El terror que no se ha ido

19 de enero del 2019

Opinión de David Barguil

El terror que no se ha ido

Dolor, angustia y miedo. Los colombianos revivimos los peores años en que el terrorismo amenazaba con cobrar nuevas vidas en cualquier momento y en cualquier lugar. Las 21 personas fallecidas y 68 heridas por el carro bomba que explotó en la Escuela de Cadetes General Santander de Bogotá nos llenaron de luto y tristeza, pero nos recordaron que somos un país fuerte, que no se deja amilanar por los cobardes que se esconden tras estos actos bárbaros y miserables. Hoy más que nunca, las familias de las víctimas necesitan nuestro respaldo y unión. Ahora es el momento de rodear a nuestras fuerzas militares y de policía, darles nuestro apoyo y demostrarles que no están solos en medio de esta barbarie.

Debemos ser realistas. Esos que dicen que el terrorismo volvió están errados. El terrorismo lamentablemente no se ha ido por completo de nuestra historia. Basta con recordar los carros bomba puestos por las Farc en la Universidad Militar en el 2006 y en la sede de Caracol Radio en 2010, o más recientemente los atentados atribuidos al ELN en el barrio La Macarena y en el centro comercial Andino en el 2017. Todos en Bogotá.

La capital colombiana ha sido también víctima de la violencia que nos carcome, pero esta, todos los sabemos, ha sido despiadada y constante en todo el territorio, especialmente en aquellos rincones donde delinquen los grupos armados y las bandas criminales al servicio del narcotráfico. Allí la zozobra y el temor están latentes, como es el caso de mi tierra Córdoba, donde más de 20 personas han sido asesinadas solo en lo que va del 2019. Los habitantes de Montelíbano, Puerto Libertador, San José de Uré, Ayapel y la Apartada son testigos del recrudecimiento del crimen y el terror.

El Gobierno del Presidente Iván Duque ha desplegado a 4.000 hombres en la subregión del San Jorge Cordobés y el Bajo Cauca Antioqueño para hacerle frente a los grupos delictivos. Nosotros le hemos pedido a la Ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, y al Ministro de Defensa, Guillermo Botero, redoblar los esfuerzos en estas y otras zonas del país donde la situación se ha vuelto insostenible para la comunidad. Entendemos, aunque con preocupación, los limitantes en la capacidad de la fuerza pública para atender todos los rincones de Colombia, pero les agradecemos inmensamente el sacrificio diario, jugándose la vida por defender la integridad de los ciudadanos.

Duele, duele mucho ver que la violencia y el reciente atentado terrorista en Bogotá haya cobrado la vida de varios cadetes de la policía que se formaban para seguir protegiéndonos de las manos criminales. Sin embargo, como lo ha dicho el Presidente Duque, es momento de unirnos para derrotar a los asesinos y de hacernos más fuertes para que sientan nuestro absoluto repudio. Si el ELN es el autor de la muerte de nuestros jóvenes policías y civiles, muchos de ellos promesas del deporte nacional, la cúpula de esa guerrilla debe recibir la máxima condena.

Si antes ya se habían acabado las posibilidades de reanudar diálogos de paz con ese grupo al margen de la ley que sigue delinquiendo y no ha entregado todos los secuestrados que tiene en su poder, me atrevo a decir que ningún colombiano hoy tiene ni una pisca de fe por la voluntad de esa guerrilla de lograr un acuerdo. Señores del ELN, no nos mientan más. Con el acto de ayer queda confirmado que son simple y llanamente unos asesinos.

Paz en la tumba para las 21 personas que murieron, solidaridad para sus familias en estos momentos tan difíciles. Dios les de pronta recuperación a los 68 heridos y fortaleza a todos los colombianos para sobrellevar este nuevo episodio que nos marca, como tantos otros. La violencia no se ha ido ni se fue nunca. El miedo de las poblaciones está latente, que no se nos olvide.

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