Elección de líderes en vez de títeres

4 de marzo del 2011

Los partidos políticos colombianos no hacen aún la lectura correcta de las elecciones locales en el espíritu de la Constitución del 91.

Para empezar la Carta es descentralizadora no importa los precarios desarrollos jurídicos que la implementan. Pero los directorios nacionales de los partidos acaparan la mayoría de las decisiones. Arman alianzas y ungen candidatos sacados del sombrero en Bogotá.

En la capital no saben lo que las gentes de la provincia sienten quieren y son capaces de hacer. Y si los candidatos impuestos desde la capital ganan gobernaciones o alcaldías, sus administraciones resultan desastrosas. La razón es clara, dirigentes que no salen de la entraña popular y no son conocidos y queridos por las comunidades a las que gobiernan, no tienen compromiso y ascendencia para concebir y liderar el desarrollo con el concurso de la población. Son típicos burócratas que hacen lo que pueden y lo que les provoca enredados en sus marrullerías y que llegan a esos cargos con la consigna fundamental de reelegir a sus jefes políticos al Congreso. “Dadme alcaldías y os daré curul de Senador” decía alguno de esos prohombres que duró medio siglo vegetando y promoviendo entuertos en el Congreso. Los mandatarios elegidos a dedo validos de congresistas les ponen a discreción el presupuesto para repartirlo entre contratistas que pagan coimas, financian campañas electorales y riegan dinero y dádivas entre operadores electorales expertos en hacer trampa en las urnas y en comprar votos. La politiquería y la corrupción en su fina, madres del atraso y la expoliación de las regiones de Colombia.

El administrador local debe tener cariño por su territorio, por sus costumbres sus gentes y sus historias. Debe conocer al dedillo el medio que gobierna y tener espíritu cívico. Mejor dicho debe surgir de la entraña popular, de lo contrario las elecciones son inútiles. Descentralizar las instituciones en el papel para que se sigan definiendo en Bogotá es tontería.

Ojalá que cada vez surjan más líderes con ganas de ponerse al frente de sus comunidades locales para que arrastren a los ciudadanos a las urnas hacia propósitos de progreso en los que se profundicen los rasgos culturales autóctonos, se cuiden los recursos del erario y se conserve el medio ambiente. Por lo mismo ojalá los fracasos de la marrullería política sean cada vez más estruendosos como se ha visto en casos memorables del pasado que prometen reeditarse en esta oportunidad, en los que el público deja de lado la politiquería y se enfrenta con su voto limpio, responsable e independiente a las maquinarias de los partidos dedicadas a explotar al Estado en beneficio de roscas corrompidas.

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