miguel Gómez

En el partidor están las duplas que competirán por la presidencia de la república. Algunos creen que es posible un triunfo en la primera vuelta. La división de fuerzas diría que ese escenario es poco probable, salvo un grave error de alguna de las candidaturas que desequilibre el actual reparto de la opinión.

Sin duda Iván Duque lleva un tramo de ventaja. Su sobresaliente desempeño en la consulta sumado a la tranquila formación de su fórmula vicepresidencial le ayuda a consolidar su imagen como gran triunfador de las elecciones del 11 de marzo. La pregunta de fondo es cuántos de los votos obtuvo se mantendrán en la primera vuelta. La diferencia entre su votación y la del Centro Democrático al Senado confirma que muchos conservadores y de otros partidos participaron en la consulta respaldando su nombre. La primera vuelta definirá cuántos permanecieron fieles a su nombre.

Germán Vargas buscará consolidar su opción clientelista con la llegada de los grandes gamonales conservadores. Pero la duda es si la base conservadora seguirá a sus jefes. El coqueteo es fuerte pues la designación de Juan Carlos Pinzón como fórmula es muy atractiva para el Directorio Conservador donde el exministro de Defensa cuenta con varios afectos. Pero está claro que la estrategia de la campaña Duque es identificar a Vargas con el continuismo santista algo que la pareja tendrá dificultad en negar pues los dos fueron figuras relevantes del desprestigiado gobierno saliente.

Fajardo buscará recuperar su viabilidad electoral empujado por el sorprendente resultado de la lista verde al senado. Pero Fajardo no logra superar su creciente imagen de ser un hombre incierto, débil, petulante y perezoso. Además no cuenta con una maquinaria que lo pueda impulsar decididamente en la primera vuelta. Quedar de segundo superando a Petro y Vargas parece poco probable pues no podría contar con el apoyo de la fuerza marginal de De la Calle.

Petro ya ganó pues se consolidó como uno de los grandes electores del país. Su fórmula, Angela Robledo, es aún más extremista que él. La estrategia es atraer todo el voto de izquierda y consolidar una opción real para el 2022, algo que no resulta absurdo. La apuesta es que si el próximo gobierno no obtiene resultados significativos en la lucha contra la corrupción, la reforma política y la recuperación económica, el triunfo de la izquierda será inevitable en cuatro años.

A estas alturas es evidente que ganará la campaña que cometa el menor número de errores.

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