El protestódromo

10 de mayo del 2019

Opinión de Diego Molano

El protestódromo

Después de ver los desmanes en la ciudad, los actos vandálicos a la infraestructura y a los monumentos, los daños a edificios públicos y privados,  y las agresiones cobardes a la policía, en el pasado paro en Bogotá, solo le queda a uno preguntarse qué hacer para que la ciudadanía se pueda expresar libremente, tengan el derecho a la protesta y puedan salir a las calles sin necesidad de pasar por estos acontecimientos bochornosos que ponen en riesgo la vida, honra, reputación e integridad de las personas.

Teniendo en cuenta que en este gobierno los paros y las marchas van en aumento de una manera hasta sospechosa, tanto así que pareciera que protestar se hubiera convertido en profesión, la ciudad y sus habitantes deberíamos estar preparados para estos momentos que incomodan a muchos, perjudican a otros o les arregla el día a varios de ellos.

Qué hacer para que el Bolívar de la plaza principal, la catedral primada construida en 1823, las calles y los muros del centro de la ciudad, el comercio, los monumentos, el sistema de transporte público y otros enseres que se van encontrando en el camino no se conviertan en el reflejo del odio, el saboteo, la amargura, el vandalismo y el sicariato  de unos grupos fáciles de identificar pero difíciles de capturar.

Es preocupante que los mismos que dicen salir a marchar con la bandera de la protesta pacífica, bloquean vías y vulneren la dignidad de la fuerza pública, una fuerza creada para defender la vida de todos los colombianos, incluyendo a aquellos que los están agrediendo, una policía valiente que, como vimos en varios videos, se queda inmóvil cubriéndose la cara y el cuerpo frente a una manada de desadaptados que los agreden y provocan sin obtener respuesta;  al final terminan los vándalos siendo los reyes de las jornadas, los marchantes diciendo que los infiltraron, una policía agredida por la que nadie responde y unos medios de comunicación reportando los desastres y no las verdaderas intenciones de la marcha.

¿Cómo lograr liberar a esta ciudad de todos estos hechos, cómo garantizar a los habitantes tranquilidad, permitir la protesta pacífica, dar voz a cientos de manifestantes convocantes que no se hacen responsable de los daños ocasionados durante los recorridos, cómo facilitar a los bogotanos su desplazamiento seguro a los lugares de trabajo, permitir el acceso a las universidades de todos sus estudiantes  que no salen a marchar, cómo disminuir los riesgos a los que tienen que llegar a sus citas médicas, garantizar a los abuelos el cobro de su pensión, o repartir la policía o el ESMAD hacia lugares de verdadero riesgo ciudadano?, parece ser una misión imposible. Pero algo hay que hacer. Necesitamos de una mega obra que le cambie la cara a la ciudad, o que al menos impide que los vándalos nos sigan viendo la cara a todos; una obra que podríamos llamar  EL PROTESTÓDROMO.

¿Ustedes se imaginan esto? Sería perfecto. Ya me imagino el titular “En Protestódromo de Bogotá se escucha la voz de los manifestantes”, o “Desde Protestódromo, ciudadanos piden retirar artículo del Plan de Desarrollo que”  …en fin el verdadero objetivo de la protesta; todo se escucharía más, lo real, lo importante, y quedaría en el pasado temas como que atentaron contra Bolívar, que dañaron el monumento histórico más importante de la ciudad o que agredieron y atentaron contra la vida de la fuerza pública o de los trabajadores.

Este Protestódromo, podría ser un estadio gigante, de 30 mil m2,  que albergue al menos 50 mil personas, con vidrios y paredes para que los vándalos puedan pintar y destruir a satisfacción, tiendas que vendan capuchas, bufandas y boinas, réplicas de cartón de buses de Transmilenio para que puedan incendiarse,  dummies de policías para que los más osados puedan arrojar objetos contundentes, tarima para que el político de turno pueda arengar a las masas y prometer 1.000 jardines para Bogotá, 41,000 hectáreas para los indígenas del Cauca, desconocer el presupuesto más alto en la historia de nuestra república para la educación (y el rubro más alto en el presupuesto nacional incluso por encima del de defensa).

Estaría disponible 24/7, podría tener un espacio de alimentación, de pronto hamacas para descansar, paredes amplias para rayar, pintura fresca, kit de pasamontaña, sonido incorporado, luces, baños y acceso a alguna zona verde para aquellos que les gusta elevar a la naturaleza.

Tan grande y bonito me lo imagino que hasta podría la izquierda vincularse a este proyecto con un diseño subterráneo que revolucionaria la protesta en el país y seguro harían lo que nadie en muchos años ha podido, uniría la visión entre la izquierda y la derecha sobre libertad e igualdad.

De esta manera los bogotanos que tenemos que trabajar, llevar a nuestros hijos a los colegios y movilizarnos por las vías de la ciudad podríamos dejar de persignarnos cada vez que se anuncie un nuevo paro (uno de cada tres días desde que se posesionó Duque).

Es para pensarlo, es un proyecto que tendría validez sobre todo en países como el nuestro dónde todo el recurso se necesita; no es justo que esos millones de pesos que salen del bolsillo de todos los bogotanos sean para reparar estatuas y limpiar muros y no para lo verdaderamente importante.

¡Si quiere protestar vaya al protestódromo ya!

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