El reto de las elecciones

14 de agosto del 2011

Nunca antes en la historia electoral del país habíamos tenido un número tan significativo de candidatos, batiendo todas las cifras registradas hasta la fecha. Colombia tendrá 101.866 candidatos para las elecciones regionales de octubre próximo. Esta realidad se convierte, sin duda, en un gran reto para el Estado en su conjunto, pero también y sobre […]

Nunca antes en la historia electoral del país habíamos tenido un número tan significativo de candidatos, batiendo todas las cifras registradas hasta la fecha. Colombia tendrá 101.866 candidatos para las elecciones regionales de octubre próximo. Esta realidad se convierte, sin duda, en un gran reto para el Estado en su conjunto, pero también y sobre todo para la sociedad  misma.

La responsabilidad es mayor cuando tenemos un número tan alto de personas que quieren ocuparse de la “cosa pública”, porque debemos informarnos lo mejor posible para escoger a consciencia a aquellos que tendrán el honor de gobernarnos. El asunto no es de poca monta, el futuro de los asentamiento humanos que hoy llamamos ciudades, distritos, pueblos o municipios depende de esa decisión colectiva, un reto que a luz de la coyuntura política del país representa posiblemente uno de los más grandes compromisos de los ciudadanos con la patria.

Por ahí abundan los candidatos que representan las mafias electorales, los grupos armados ilegales y otros intereses ajenos a las necesidades colectivas. Todos ellos son un peligro para la sociedad y escogerlos podría significar seguir ahondando en las problemáticas que nuestros departamentos y municipios viven hoy con tanta inclemencia.

Si seguimos escogiendo equivocadamente, el futuro seguirá igual que el presente e inclusive peor: niños desnutridos en tierras ricas de recursos naturales; elefantes blancos adornando territorios con paisajes hermosos y pujante economía agrícola; puertos ingratos con el océano y haciendo millonarios a unos pocos; recursos públicos en manos de las Farc o el ELN para financiar el grotesco terrorismo; poder político al servicio de grupos criminales, y otras muchas realidades que hoy son comunes y corrientes en nuestra geografía nacional.

Ahora bien, si el reto ciudadano es gigantesco, la responsabilidad del Estado no es pequeña, por el contrario representa un requisito fundamental para que el proceso electoral culmine con éxitos para todos. Proveer seguridad integral a 101.866 candidatos inscritos, no es una tarea fácil y requiere de estrategias que vayan más allá de la seguridad personalizada, pero garantizando, en la medida de lo posible, la libre movilidad de los mismos para que puedan llevar su mensaje a todos los rincones de su circunscripción electoral. En ese sentido, el mayor peso lo debe llevar la inteligencia accionable de todos los organismos de seguridad del Estado, para prevenir a tiempo y poder anticipar la mano negra de los violentos.

En ese orden de ideas, la justicia, los órganos de investigación y las instituciones electorales tienen una tarea inmensa, consistente en encontrar los peligrosos nexos entre candidatos y delincuencia de cualquier tipo, para poder limpiar, aunque sea un poco, la política nacional. Que no nos vuelva a pasar lo de Solano, municipio del departamento de Caquetá, cuya alcaldesa Sandra Norma Carvajal, fue capturada por nexos con las Farc. Al parecer, esta funcionaria le pasaba una cantidad importante de recursos públicos a la organización terrorista, con los cuales permitió la continuidad de los ataques aleves contra la población civil en el suroccidente del país. Lo mismo pasa, por ejemplo, con Ramiro Suárez Corzo, exalcalde de Cúcuta, quien fue condenado por nexos con grupos paramilitares en Norte de Santander. Y no podemos olvidar la gestión mediocre y posiblemente llena de actos ilegales, por la que fue suspendido Samuel Moreno en Bogotá.

Esos son solo algunos ejemplos de muchos otros que pululan en la realidad colombiana, que son aún más visibles en departamentos como Chocó, cuyos sucesivos “líderes” políticos han decidido hacerse ricos a costa del pueblo que dicen representar. En todo caso, los retos para las elecciones que se avecinan son muchos y el éxito depende de cómo el Estado y la ciudadanía sepan enfrentarlos.

Escolio: Piedad Córdoba volvió a salir con uno de sus malintencionados comentarios: para ella los secuestrados de las Farc son “capturados”. Este vocablo tiene un fin político inaceptable, que debe ser reprochado por la sociedad colombiana. Teodora o Gaitana vuelve a jugar para el lado que siempre lo ha hecho.

jafah2@hotmail.com

@javierflorezh

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