“El pueblo que produce más escritores por kilómetro cuadrado en el mundo”

“El pueblo que produce más escritores por kilómetro cuadrado en el mundo”

21 de diciembre del 2016

A Francisco Celis lo conozco desde muy joven –él- y admiro su obra literaria y periodística, además de que alguna vez trabajamos en la misma redacción. Con Orlando Pardo he tenido el privilegio de tertuliar en su casa del Vergel en  Ibagué. Y amanecer compartiendo historias y canciones en la finca del maestro Rodrigo Silva.

Como sé de las extraordinarias calidades de ambos (Celis tímido y Pardo un volcán de palabras y poesía) me volqué sobre la conversación que los dos tuvieron sobre su trabajo.

Inteligente y buen periodista es el que confiesa a fondo a su entrevistado y Celis logra profundizar en el quehacer y la vida del escritor tolimense, fundador de “Pijao”, una pequeña pero exitosa editorial.

Los hermanos Pardo, que son diez, nacieron en El Líbano, Tolima, “un pueblo que fue el principal centro de operaciones de alias Desquite, Tarzán, Sangrenegra, Pedrobrincos. Un pueblo que tenía el común denominador de la violencia y de la muerte, porque era el epicentro de una pelea liberal-conservadora que fue muy fuerte.

-El Gobierno perseguía a los liberales y quería exterminarlos, porque eran una ‘plaga’, al punto de que había un teniente que lo llamaban el ‘Capador’, porque castraba a los liberales para que no se reprodujeran. Como mi papá era un liberal radical, como lo era buena parte de las gentes del pueblo, a nosotros –papá, mamá y una familia de diez hermanos– nos tocó desplazarnos tres veces a Bogotá.

Oras frases de Pardo:

-Mi papá tuvo que huir con un machete recortado y un revólver heredado del abuelo. Estamos hablando de 1950-52, en pleno gobierno de Laureano Gómez y los gobiernos conservadores. Eso nos formó mucho el carácter pero nos levantó en medio del temor.

– Los Pardo son 10, una familia tradicional.

Soy el mayor, sigue Jorge Eliécer, luego Gloria, que acaba de morir en un accidente. Nací en el 47. Estoy al borde de mis primeros 70. El último, que era Rubén, murió a los 18 años en un accidente cuando vivía conmigo en Barcelona. Algo muy traumático.

-Tenemos una posición crítica a la izquierda ortodoxa. Fuimos liberales casi siempre, pero hoy por hoy no creemos en ningún partido.

-En 1980 hicimos el Congreso Nacional por la Literatura. Lo presidieron Pedro Gómez Valderrama, Luis Vidales, Germán Arciniegas, y de ahí salió la Unión Nacional de Escritores.

-¿ Nos iniciamos como todos los escritores de la generación posterior a García Márquez, a través de los concursos, de las apariciones en los suplementos literarios.

-Jorge Eliécer y yo –yo iba a cumplir 25 años– publicamos nuestro primer libro conjunto, con cuatro cuentos premiados de cada uno, en 1972. Se llamaba Las primeras palabras. Queríamos publicar autores jóvenes y le pusimos ese nombre porque daba una identidad regional, tenía un sentido de rebeldía. Hoy hacemos ediciones de lujo y ya llegamos a casi dos millones de ejemplares.

-Yo vivo de una pensión, por mi tiempo como educador y como burócrata. Pero prácticamente uno vive es en función de editar, sacrificando comodidades personales tras el sueño, pero eso nos da muchas satisfacciones.

– El Líbano produce grandes escritores. De allá son Eduardo Santa, Germán Santamaría, Jorge Eliécer mi hermano, Gonzalo Sánchez, Luis Flórez, Magil. Es el pueblo que produce más escritores por kilómetro cuadrado en el mundo.

-Éramos tan pobres en el Líbano que cuando queríamos ver una película los muchachos de la barra reuníamos lo de la boleta y la rifábamos. Uno entraba a verla, los demás esperábamos afuera en el parque a que nos la contara. Una vez al que ganó le preguntamos de qué trataba y contestó: “Un asalto a un banco y los matan a todos”. Y se fue a dormir. Cuando a mí me tocó contar la película duré tres horas. Yo decía: “El hombre levantó las cejas. Fue acercando su mano a la pistola. Detrás de una cerca hay un niño mirando… Una mujer se esconde detrás de la puerta”. De ahí en adelante siempre me daban todos los días para entrar a cine.

-Un día, mamando gallo, mandé al concurso nacional de minicuento del diario EL TIEMPO, que organizaba Daniel Samper, y entre 1.300 y pico de participantes me gané el primer premio, que era una dedicatoria de Gabriel García Márquez. Dice así: “Para Carlos Orlando, campeón de las doce líneas, con la admiración de Gabriel”. Es la condecoración máxima que tengo.

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