La edad se va acercando, las canas lo ponen en evidencia. La jubilación llama a la puerta, cada vez con más insistencia. El tiempo de los otros se manifiesta.
Hace unos años visitaba a uno de mis profesores más queridos, conversábamos sobre las conferencias a que asistíamos en los eventos académicos de la especialidad. De pronto mi sorpresa fue mayúscula cuando él me contó que hacía ya un tiempo no recibía invitaciones para ser conferencista. Y de inmediato me dio una lección, como buen profesor que es, de cómo la vida se encarga de elevarnos, ponernos en primera línea, para luego ir cambiando de lugar.
Muchos años después, al lado de mi esposa, escuchaba yo sus disertaciones sobre la universidad, el profesorado, las alumnas de tiempo atrás que ahora se habían convertido en colegas de la enseñanza. Nuevamente aparece el tema de la vida y sus etapas. Ella está cercana a la jubilación, si quiere. Puede quedarse unos años más, no es indispensable pensionarse, pero sus disertaciones la van conduciendo a ver cómo mientras permanezca en la facultad, es más difícil que las profesoras jóvenes vayan asumiendo un camino personal, sus retos, sus sueños. La frase "es tiempo de los otros" sale de sus labios y de su corazón.
Hoy, al escribir este artículo, reúno estos dos hechos separados por los años, pero que tienen la misma constante, dar un paso adelante en la vida. No es un paso al lado. Llega el momento y la edad de encontrar nuevos rumbos. La jubilación no es solo el reconocimiento que hace la sociedad de que hemos aportado a ella por suficientes años y que ahora ella se encargara de suplir nuestras necesidades. Ya que jubilarse de una empresa, universidad o entidad, significa reencontrar metas, ponerse retos, ser valiente y dejar el puesto de años para que los jóvenes escalen la montaña de la vida. Nosotros hemos llegado a la cumbre y nos aguarda la llanura y el oasis merecido para un justo descanso, descanso de una rutina, pero pleno de actividad para mantener joven el espíritu.
Existen profesiones que por su nivel de exigencia física, limitan su ejecución en el tiempo, por ejemplo aviadores, cirujanos, deportistas. En ellas el cambio es obligatorio. Otras no lo hacen y por tanto la ley o la empresa nos pone el límite, cuando somos empleados. Si somos independientes lo ponemos nosotros mismos o nos lo pone el cuerpo. Siempre hay un límite. Siempre llega el cambio.
Algunos ejemplos son: los empresarios dejan la gerencia para ser asesores; los profesores dejan las clases diarias para dedicarse a la escritura; los cirujanos dejan el bisturí por la investigación; el deportista pasa a ser entrenador. Si, cada profesión tiene también etapas en la vida.
Cuando ni la ley, ni la vida, ni la enfermedad nos imponen el cambio de ocupación, llega el momento de ser sabios y saber en qué momento retirarnos de lo que ha sido nuestra rutina, de lo habitual, para pasar a una forma novedosa de aplicar la experiencia adquirida. Sabiduría de reconocer que ha llegado el tiempo de los otros. Claro, podemos solo pensar en nosotros y tratar de alargar al máximo nuestro ejercicio, atornillarnos al puesto, como dicen, o podemos, en cambio, ir más allá y dejar el espacio, para aquellos que vienen detrás nuestro.
Cuando pensamos en los demás, nos acordamos de quienes nos precedieron y agradecemos el espacio que en su momento ellos nos cedieron. Tomamos su ejemplo y ahora lo aplicamos. Hemos decidido que el tiempo de los otros es ahora. Reconocemos el valor de quien necesita espacio para su desarrollo. Espacio que si continuamos ocupando, veda la transformación, única constante del universo. El tiempo de los otros, abre nuestro nuevo tiempo, nos permite continuar hasta el fin de nuestros días.
Qué bello encontrar con la edad alternativas a nuestro quehacer, y hacerlo conscientes, decidirlo por voluntad propia, continuar avanzando por convencimiento personal. Qué bueno darnos el permiso de ocupar nuevos ámbitos, de compartir con gente diferente, de tener pensamientos alternos, de lograr sentimientos por los que no hemos transcurrido. Incluso, porqué no, llegar a campos de conocimiento ajenos.
Aún luego de los 60 años, alguien nos está cediendo su puesto o la sociedad nos premia con uno nuevo. En mi caso la consulta médica va cediendo su lugar a la enseñanza. Doy gracias a la vida por ello.
El tiempo de los otros
Sáb, 02/06/2012 - 01:02
La edad se va acercando, las canas lo ponen en evidencia. La jubilación llama a la puerta, cada vez con más insistencia. El tiempo de los otros se manifiesta.
Hace unos años visitaba a uno de mi
Hace unos años visitaba a uno de mi
