El premio Reynaldo Matíz

El premio Reynaldo Matíz

19 de diciembre del 2016

El periodista anunció que tenía el honor de compartir con varios científicos e historiadores. A renglón seguido cada uno de los invitados expuso profundos planteamientos prensados casi en píldoras, con un lenguaje sencillo y deslumbrador.

Nunca habíamos escuchado comprimidos más fascinantes, por la facilidad con que los tales eruditos bajaban hasta nuestro entendimiento las más enmarañadas teorías científicas y filosóficas.

Fueron 15 minutos compartidos por sabios en áreas esquivas para personas de cultura básica. Enseguida, el reportero explicó sin estridencias –aunque nos sacudió el alma- que los personajes estaban reunidos en el hospital siquiátrico Julio Manrique de Sibaté. Es decir ¡en el mismísimo manicomio¡

Cada uno contó su historia y razonó sobre consideraciones de vida, todas conmovedoras. Pasamos del resplandor de la inteligencia al estremecimiento, las preguntas y los porqués.

El periodista Fabio Callejas recibió un premio Simón Bolívar por su trabajo, que hizo obligado en Todelar. Enterado de que vivía en Sibaté le propuse hacer un informe sobre el sanatorio. Me dijo que todo estaba dicho, pero le insistí y le impuse buscar algún otro enfoque periodístico, sin imaginarnos  semejante sorpresa. Suele ocurrir que el esfuerzo da excelentes resultados y tengo decenas de ejemplos, a lo largo de mis cuarenta años en el oficio, varios premios y galardones grandes y pequeños.

El periodismo como todas las actividades humanas suele volverse una rutina y todos –unos más que otros- terminamos rellenando páginas, el equivalente a besar en la mejilla a la mujer como a una hermana.

Los premios estimulan y sirven para sacar del marasmo a los viejos y entusiasmar a los jóvenes, aunque no determinen la calificación rotunda de un periodista. Expresamente hay premios que exaltan la trayectoria profesional de toda una vida.

Hablo del tema porque acepté el encargo del presidente del Concejo de Neiva, Deiby Martínez, que con otros colegas suyos me pidieron coordinar la integración de un buen jurado para el próximo premio de periodismo Reynaldo Matíz, convertido en una institución regional.

Las reglas del juego están definidas por la corporación y dos jurados más –de altísimas calidades – cumpliremos la tarea de escoger lo mejor del periodismo regional, obviamente entre las propuestas que se pongan sobre la mesa.

El momento es crucial. El periodismo anda en crisis. Las redes sociales alteraron la forma de informarse. Los dueños de los medios pierden dinero, los periodistas de profesión compiten con la habilidad, la rapidez o la ligereza del tuitero. Los celulares desplazaron el radio y nunca como hoy todos somos periodistas, con título o sin él, con experiencia o sin ella, con buena o mala fe.

Celebro el privilegio de tomarle el pulso al periodismo huilense.

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