El “peso atómico” de los ganadores

2 de noviembre del 2019

Por: Ignacio Arizmendi Posada.

El “peso atómico” de los ganadores

Según la teoría de Owen, “toda organización tiene asignado un número de cargos para que los ocupen personas no idóneas”. Viene al caso porque, con los resultados electorales del pasado domingo 27 de octubre de 2019, la suerte está echada para departamentos, ciudades y municipios. Significa que, con el tiempo, los colombianos veremos en qué grado la no idoneidad se habrá instalado en las sedes de gobierno.

Madame Curie, dos veces Premio Nobel, decía algo que viene como anillo al dedo: “Por definición, un químico no cree nunca en la existencia de un cuerpo nuevo si no lo ha visto antes, si no lo ha tocado, pesado, examinado, confrontado con ácidos, metido en un tarro, y si no ha determinado, en definitiva, su peso atómico”. Esto lo juntamos con el anhelo de Chopin de dar con “su nota azul, su color armónico”, que lo elevaba a expresiones musicales que aún subyugan. Juntamos lo de Curie y Chopin porque ayudarán a determinar el alcance de la citada teoría y el imaginario “peso atómico” de los nuevos gobernantes, muchos de los cuales no tardarán en pelar el cobre, mientras que otros tratarán de hallar su nota azul con actuaciones oficiales y otras personales, de gran sentido ante los ciudadanos, de las que varias se resumen así:

El gobernante sirve, no se sirve. Muestra que es idóneo, preparado, capaz y útil al identificar y ejecutar soluciones y oportunidades en pro de una ciudadanía feliz, y muestra que su nota azul está en esa dirección y no en valerse del poder para beneficiarse.

Engrandece, no se engrandece. Tiene la mira puesta en el final de su período, cuando el dictamen tendría que ser que sus obras ampliaron el bienestar general, y merecen la gratitud por lo realizado. Ahí estará la grandeza, no en la altura del personaje. Lo indicaba Napoleón cierto día, cuando, de puntillas, intentaba coger un libro de su biblioteca, escena que el mariscal Michel Ney interrumpe: “Señor, permítame se lo alcanzo. Soy más alto”, “indirecta” que el Emperador replica con cierto sabor: “Serás más alto, pero no más grande”…

Se la juega, no juega. Busca su nota azul jugándose a fondo por los intereses lícitos, legítimos y justos de su conglomerado, en lugar de jugar con la gente y su entorno con ideas ridículas, mal concebidas, insostenibles.

Se enrumba, no rumbea. Desde antes de ganar el cargo, el nuevo gobernante habrá definido el rumbo de su crucero, y sabrá conjugar el verbo “singlar” (“andar la nave con rumbo determinado”) en lugar del verbo “rumbear”. No navega con rumba a bordo: no malgasta, ni holgazanea, ni “enmermela”, ni practica el “comamos y bebamos que mañana ya nos vamos…”.

Sabe confiar, no confiarse. Tiene fe en sus colaboradores y en los demás, aunque este sea un país “por esencia criminal”, según dijera el fiscal (e.) Fabio Espitia Garzón el pasado 16 de octubre. Confía en su equipo porque se rodea de gente mejor que él (o ella), como proponía Peter Drucker. Y, ojo: no abusa de la autoconfianza, pues puede llevarlo a prisión.

Da aplausos, no los pide. Estimula a su grupo, felicita a la ciudadanía por acciones relevantes para la convivencia y el bienestar, celebra los logros colectivos, llega más allá de lo pensado. Si la gente lo aplaude es porque le nace, no porque se lo pidan.

Recuerda lo prometido, olvida los agravios. No se hace el loco con las propuestas por las cuales los ciudadanos lo eligieron. Todo lo contrario: la búsqueda de su nota armónica lo conducirá a recordarlas y ejecutarlas. Y si en la campaña fue agraviado, ahí sí se hace el loco y demuestra que no había motivos para ello. Quedará en su real dimensión y sus detractores, en la suya.

Construye historia, no historias. Hace historia con realizaciones ciertas y perennes, y rehúye elaborar historias para disculparse: que los recursos insuficientes, que el contratista, que el invierno, que el poder central, que la oposición, que el poco tiempo, que… ¡Carreta!

Se apega a las mejores causas, no a las cosas. Está atento a lo que el entorno necesita, a lo que los ciudadanos señalan. Evalúa y respalda las ideas apropiadas y factibles, las que iluminan el rostro de la gente, y da muestras de no apegarse a su cargo, los privilegios, el poder, las venias, etc. Tiene claro que está de paso y que el tiempo es breve.

Con estos y otros elementos, quedamos para precisar el peso atómico de nuestros nuevos elementos y gobernantes, detrás de lo cual haremos lo de Mme. Curie: los “tocaremos”, examinaremos, confrontaremos con ácidos, metidos en un tarro. Nos den o no un Nobel.

INFLEXIÓN. El uranio, con 92 protones, es el elemento natural de mayor peso atómico. De los candidatos que triunfaron, ¿a quiénes daremos el título de “Gobernante Uranio”?

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