El problema en Colombia no es político

21 de enero del 2019

Opinión de Carlos Salas Silva

El problema en Colombia no es político

“El problema en Venezuela no es político, -se escucha en un audio que me envío una amiga Venezolana- lo fue en sus inicios, ya no lo es. (….) El problema es que hay una organización con conocimiento, con preparación que trabaja desde hace muchos años al servicio de la delincuencia organizada global. Se trata del epicentro de la Cuba castrista.”

Quien habla se reservó el anonimato al comenzar diciendo: “No importa el mensajero, más bien oiga usted el mensaje, piense con lógica para luego actuar”. Aunque sus palabras estén dirigidas a Venezuela, no dejan de ser aplicables para buena parte de la región. Partiendo del diagnostico preciso de una situación con el que demuestra que Cuba es el titiritero y Maduro su títere no queda duda de que están muy bien fundadas sus reflexiones. Lo que me ha ocurrido al escucharlo es referirlo inmediatamente con Colombia especialmente luego del terrible ataque contra jóvenes inocentes.

Luego de perpetrado el atentado terrorista, muy rápidamente, el gobierno llegó a la conclusión que fue el ELN quien lo perpetró y, un día después, el presidente Duque levantó la mesa de diálogo en Cuba solicitando al gobierno cubano la captura de los diez negociadores que se encuentran en La Habana.

Aunque fue muy aplaudida la reacción del presidente no puedo dejar de verla como ingenua. Hablar del ELN o de las FARC es hablar de Cuba. Pedirle a quienes han patrocinado, entrenado, utilizado a esos dos grupos terroristas que procedan a encarcelar a sus cabecillas es como traído de los cabellos.

Pareciera que de un lado y del otro se están burlando de nosotros y con nosotros me refiero a quienes llevamos al poder, gracias a los votos y a un milagro que todavía me asombra, a Iván Duque como representante de la seguridad democrática y de todo lo que repercute su aplicación en otros campos esenciales para retomar la senda perdida luego de ocho años de corrupción y entrega del país a sus peores enemigos. En su momento, con anuncios “categóricos” el presidente de turno le dio la oportunidad a Escobar y sus socios para que se refugiaran en Panamá; cuando, si los hubiese extraditado, se habría evitado tanto dolor, tanta sangre derramada, tanta humillación como la que sufrió Colombia en esos años de triste recordación.

Hay que tener en cuenta que se alcanzó a mencionar la posibilidad de que las FARC estuvieran detrás del atentado y hay muchas razones para pensarlo si hacemos el vínculo con Cuba. La dimensión del ataque indica que no fue realizado sin la autorización de los cabecillas de esas dos bandas criminales, lo que nos conduce a Cuba donde se llevaron a cabo las negociaciones con las FARC y se estaban llevando con el ELN.

Hay mucha tela por cortar en este siniestro asunto y demasiados elementos a su alrededor para pensar que está unido a una estrategia amplia para lograr, con el terror, lo que no pudieron con los votos. Estuvieron los cubanos a un paso de tomarse a Colombia con su títere Petro como lo lograron con México.

Quienes planearon el ataque sabían perfectamente cual sería la reacción de este gobierno. Como calcularon que se levantaría la mesa, también debieron calcular que los ciudadanos saldrían a marchar y que la bancada de gobierno seguiría enredada en la maraña de leguleyadas que dejó Santos con la colaboración de las Cortes. Ninguna de estas tibias reacciones les debe haber sorprendido. Mientras tanto se perpetúan en Venezuela y Bolivia luego de haberse tomado México. Esto no es un problema político sino el de una organización transnacional del crimen que tiene a Colombia en la mira.

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