El que dijo la consulta

16 de marzo del 2018

Opinión de Fernando Álvarez.

candidatos

El gran triunfo en las consultas de la derecha y de la izquierda del domingo pasado fue el de la propia consulta del Centro Democrático, que con un inspirador para nada secreto como el expresidente Álvaro Uribe Vélez se llevó todas las medallas: la de oro, la de plata y la de bronce. Ganó doblemente Uribe porque no sólo sacó avante su candidato en la consulta del CD sino que ganó casi sin proponérselo en las cifras comparativas del espectro de ambas consultas.

En el imaginario quedó un partidor con un candidato de derecha, Iván Duque con 5 millones de votos y otro de izquierda, Gustavo Petro con 2 y medio; y un partido de derecha que arranca con 6 millones y otro de izquierda con la mitad. Y ese es un triunfo calculado y diseñado por Uribe que sabe sumar y multiplicar y sabe restar y dividir a su contrario. Ganó además porque su candidato, el que propuso José Obdulio Gaviria, su consejero preferido, con el que se le atravesó a Óscar Iván Zuluaga, con el que ganó las previas del partido a pesos pesados como Holmes Trujillo y María del Rosario Guerra, fue el que ganó el ejercicio de apelar a los votantes para decidir quién será el que garantice una victoria aplastante del uribismo.

El triunfo de Uribe se triplica porque su fórmula vicepresidencial, Marta Lucía Ramírez, así haya tenido encontrones con el expresidente precisamente por que él como zorro viejo no quiso dejar por fuera de la consulta a la ultraderecha del exprocurador Alejandro Ordóñez, es ante todo una uribista triple A.

Que nadie se equivoque, el apoyo de Andrés Pastrana resultó determinante para el juego de poderes y para fortalecer su legitimidad conservadora pero Marta Lucía filosóficamente está mucho más cerca de Uribe que de Pastrana y eso lo demostró con creces cuando fue su Ministra de Defensa. Marta Lucía sabe que después de la calenturienta campaña en la que hasta se exageraron descalificativos contra Duque y se le coló uno que otro calificativo contra Uribe, lo que toca ahora es ponerse modo uribista. Y eso a ella no le queda para nada difícil.

Triunfa Uribe también, no sólo porque ganó el que dijo Uribe, como dicen para desestimar a Iván Duque e insinuar que se trata de un pelele o un muñeco de ventrílocuo del expresidente senador, sino fundamentalmente porque lo dijo Uribe. Y eso significa más de lo que a simple vista parece, porque por más que se quiera negar, desconocer o ignorar, la opinión del expresidente, a pesar de que casi a diario le aparece un titular de prensa que sugiere que ya está a punto de caer preso, o de que ahora sí se encontró la prueba reina para acabar con su poder, aún pesa en la opinión pública y mucho.

Y no se puede tapar el sol con un dedo. Desde que perdió ganando el plebiscito y se firmó un acuerdo de paz con las FARC contra la voluntad mayoritaria del No, que había liderado Uribe; y desde que perdieron las presidenciales, que iba a ganar Uribe con Oscar Ivan Zuluaga, por obra y gracia de un hacker que apareció milagrosamente en víspera de elecciones para distorsionar la intención de voto; y desde que se decidió politizar la justicia para empapelar si o si al expresidente Uribe, los uribistas sienten que tienen que ganar contundentemente y sin dejar el más mínimo resquicio a las dudas.

Después de las elecciones del plebiscito, que ganó el uribismo y que el país politiquero, enmermelado y marrullero se lo embolató, ellos se sienten en la obligación de obtener la victoria de tal manera aplastante que no deje ningún margen de error. Para los uribistas, que se sienten traicionados por el presidente Juan Manuel Santos y luego tumbados por la mermelada santista la única garantía de no dar chance a que en la puerta del horno se vuelva a quemar el pan es ganar, ganar y ganar.

Ellos se sienten como una fuerza que lucha contra los filisteos y que como Sansón se repone de las trasquiladas y se sacude de los trucos y leguleyadas con las que les han propinado derrotas, a su juicio no muy legales. Y no ocultan que están dispuestos a inmolarse en las urnas para recuperar sobre todo el tiempo perdido. Pero además también triunfa en el senado porque no sólo obtiene la mayor votación individual de la historia de Colombia sino que hace que su bancada sea la mayor votada en el Congreso.

