El síndrome del profesor Gadget

24 de octubre del 2019

Por: Rodrigo Riaño – Vicerrecror de la Universidad La Gran Colombia.

El síndrome del profesor Gadget

Quizá los más jóvenes no tenga un profundo conocimiento de quién era el Inspector Gadget, pero seguramente un número importante de maestros de nuestro país reconoce a este personaje y sus características.

El Inspector Gadget era una especie de agente o policía, que, por haber sido reconstruido como un organismo cibernético, tenía la posibilidad de usar diferentes herramientas tecnológicas que incluían una serie de artilugios que a primera vista podían generar una ventaja competitiva en su lucha contra el crimen, pero rara vez resultaban útiles para resolver sus casos. La situación de fondo tras este personaje era que tenía las herramientas, pero no las competencias para ejercer como agente secreto y por esta razón sus casos finalmente eran solucionados por su sobrina y su mascota.

En el mundo de la docencia, hay unos factores que pueden llevar a que el profesor entre en angustia y termine en la misma situación de ineficacia que Gadget, e incluso luzca algo despistado como le pasaba al pintoresco inspector.

El primer factor para destacar hace referencia a una realidad que no se puede negar y es que los perfiles neurocognitivos, es decir, la forma en la que se procesa la información y apropian el conocimiento, en los estudiantes que están llegando a nuestras aulas de clase son diferentes. Pero es importante aclarar que esto ha sucedido a lo largo de los años, es decir, en la medida que las sociedades se transforman, los perfiles cognitivos de los aprendices cambian y las demandas que ellos hacen con respecto a los procesos de formación también varían.

Sin embargo, tanta carga mediática con respecto a las generaciones X, Y, Z, entre otras, al final termina creando una especie de pánico entre los docentes e incluso algunos pueden ver afectada su percepción de auto-eficacia, al creer la historia de que un profesor del Siglo XX no es competente para enseñar a un estudiante del siglo XXI.

El segundo factor que puede llevar a la angustia colectiva del cuerpo profesoral, es la demanda apenas lógica que hace esta sociedad inmersa en la cuarta revolución industrial con respecto al uso de tecnología. Por esta razón, grupos de maestros por voluntad propia o convocados por sus instituciones, participan de manera permanente en capacitaciones que tienen como objetivo la apropiación de recursos tecnológicos para las aulas de clase. El problema es que muchas de estas mediaciones pedagógicas se soportan en Internet y la telefonía móvil, pero, en Latinoamerica tan solo el 33% de la población es usuaria de banda ancha móvil según lo muestra el informe de inclusión digital de GSMA Intelligence (2015).

Es decir que es posible que tengamos profesores recibiendo este tipo de formación que no cuenten con la tecnología para poder apropiarla, y peor aún, puede que no posean las competencias mínimas relacionadas con la alfabetización digital señaladas por la UNESCO.

Todo lo anterior se convierte en un peligroso cóctel que puede tener como resultado un profesor que al estilo del inspector Gadget expresa un “Go go Prezi”, pero no sabe cómo duplicar el escritorio de su PC en la pantalla del aula, o emocionado dice: “Go go Kahoot”, pero no tiene datos móviles para lograr la interacción con sus estudiantes, o entusiasmado lanza un: “Go go tablero digital”, sin embargo lo usa como si tuviera un tablero de tiza. De esta manera es factible que el profesor centre mucho su atención en prepararse para demostrar que es un maestro preparado para el Siglo XXI, pero falle en el intento y termine descuidando lo esencial que finalmente es garantizar resultados de aprendizaje.

Sin duda, la capacitación para comprender la mente de los estudiantes y dominar los recursos que la tecnología brinda a la educación es vital, pero requiere igualmente planeación, acompañamiento y debe partir de una caracterización de las aptitudes y competencias actuales de los maestros.

Estas situaciones en la que, por hacer más, terminamos obteniendo resultados menores, nos hace recordar que la principal herramienta en el aula es la competencia de saber enseñar y que a veces un ¡Go go clase magistral! puede terminar salvando la jornada.

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