Eso lo coloca en una posición privilegiada y con mayor razón si gana Iván Duque la presidencia. Y eso de ninguna manera se puede subestimar como pretende hacerlo la ahora senadora verde Angélica Lozano, que se le ocurrió decir que esos 800 mil votos para un hombre que lleva 20 anos en la política y que ha sido dos veces presidente significa que va en decadencia. Tamaño menosprecio le puede salir muy caro a la izquierda.

Uribe es un monstruo electoralmente hablando y no verlo como tal al final solo le ayuda a él. Por eso las lecturas facilistas y simplistas servirán para darse coba o para retroalimentar egos pero muy poco para entender la realidad política. Por eso se equivocan quienes le apuestan aún al juego marrullero y al atajo para sacarlo del escenario. Con Uribe pierden quienes intentan hacer lo que creen que el hace. Si le van a jugar sucio le dan papaya y además les sale el tiro por la culata. Si algo ha fortalecido al uribismo son las trampas y los esguinces que se le hacen a las normas para derrotarlo.

Y ahora en la recta final lo mejor que le pueden hacer a Uribe es que sus enemigos se unan para formar el toconu. O sea que si los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper se unen con Gustavo Petro, y si De la Calle se suma, terminarán por servirle en bandeja de plata el discurso y le darán toda la razón a Uribe para decir que desde siempre todos iban para el castrochavismo.

A Uribe no lo atajan los periodistas como Daniel Coronel, Daniel Samper o el caricaturista Vlado, como vienen intentando con sus videos en Semana, bajo al batuta de Alejandro Santos, el sobrino del presidente Santos. Ellos electoralmente no influyen. No han entendido que la opinión publica no es lo mismo que la opinión publicada. Y mucho menos si a lo que se dedican es a inflar a Petro para derrotar a Uribe. Y no lo atajan los expresidentes con rabo de paja, que si quieren hacerle chico lo mejor es que se queden callados.

A Uribe no le vale que las Cortes le abran procesos sesgados o que aparezcan de repente testimonios para insinuar que es violador de periodistas. Todo eso le da popularidad porque lo que han hecho es victimizarlo y el país nacional aunque no lo crean es de derecha y no come cuentos al país político. Y por ese camino el que va salir completamente bien librado es Iván Duque porque ahora es el que juega de protagonista y con su victoria se consolidó en la llave uribista con Marta Lucía, que no es ninguna pintada en la pared y sus dos milloncitos de votos los puede multiplicar.

Curiosamente el único que puede enfrentar a Duque es Sergio Fajardo, que no lo subestima y no lo descalifica. Así, si todos los demás quieren hacer un tocondu para enfrentar a Duque y apoyar a Fajardo tienen que hacerlo en completo silencio porque si hablan o si se exponen públicamente le quitan credibilidad a Sergio Fajardo, cuyo principal pergamino es su independencia. Y como Fajardo se ha llevado las palmas de ser el candidato no polarizante puede repuntar ante los electores que ven que Petro tiene techo y por sentido práctico prefieren apostarle a uno que no asuste, con lo cual le darán una altura diferente al debate frente a Duque.

Cualquier palmada en el hombro, o cualquier apretón de manos de parte de los expresidentes custionados, o de los exvicepresidentes asociados a la mermelada y al todo vale en el proceso de paz terminará como el abrazo del oso para Fajardo. O quizás si se la juegan todos por Germán Vargas Lleras, ahí sí con todo vale y sin asco, pueda que de esa manera logren todos los politiqueros dejar tendido en el camino a Fajardo por sustracción de materia ya que lo suyo es el decoro. Pero ahí juega la opinión pública y ella no se va por el populismo que ya en la consulta demostró que no es tan poderoso y no se va con el todo vale que termina en los mismos con las mismas. Es decir que la opinión de derecha que quiere a Duque se puede enfrentar en una tarima limpia a la opinión de centro que simboliza Fajardo. O sea que aunque se acaben los tarjetones hay que estudiar muy bien las consultas.

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